Crónica de una misión científica (y VIII)

Por Gregory Castellanos Ruano

El problema. El peligro envuelto:

El comandante militar solapadamente había consultado a algunos científicos de la expedición sobre el experimento cumbre de cuya realización fue enterado mucho después de la expedición haberse iniciado, después de esta estar en pleno curso.

Se le explicó que la peligrosidad de la realización de este experimento era que pasar inadvertidamente más allá del punto límite de preparación que se puede lograr con la manipulación genética practicable para pasar a realizar este experimento, hacía correr el riesgo de debilitar los límites de una estructura que permite pensar y, como consecuencia, aproxima o junta al ser pensante o con la programación mental o con la idiocia; que la disminución de cierta cantidad específica de ciertos componentes genéticos  que tienen que ver con el área de las reacciones puede disminuir las reacciones agresivas, pero que el asunto  era bastante delicado porque si buscando esa disminución de las reacciones agresivas se rompe el equilibrio mínimo el ser que salga de ahí hasta puede aparecer con una deficiencia intelectiva de idiocia.

Dentro de dicha explicación se le dijo que en el banco de genes de la expedición los genetistas tenían las muestras de cadenas de ADN de millares de razas diferentes en el espacio conocido por ellos y que la agresividad de cada una de ellas es proporcional  a la mayor o menor presencia de esos componentes que tienen que ver con esa área.

Las consultas por separado que entre algunos de los científicos de la expedición hizo el comandante militar habían obtenido como respuestas una coincidencia sobre ese mismo punto; y de ahí que el comandante militar le temiera a que los nuevos descendientes de su raza fueran programados mentales o que de ahí, sin proponérselo, se pasara a la idiocia. Había, pues, un gran peligro: que aquella manipulación genética pudiese encontrar algún obstáculo que derivara en expresarse como generador de idiocia. Y si bien crear una raza de seres disminuídos mentalmente no era el fin del experimento… Sí podía ser un resultado colateral… Pero igualmente era un peligro, otro peligro…

El temor del comandante militar y la razón de su rebelión obedeció, pues, a que sus cálculos lo llevaron a creer que si ese experimento le daba resultado al Líder Supremo, éste estaba en la antesala de la obediencia ciega y del gobierno a perpetuidad, sin posibilidad de remoción o de substitución por razones legítimas. De esa manera él como gobernante se aseguraría la obediencia ciega todo el tiempo y sobrepasando los mecanismos ordinarios para gobernar que como sociedad organizada ellos se habían dado. En fin, el comandante militar creyó que el Líder Supremo tenía una agenda oculta y que estaba tratando de materializar esa agenda oculta…

El fracaso:

Aquellos dos nuevos seres, uno clon del Líder Supremo y el otro clon femenino derivado del primer clon, no vieron al comandante militar en su aspecto anterior: lo vieron bajo el aspecto nuevo que le fue creado como una de las formas de castigo del mismo, es decir, lo vieron como un reptiloide. Ello era señal de que en ese aspecto ambos seres respondían a la gran parte del patrón de la programación ordinaria de la raza del Líder Supremo.

Pero, no obstante el alto grado de consciencia de que el Líder Supremo consideraba ser manifiesto detentador, había una realidad: su clon no resistió la prueba contaminante a que lo sometió el comandante militar, el cual fue visto con apariencia de reptiloide por dicho clon y por su par femenino: la conversación del comandante militar con dicha pareja fue demoledoramente contaminante para lo que aspiraba el Líder Supremo.

Es decir, para nada importó que el clon masculino lo fuera del Líder Supremo, que fuera carne de su propia carne, sangre de su sangre, que físicamente fuese idéntico, que también estructuralmente fuese idéntico. Lo que fue determinante en el clon masculino y en su par femenino fue la susceptibilidad al influjo exterior proveniente del contacto con el comandante militar.

El propio Líder Supremo fue testigo directo del fracaso del experimento ya que su próxima visita a la pareja se produjo poco después de a esta haberla visitado el comandante militar. Fue así como dicha pareja tomó conocimiento de ciertas cosas.

Tras escuchar directamente el Líder Supremo a la pareja referirse a los conceptos a los que se refirieron, descubrió con amargura que su experimento había sido un total fracaso.

Ante el claro fracaso del experimento, todos los genetistas fueron convocados a una reunión con el Líder Supremo y tras tratarse el tema uno de ellos hizo el papel de vocero del grupo y respondió las inquietudes del entristecido Líder Supremo diciéndole a éste:

–Señor, usted sabe mejor que nosotros todo esto que le voy a decir.  Pero entendimos entonces y entendemos que usted albergaba una esperanza de que el experimento fuese un éxito. Por eso comprendemos ampliamente su pesar.  Como le dijimos anteriormente todos nosotros, al expresarle nuestra opinión conjunta,  le reiteramos ahora que es que el proyecto suyo era muy ambicioso, pues aunque Usted es la expresión más elevada y perfecta de nuestra raza, obsequioso con el de comportamiento manso y de justa cólera con el impiadoso, y por eso ser de Usted mismo de donde se extrajo la partícula para crear ese nuevo ser mediante el sistema de clonación, Usted está consciente de nuestras creencias  sobre la inviabilidad de ese experimento, pues por más elevada que sea la consciencia de Usted, esa consciencia no existía ni existe genéticamente: esa consciencia de Usted se formó por el contacto social suyo, por el contacto social que Usted tuvo durante toda su vida hasta el momento mismo de nosotros tomar de Usted el material necesario para el experimento referido.

