Crónica de una misión científica (V)

Por Gregory Castellanos Ruano

El acondicionamiento del planeta elegido:

El planeta fue elegido porque contenía agua, agua cuya existencia fue supervisada directamente por el Líder Supremo. Sólo se necesitaba darle forma y orden al planeta para que el proceso evolutivo de vida adaptable pudiese darse en el mismo.

Buscaban acondicionar el planeta, crear las condiciones para que la vida en él fuera viable. Comenzaron despejando los meteoritos que constituían un peligro para la navegación de sus propias naves, lo mismo que para la vida que querían sembrar en el planeta elegido. Usaron muchos de esos meteoritos para rellenar dicho planeta.

Al empezar a despejarse la inmensa cantidad de meteoritos de diferentes tamaños que infestaban el área de la cual ellos querían extraerlos la luz del Sol empezó a pasar sin obstáculo.

Usaron los materiales necesarios para crear una luna que sirviera de balance al planeta.

El proceso de acondicionamiento era el objetivo y se seguía el curso para materializarlo.

En los primeros aproximadamente ochocientos millones de años pudieron darles respectivas fisonomías al planeta y a su luna.

En los segundos aproximadamente ochocientos millones de años se dedicaron a trabajar en hacer surgir o elevar la tierra que consideraron debía surgir o elevarse para que las aguas pasaran a tener determinadas  contenciones.

En los terceros aproximadamente ochocientos millones de años se dedicaron a dejar caer las semillas de los más diversos vegetales y a crear y consolidar la raigambre de los mismos.

En los cuartos aproximadamente ochocientos millones de años se esmeraron en pulir los movimientos del planeta y a sincronizarlos con los de su luna y con los del Sol, para que hubiera un tiempo de luz que ejerciese lo más adecuadamente posible sus efectos sobre las plantas y para que hubiera también un tiempo sin luz.

En los quintos aproximadamente ochocientos millones de años se insertaron en las aguas marinas las más diversas variedades de vida y se les dio todo ese tiempo para que se adaptaran a ese medio y se multiplicaran. Así mismo se introdujeron en el área seca o  tierra las aves. La evolución de esas diferentes especies llevó al surgimiento de otras nuevas especies.  Así surgieron en el área seca del planeta los animales de tierra, hasta las serpientes originarias de los seres reptiloides que eran los enemigos más encarnizados de éstos seres de esta raza embarcada en este gigantesco plan de reproducción de vida.

Casi en la parte final, podría decirse, de los sextos aproximadamente ochocientos millones de años se introduciría a un ser que a la postre, es decir, tras el transcurso de todo ese tiempo, llegaría  a ser en gran medida idéntico en la imagen a éstos seres que incidían sobre este planeta, no sin antes estos últimos adoptar la precaución necesaria para impedir que las anteriores formas de vida reptiloides se erigiesen en destructores o extinguidores del nuevo ser que tiempo después se introduciría en la siguiente doble vertiente.

Una versión de ese ser fue el producto de la evolución echada a correr por esos viajeros del espacio: esa versión produjo hombres de apariencia tosca; y hubo otra versión que fue el resultado de un experimento directo en el que se usó una partícula del Líder Supremo para crear un clon suyo. Pero tanto el ejemplar de la primera versión como el ejemplar de la segunda versión estaban desprovistos de la larguísima capacidad de vida que llegó a alcanzar la raza que encabezaba el Líder Supremo y, por ello, estaban desprovistos, igualmente, de la capacidad de combatir gérmenes, bacterias, virus, etcétera que tenía dicha raza viajera en el espacio.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

 

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