Crónica de una misión científica (IV)

Por Gregory Castellanos Ruano

La rebelión:

Cuando cierto texto habla en forma saltuaria, no en forma lineal y abundante, de la rebelión de un comandante militar  de lo que habla es de un pasado lejanísimo. Aquél comandante militar había sido la mano derecha, la persona de más confianza del Líder Supremo. Nunca le había fallado en cuanto a lealtad y a cumplimiento de su deber.

La simbolización del mal con la raza reptiloide se hizo mayor tras la rebelión que se produjo por parte de su comandante militar contra dicho Líder Supremo que viajaba por el espacio en aquella expedición, pues el grado de repudio y estigmatización contra el jefe militar en cuestión se quiso realzar hasta tal grado que se llamó a dicho comandante militar con el mismo nombre con que se llamaba a dichos seres reptiloides. Se había descubierto que la rebelión del comandante militar contaba con el apoyo de un grupo de reptiloides que había seguido de cerca en su nave a la nave exploradora y a las naves de apoyo y el cual grupo de reptiloides fue contactado por el comandante militar para pactar como, en efecto, pactó, lo cual fue considerado como la más extrema expresión de la traición, de la codicia de poder a que había llegado dicho comandante militar: tanto el Líder Supremo como todos aquéllos que le permanecieron fieles a éste se resistían a creer que semejante pacto obsceno pudiese haberse materializado.

Se ha dicho que los pretextos para el comandante militar erigirse en jefe rebelde aspirante al mando supremo fueron varios: se habla desde una supuesta vanidad física personal (habría sido un narcisista consumado), pasando por el inmenso poder militar de mando que detentaba y el cual no quería ejercerlo ya más en calidad de subordinado, hasta el hecho de enterarse del proyecto del Líder Supremo de un proyecto genético consistente en crear un ser a imagen y semejanza de él (del Líder Supremo), que, por razones de seguridad dicho nuevo ser tendría una duración de vida muy corta para no tener que esperar un tiempo enorme para saber si el nuevo ser estaría desprovisto o no de la maldad de la cual su raza no se había podido despojar no obstante la disciplina de hierro que el Líder Supremo le hacía practicar;. Ambas cosas (la selección del Líder Supremo por auto considerarse el ser más consciente conocido y el corto límite de vida que tendría ese ser copiado directamente del Líder Supremo) supuestamente permitirían indagar si la bondad (que él con su disciplina férrea siempre había luchado por inocularles a los miembros de su raza) era posible crearla genéticamente, esto es, gracias a la manipulación genética, es decir, sin necesidad de educación disciplinada, sin necesidad de coacción alguna. La cortedad del tiempo de vida que tendría el nuevo ser era por si acaso el experimento salía mal que, entonces, la maldad no pudiese extenderse en el tiempo como se extendía entre dicha raza debido a la enorme longevidad de esta. El Líder Supremo pensaba que si la bondad era genéticamente condicionada entonces sería factible trasplantarla también a los miembros de su propia raza y ya no habría necesidad de la disciplina estricta que en todos los órdenes por tantos millones y millones de años se había usado sobre ellos.

El comandante militar razonó y  temió que si el experimento del Líder Supremo lograba su propósito entonces el Líder Supremo tendría la supremacía para siempre, sin posibilidad alguna de remoción, y que hasta él (el comandante militar) sería un obediente ad perpetuum, ahora más que nunca; que jamás tendría la oportunidad de llegar al lugar supremo que en la cadena de mando tenía el Líder Supremo.

Aquello fue el detonante final para el comandante militar desvelar sus ambiciones de poder. Complotó con sus leales para derrocar al Líder Supremo y la tentativa de hacerse con el poder se produjo lejos de su planeta de origen, se produjo desde aquel lugar tan remoto al que los había llevado su viaje: hubo una guerra fratricida entre estos seres prácticamente de vida eterna, prácticamente inmortales   -en realidad amortales, por no ser ni mortales ni inmortales-, una guerra sangrienta en la que murieron muchos de lado y lado.

El cortejo a los reptiloides practicado por el comandante militar para tenerlos como aliados con el objetivo de lograr derrocar al Líder Supremo fue el obstáculo que impidió que la rebelión pudiese triunfar. Las huestes indecisas al tener conocimiento de semejante cortejo inmediatamente cerraron filas con el Líder Supremo, pues sabían que de una alianza con los reptiloides nada bueno era esperable, que, por el contrario, sería un suicidio tenerlos de supuestos “aliados“.

La alianza con los reptiloides se produjo poco después del Líder Supremo ordenar la desviación de un meteorito que medía más de once (11) kilómetros de diámetro para hacerlo impactar, y efectivamente fue hecho impactar, en la parte céntrica de uno de los continentes del mundo donde se planificó llevan a cabo el experimento. El impacto de aquel meteorito destruyó todas las formas de vida reptilescas que podían exponencialmente hacer peligrar el experimento en curso.

Al aparecer reptiloides luchando al lado de las huestes que cerraron filas con el comandante militar ello incluso hizo devolver los pasos de algunos de los jefes militares que se atrevieron a apoyar el push contra el Líder Supremo, pues a partir de ahí razonaron que el comandante militar rebelde no era una persona sensata ya que aliarse con los reptiloides era amolar cuchillo para la propia garganta de la raza que gobernaba el Líder Supremo.

Aplastada la rebelión, una buena parte de los rebeldes, la inmensa mayor parte, fue ejecutada; los otros fueron expulsados a una zona del nuevo mundo en creación junto con el comandante militar derrotado colocados todos a bordo de una nave-cárcel en la que fueron conducidos y dejados en estado de dormitación hasta que el Líder Supremo decidiera sobre ellos lo que quisiera decidir. Por su lado, todos los reptiloides fueron pasados por las armas.

Al comandante militar se le sometió a una modificación genética con efectos inmediatos y cuyo resultado empezó a visualizarse casi de inmediato, como castigo para que todo aquel de la raza del Líder Supremo que en algún momento futuro lo encontrase o tuviese contacto con él pudiese identificarlo con gran facilidad, de tan sólo alcanzar a verlo: se hizo que su aspecto cambiara de forma, a la de un reptiloide con forma de serpiente, infinitamente horrible, se le quería presentar como “la representación de la maldad suprema“.  Era la forma de estigmatizarlo para el resto de sus días. El Líder Supremo santificaba y excluía a quienes eran objeto de su aprecio o desprecio…

Así mismo se le informó al comandante militar en desgracia que cuando el nuevo mundo en creación estuviese totalmente listo para el fin perseguido por el Líder Supremo sería tarea suya la de informarle a éste sobre todo cuanto aconteciese en dicho planeta. Y que en su proyecto estaba que ciertas personas serían puestas a prueba a través de él.

El comandante militar caído en desgracia creyó que las pruebas tendrían lugar en relación a fieles al Líder Supremo respecto de los cuales éste probablemente guardaba alguna duda a consecuencia de aquella rebelión que se había producido y que había sido sofocada.  …El tiempo se encargaría de perfilar de qué pruebas se trataría…

Por Gregory Castellanos Ruano

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