Crónica de una misión científica (II)

Por Gregory Castellanos Ruano

Las guerras externas:

La Historia de estos antiquísimos viajeros del espacio no difiere mucho de la nuestra.

Ellos practicaron tanto la paz como la guerra con otras razas con las que fueron entrando en contacto en la medida que recorrían diferentes lugares del espacio.

De esa manera se fueron encontrando con seres de todas índoles: desde seres existentes en estado de pura animalidad o bestialidad, esto es, seres sin inteligencia evolucionada y de igual modo con seres de mediana inteligencia y con seres de inteligencia altamente evolucionada; con seres pacíficos, lo mismo que con seres violentos cuya cultura era de pura violencia.

Cada una de las culturas y civilizaciones con las que se encontraban tenían diferentes grados de desarrollo o avance.

Así, se encontraron con culturas sumamente primitivas, con culturas ligeramente alejadas de ese primitivismo, con culturas con gran alejamiento de dicho primitivismo, a nivel ya de lo que se conceptúa como civilización  y dentro de esta categoría con civilizaciones de las más variadas especies según su respectivo grado de desarrollo, incluso con civilizaciones de un gran desarrollo.

Lo mismo cabe decir del aspecto biológico de cada uno de los seres integrantes de esas respectivas civilizaciones: se encontraron con seres con una fisonomía biológica que iba desde unas características monstruosas, de formas tremendamente obscenas, grotescas y repulsivas, igualmente con seres con una fisonomía ligeramente parecida a las de ellos y hasta con seres bastante parecidos a ellos y con ligeras diferencias. Pero para esta raza lo importante era que cualquier otra raza con la que se encontraran fuera pacífica: ese era su interés fundamental, pues esa era la base para poder cultivar buenas relaciones entre dichas dos razas.

La guerra para ellos era la opción extrema. Querían buenas relaciones con todas las otras razas de otros planetas contactados, y si no lograban tal cosa por las buenas tenían que establecerla por el método violento, pero siempre como respuesta a la violencia de la otra raza contactada. Siempre estuvieron en guerra con otras razas espaciales en un pasado lejano, en la medida en que esas otras razas espaciales tomaban la iniciativa de atacarlos. Ellos no tenían la violencia como iniciativa.

Para los fines de la guerra su altísimo grado de desarrollo científico y tecnológico les permitió adquirir y tener disponible un arsenal sumamente variado: desde armas químicas, pasando por armas biológicas, por armas nucleares, por armas de láser, por armas de plasma, en fin por numerosos  tipos de armas, lo cual, como es natural, también incluía su dominio del viaje en el tiempo para usarlo como un arma.

Aprendieron a ser cautos respecto de los nuevos seres inteligentes con los que tuvieran contacto, pero siempre existía en su ánimo el de tratar de ayudar a aquellas civilizaciones con grados de desarrollo inferior para que las mismas progresaran en línea ascendente, tal y como ellos mismos lo habían logrado, siempre y cuando considerasen que esas otras civilizaciones habían llegado al punto que permitía que ellos las pudieran ayudar en ese sentido.

La raza antagonista por excelencia: los reptiloides

De todas las razas con las que tuvieron contacto la que más problemas les ocasionó fue una raza reptilesca o reptiloide con aspecto de serpiente, la cual era tan inteligente como violenta. Estos fueron sus enemigos más osados. Eran propensos a comer la carne de que estaba hecha la raza exploradora del espacio centro de nuestra atención, incluso eran caníbales: comían la carne de sus propios semejantes.

Los reptiloides eran insidiosos, traidores a su palabra; no eran para nada confiables; si se les daba la espalda su tendencia era la de someter y matar a los miembros de la raza que había entrado en contacto con ellos y despojar a esta de sus avances científicos y tecnológicos para entonces hacer uso ellos de dichos avances; así lo habían hecho con muchas otras razas del espacio con las que dichos reptiloides habían entrado en contacto antes de tener dicho contacto con esta raza exploradora.

Por esa naturaleza insidiosa y traidora los reptiloides simbolizaron el mal frente a dicha raza exploradora. Los miembros de esta pudieron establecer que en la cadena de la evolución cualquier raza reptilesca con la que se encontraban en cualquier planeta, cual que fuese su variedad, era una raza necesariamente pre-ordenada a la violencia y al mal y que no había manera de razonar ni de lograr algo constructivo con sus integrantes, que todo esfuerzo en ese sentido era vano.

De ahí el particular interés del Líder Supremo de éstos seres viajeros del espacio de destruir todo posible predominio de vida de reptiloides que encontraran en cualquier planeta. Destrucción que fueron practicando en cada uno de los planetas en que se encontraban con el atisbo de dicho posible predominio.

En esa labor de exterminio de los reptiloides al principio no tuvieron el escrúpulo de discriminar el arma de extinción masiva que usarían y por ello planetas enteros fueron destruidos totalmente sin que existiese la posibilidad de que en ellos pudiese volver a haber manifestación de vida alguna: ni reptilesca ni de ninguna otra especie; por el contrario, posteriormente se cuidaron de llegar a ese extremo y en vez de usar armas artificiales de extinción masiva tuvieron la inteligencia de hacer uso de gigantescos meteoritos cuyo curso desviaban para impactar al planeta objetivo cuestión de que la extinción se hiciese de manera natural y no con armas que luego impidiesen el resurgimiento de la vida en algún momento futuro en el planeta atacado. Esto lo hacían cuando la vida reptiloide que encontraban en un planeta no había llegado a una fase de desarrollo de inteligencia de los reptiloides.

Tal es parte de la Historia del pasado lejano de esta raza exploradora.

Por Gregory Castellanos Ruano

 

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