Crónica de una misión científica (VII)

Por Gregory Castellanos Ruano

El experimento:

Deseaba evitar los estragos de su mundo.  Como en su mundo la maldad había llevado en innúmeras ocasiones, con frecuencia asidua, a los seres que lo poblaban a hacerse daños entre sí, a destruirse aterradoramente entre sí, el Líder Supremo se preguntaba sobre el origen de esa maldad y de esa pulsión destructora que ocasionaba y en ese cuestionamiento llegó a lo que consideró una gran profundidad. De no ser por el elevado concepto en que se tenía a la Ciencia en su mundo, y si esa convicción la hubiera tenido un líder religioso de esos que tanto suelen aparecer en La Tierra, para nosotros la convicción a que había llegado el Líder Supremo sería comparable a una de esas convicciones a las que suelen llegar los que entre los humanos son llamados “iluminados“.

El Líder Supremo era biólogo y genetista. Sus conocimientos de la Biología y de la Genética resultaron muy enriquecidos por los contactos que su raza tuvo con otras numerosísimas razas y seres de otros planetas.

Quiso que se tomara una muestra de él mismo para de ahí clonar al ejemplar con el cual se practicaría el experimento genético, pues creía que por el altísimo grado de consciencia a la que él había llegado, ella quizás podía llegar a ser transmisible por herencia genética. Aspiraba, pues, a que ese alto grado de consciencia alcanzado por él pudiese llegar a ser transmitido genéticamente. Estaba obsesionado con esa tesis suya.

Su obsesión en tal sentido era lo que le había llevado a programar ese experimento como la expresión culminante del viaje cósmico que estaba haciendo al frente de numerosos miembros de su raza a bordo de las diferentes naves en que estaban. Estaba decidido a desentrañar el secreto de ese origen de la maldad y a desentrañar el secreto de la anulación de la maldad en los seres de su raza.

A la pregunta que se hacía el  Líder Supremo sobre si la proclividad hacia el mal de los miembros de su raza no era acaso una patología genética y si con todo el enorme avance logrado por su raza en Genética no se podría erradicar el mal de raíz del interior de los miembros de dicha raza, aunque ello fuese a partir de los nuevos miembros que de la misma surgiesen producto de la reproducción que se iniciase desde el desentrañamiento que acaso pudiese producir la experimentación en cuestión, el Líder Supremo finalmente procedió a disponer que se practicara el experimento que había concebido en su cabeza.

Su objetivo era buscar crear un ser incapaz de hacer daño a seres iguales, crear un ser en el que no existiera la maldad.

Si el ser del experimento quedaba desprovisto de la maldad el experimento habría sido o sería un éxito y a ese nuevo ser se le podría permitir una longevidad de cuasi-eternidad, la misma longevidad que los de la raza del Líder Supremo tenían como atributo adquirido.

La realización o práctica de ese experimento había sido la razón última, la razón profunda, la razón real por la cual se había realizado aquel viaje, aquella expedición hacia un rincón del espacio extremadamente lejano de su mundo, buscando el lugar que el Líder Supremo considerase idóneo para practicar el experimento en cuestión.

Esa razón real de esa expedición se le había ocultado a la casi totalidad de la tripulación: sólo el Líder Supremo y el cuerpo de médicos genetistas que embarcó sabían lo que él perseguía y de ello éstos se enteraron estando a bordo y con mucha discreción practicada al respecto por el Líder Supremo. A los demás miembros de la tripulación simplemente se les dijo que era un viaje de exploración científica como muchos otros tantos practicados con anterioridad por miembros de su raza, pero esta vez dirigido hacia un sector del Universo al que ellos nunca le habían prestado atención alguna.

Hasta que llegado un momento de necesaria definición se filtró la información del real objetivo de la expedición y se produjo todo lo que se produjo ya precedentemente narrado.

Así mismo, llegado el momento en que se consideró que el experimento podía comenzar a realizarse, el Líder Supremo dispuso preparar un pequeño territorio flanqueado por cuatro ríos que sería el punto geográfico del planeta en que se insertaría el ser producto del experimento para ver si este daba resultado o no.

En el laboratorio existente en la nave principal, de una partícula del mismo Líder Supremo se hizo un clon de éste, idéntico, totalmente semejante a dicho Líder Supremo. Este  dispuso, como previsión, que ese ser creado no fuese dotado del atributo de la longevidad de la cuasi-eternidad, por eso el reloj biológico de su clon había sido manipulado para que la edad que alcanzase oscilase dentro de los límites originales de la raza a que pertenecían los miembros de la tripulación de dichas naves espaciales, esto es, entre los equivalentes de lo que entre seres humanos sería un límite mínimo de ciento veinte (120) años y un límite máximo de novecientos (900) años.

El clon fue bajado desde la nave espacial principal al lugar elegido mientras el mismo dormía.

Cuando despertó el ser creado a imagen y semejanza del Líder Supremo entabló conversación con éste, quien le informó que tenía una vida fascinante por delante y que le diera a todo cuanto viera los respectivos nombres que él considerase. Así, el ser se distrajo durante algún tiempo viendo y conociendo todo lo que había a su alrededor hasta que un día El Líder Supremo pudo notar que dicho ser se sentía solo y triste. Por lo que decidió acudir a la Genética: su equipo de cirujanos y genetistas anestesiaron a su clon, le practicaron una cirugía y le extrajeron una costilla, la cual usaron para diseñar con sus mismos elementos un ser femenino que estuviera a su lado en aquel lugar.

Ya eran dos seres creados con los cuales se seguiría practicando el experimento que buscaba erradicar la inclinación a la maldad. Pero dichos dos seres creados pronto evidenciaron que podían albergar la maldad como cualquier miembro de la raza liderada por el Líder Supremo

El reprobado comandante militar inadvertidamente se coló en el pequeño espacio geográfico en que estaban viviendo los dos seres recién creados y al verlos se asombró y entabló conversación con ambos hablándoles sobre sus conocimientos sobre la conducta, de ahí aprendieron aquéllos dos seres nociones que de no ser por ese contacto imprevisto ellos no habrían adquirido.

Descubierta la consecuencia de aquella conversación imprevista entre el destituido comandante militar y los dos seres de reciente creación, consecuencia que en ese experimento no tenía otro nombre que “sabotaje“, el jefe de la misión experimental, el Líder Supremo,  dispuso la confirmación de que los seres creados no fuesen dotados del atributo de la longevidad de la cuasi-eternidad. A la luz de la experiencia de su propia raza, el Líder Supremo temía que los nuevos seres creados se convirtiesen en sombras tan obscuras como las de su propia raza o, quizás, en  las sombras más obscuras del Universo, todavía muchísimo más obscuras que las de su propia raza.

Así, al saberse el origen, el porqué de que los dos seres recién creados hablaban sobre lo que hablaban, se culpó a los “serpientes“ (= los reptiloides) de haberles hecho saber lo que sabían, y se procedió a capturar al comandante militar y a transportarlo a un lugar que se consideró a bastante distancia de aquel centro geográfico de experimentación establecido en ese planeta.

Aquellas medidas fueron adoptadas por el Líder Supremo en medio de la profunda tristeza que le provocó el saber que su preciado y muy esperanzado experimento de intentar eliminar lo que él consideraba era el “gen de la maldad“ había fracasado.

Por Gregory Castellanos Ruano

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