Por eso le formulamos la advertencia de que lo que Usted perseguía prácticamente es lo mismo que pretender buscar u obtener seres que nazcan con un sistema organizado de ideas, con un sistema organizado de pensamiento, integrado, es decir, literalmente con una ideología. Eso lo podemos hacer, pero eso es lo mismo que crear seres artificiales previamente programados para que razonen en función de una forma de pensamiento específica o ideología. Si hacemos dobles de nosotros venidos a la vida con una forma de pensamiento bajo el brazo al nacer, ya esos no serán seres como nosotros: serán seres que vienen a la vida con una programación específica; serán seres en el fondo diferentes de nosotros.

El bien, la bondad, es un concepto, del mismo modo que también lo es el mal, la maldad; y los conceptos se elaboran y se toma consciencia de ellos; no pueden ser transmitidos a un ser vivo pensante en la forma mecánica de la manipulación genética. El ser vivo adquiere esos conceptos como experiencia de vida. El comportamiento tiene que ver con un aspecto normativo. El comportamiento de respeto a las normas sociales no puede transmitirse genéticamente. El respeto a las normas sociales se aprende con la vida diaria porque las normas o reglas de comportamiento no se transmiten genéticamente ya que son normas sociales que son construcciones artificiales que crea cada sociedad de seres vivos inteligentes con cierta cultura.

Si bien se evoluciona a través de inhibiciones y de deshinbiciones, por más que el mecanismo o esquema evolutivo consista en un proceso de captar y de desprenderse, de retener y de soltar, de retener y de desprenderse,  para lograr la adaptación al medio, ese proceso de adaptación es respecto del medio natural, del  medio ambiental. La memoria programada para esa adaptación no es aplicable a pensamientos organizados, es decir, es imposible transmitirle un pensamiento organizado a un ser vivo pensante y esperar que ese ser vivo sea un ser vivo con facultad de razonar y de seleccionar según un criterio propio de él, porque para ese ser vivo pensante llegar a tener ese pensamiento organizado propio que le permita el pensamiento libre debe adquirir dicho pensamiento organizado producto de su experiencia propia en la sociedad y si se le insertara un pensamiento organizado, como ya expresé anteriormente, estaríamos hablando de un ser vivo pensante con el mismo desenvolvimiento de un ser artificial, esto es, con el mismo desenvolvimiento que hemos logrado con los seres artificiales, por lo que ese ser vivo pensante pasaría a ser simplemente otro ser artificial más.

Creer que genéticamente se puede hacer bueno a un ser vivo pensante soslaya que el concepto “bueno“ es un concepto social, que lo bueno se desprende de vivir en sociedad, no por programación mental previa.

La programación mental de un ser vivo pensante con libertad de elección la hace la vida en sociedad, no un programa mental previo. La programación mental de un ser vivo pensante con libertad de elección implica un aprendizaje que no puede ser transmitido genéticamente esperando que de ahí va a salir un ser con libertad de elección. Es el ambiente social, son los conceptos que se inoculen a través de la vida en sociedad los que determinan la forma de pensar de un ser vivo pensante. Un ser vivo pensante es un receptáculo de ideas, de conceptos, de formas de pensar.

Este problema de la violencia es un problema que no es exclusivo de nuestra raza, también existe en todas las otras razas inteligentes del Universo, pues todas son susceptibles a las pasiones y a las emociones. Usted tiene conocimiento de que en nuestra raza todo el mundo sabe que matar o que robar es algo prohibido, pero ese conocimiento se adquiere de manera primaria como norma social y sólo después como norma jurídica.  La norma “No matar“, la norma “No robar“ no están insertada dentro del conjunto de datos que están en el gen.  Esos deberes se aprenden luego, en y durante la vida en sociedad. Sólo el contacto social permite a los seres de una misma especie conocerse, inter-actuar y aprender.

El objetivo que usted perseguía, y del cual nosotros nos hicimos co-partícipes al tratar de ayudarle a materializarlo aún a sabiendas nosotros de lo imposible del mismo, era y sería prácticamente crear seres con dirección manipulada, es decir, seres programados de la misma manera que nuestra raza ha creado seres artificiales con facultades mecánicas y electrónicas que responden a una programación específica previa. Los seres artificiales que hemos creado no tienen ni bondad ni maldad: simplemente están programados para actuar de una determinada manera: capturan y obvian  situaciones, según las órdenes o comandos que reciban en su programación. No tienen libertad de elección como Usted, nosotros y todos los miembros de nuestra raza.

Por Gregory Castellanos Ruano

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