Crónica de un entierro

Por Balbina Negreira sábado 4 de marzo, 2017

En una colina que se avista con los ojos, aun tiemblan las luces de pequeños poblados. Un resplandor en el horizonte como de color ocre claro, intenta abrirse paso emergiendo con timidez en espera que le den paso para brillar.

Parece que los días transcurren con cierta monotonía, aunque en realidad hay una vida activa. De terreno con llanuras y cuestas haciendo trabajar las articulaciones y al corazón: Meco, es un pequeño y último municipio de la comunidad de Madrid situado al Sur de Alcalá de Henares. Aquí se cumplió con el tradicional “Entierro de la Sardina”.

Una tradición no solo en España sino también en algunos países hispanoamericanos, que, en las mayorías de las comunidades dan por terminada (el Miércoles de Ceniza) las fiestas del carnaval. La muerte en la hoguera de un aparente, inofensivo, y cara de inocente Sardina, deja a “viudas” por doquier que lloran desconsoladas y rigurosamente vestidas de negro.

Las salpicaduras con “agua bendita” de la obispa Carmen Navarro durante el trayecto no amainaba los andares y contoneadas caderas de viudas mostrando, en ocasiones, su llanto, al compás de la música amenizada por una charanga de animación, mientras zancudos se entremezclaban entre la muchedumbre.

Sobre una tétrica caja de color gris oscuro yacía la Sardina, impotente ante su destino; cortejado por las viudas: Lucía, Mari Paz, Charo y María Sacramento, la monaguillo Milagros y, portando antorchas, Emilia y Paquita.

Impresionantes llamas de fuego ante la presencia de mequeros y visitantes en la Plaza de la Constitución, devoró en minutos el cuerpo grisáceo de este pez que, al parecer, se excedió durante las fiestas del carnaval. Luego la multitud se dispersó entre la iglesia y lugares de ocio. El disfraz de Carmen Sánchez-Mateos (La Manchega) disfrazada de “hombre” fue uno de los más llamativos.

El cortejo fúnebre salió desde Asociación de Mujeres “La Paloma” de Meco, en la calle Santa María de la Cabeza, guiada por su presidenta, Lourdes Hidalgo, pasando por la calle Mayor hasta la Plaza de la Constitución, donde aguardaba el lecho de madera destino final de la Sardina. Contó con el apoyo y la colaboración del ayuntamiento de Meco.

 

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