Cualquier reforma tributaria que se aplique ahora mataría la recuperación de la economía

Por Víctor Manuel Peña

Estoy totalmente convencido como economista que cualquiera que sea la reforma fiscal, y muy especialmente la reforma tributaria que se discuta y se consensue ahora, hay que posponer su ejecución, de tal manera que la misma comience a aplicarse después que la economía dominicana se haya recuperado totalmente.

Una reforma fiscal tiene dos componentes: la reforma de los tributos (o reforma del sistema tributario) y reforma del gasto público.

Lo más problemático, intrincado y enrevesado de una reforma fiscal es la reforma tributaria, porque la reforma del gasto público es una especie de fly al pitcher o al catcher.

Todo sistema tributario se compone de impuestos directos y de impuestos indirectos.

La regresividad de un sistema tributario se mide en función de la prevalencia de los impuestos indirectos, lo que significa que en términos relativos van a pagar más al Estado los que menos tienen porque estos impuestos al consumo penalizan más a los que menos tienen.

En el caso dominicano los que menos tienen son los pobres, los muy pobres y la clase media.

República Dominicana siempre ha tenido un sistema tributario regresivo o altamente regresivo y las reformas tributarias que se han aplicado han acentuado la regresividad de dicho sistema tributario.

La reforma tributaria que hizo el dictador Danilo, entre agosto y octubre de 2012, fue una reforma tributaria eminentemente regresiva y también recesiva: hundió el crecimiento real de la economía en el 2013.

La regresividad de un sistema tributario significa que dicho sistema es inequitativo, desigual e injusto.

Cuando en dicho sistema tributario predominan los impuestos directos se dice que dicho sistema es progresivo.  Los países desarrollados tienen sistemas tributarios progresivos, lo que implica que pagan más los que más tienen y menos los que menos tienen.

En América Latina predominan los sistemas tributarios regresivos siendo baja la tasa o el índice de presión tributaria, lo que da paso a un déficit fiscal estructural en las finanzas públicas determinado por la inferioridad de los ingresos corrientes frente al gasto público, por lo que los gobiernos tienen que transitar el camino del endeudamiento público para cubrir dicho déficit fiscal.

Quiero aprovechar para aclarar que la presión tributaria no es equitativa ni no equitativa, habida cuenta de que la misma es el porcentaje que representan los tributos o los ingresos tributarios respecto del PIB.

Insistimos que cualquiera que sea la reforma tributaria que se aplique en estos momentos mataría la gallina de los huevos de oro que es la recuperación de la economía.  ¿Por qué?

En cualquier economía del mundo las variables más dinámicas son el consumo, la inversión y las exportaciones.

Estas variables son claves para lograr la recuperación total de la economía y, por ende, son eminentemente decisivas para lograr el crecimiento de la economía.

Si la reforma tributaria que se aplicase en estos momentos fuera una reforma con determinados niveles de progresividad, es decir, ampliando la base imposible y las tasas de los impuestos directos serían afectados sensiblemente el proceso de ahorro, de inversión y de consumo de las empresas y de los dueños de empresas.

Si las empresas y sus dueños ven disminuidos sus ingresos como consecuencia de la reforma tributaria disminuirán sus niveles de ahorro y también sus niveles de inversión en las empresas y en las familias.  El consumo sería lesionado también.

En un proceso de recuperación de la economía, debido a los desastres traumáticos producidos por la pandemia, es preciso que los niveles de ahorro, de inversión y de consumo estén en aumento permanente para ampliar progresivamente la capacidad productiva de la economía y la demanda de bienes y servicios de las empresas y de sus dueños.

Una reforma tributaria que produzca esos efectos tremendamente negativos sobre el ahorro, la inversión y el consumo de las empresas y de sus dueños estaría aniquilando o matando la recuperación de la economía.

Si la reforma tributaria tuviera efectos eminentemente regresivos porque estaría basada en el aumento de la base imponible de los impuestos indirectos y de las tasas de estos golpearía dramáticamente el consumo de los pobres, de los muy pobres y de la clase media y por, ende, estaría aniquilando o matando la recuperación de la economía.

El consumo, la inversión y las exportaciones son variables de la demanda agregada.  Una reforma tributaria, cualquiera que sea, lesionaría sensiblemente estas variables que son claves para dinamizar y ampliar progresivamente la demanda agregada.

Si se crean trabas como la reforma tributaria se estaría evitando, matando o aniquilando la dinamización y ampliación de la demanda agregada, por lo que se estaría matando, aniquilando e impidiendo la dinamización y ampliación de la producción de bienes y servicios y de la oferta agregada en sentido general.

El aumento de la oferta agregada como consecuencia de la dinamización de la demanda agregada implica recuperación y aumento del nivel de empleo y del ingreso en la economía.  Y así se estarían reproduciendo estas variables en una especie de causación circular acumulativa de que nos habla el laureado premio Nobel de Economía Gunnar Myrdal (economista sueco, 1998-1987).

Con cualquiera que sea la reforma tributaria que se aplique en estos momentos se estaría castrando o limitando grandemente la causación circular acumulativa.

Hasta que la economía no se recupere totalmente no procede que se aplique ningún tipo de reforma ni regresiva ni progresiva.

Sí se puede definir, discutir y consensuar una reforma tributaria progresiva y progresista para aplicarla después que la economía se haya recuperado totalmente, de tal manera que paguen más los que más tienen y menos los que menos tienen.

Por el doctor Víctor Manuel Peña

*El autor es economista y abogado.

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