Crimea: del referéndum al desarrollo estable

Por Vladimir Zaemsky lunes 5 de noviembre, 2018

Ya han transcurrido más de 3 años desde la histórica reunificación de Crimea con Rusia tras haberse celebrado el referéndum popular con una participación de 82% de la población. Una mayoría abrumadora de los votantes (96%) se expresó a favor de adherirse a la Federación de Rusia como una entidad federal.

Aunque dicho plebiscito se celebró con el más estricto apego a los altos estándares democráticos y normas del derecho internacional, ciertas Naciones encabezadas por EEUU siguen promoviendo en organizaciones internacionales, en particular en la ONU, así como en los medios la tesis infundada sobre la fantasmal “ocupación” y “anexión” de Crimea por parte de Rusia.

Es imprescindible subrayar, que las mencionadas acusaciones arbitrarias son lanzadas por los mismos actores internacionales que, en febrero de 2014, avalaron el golpe de estado en Ucrania, protagonizado por grupos radicales y extremistas que a través de violencia y coerción se apropiaron de los poderes estatales, violando la Constitución ucraniana.

Sin mencionar que este golpe de estado ocurrió casi al día siguiente después de la firma por los líderes de la oposición y el ex-presidente Yanukóvich, con mediación y garantías de los cancilleres de Alemania, Polonia y Francia, del conocido acuerdo, según el cual se aceptaban todas las demandas de los opositores, incluyendo la celebración de elecciones anticipadas tanto presidenciales como parlamentarias.

En tal sentido vale recordar las declaraciones de altos representantes del Departamento de Estado de aquel entonces que confirmaron haber financiado la preparación e implementación de los actos dirigidos a socavar el anterior sistema estatal en Ucrania.

Al mismo tiempo, en Crimea seguían funcionando legítimamente las autoridades debidamente electas. La República Autónoma de Crimea cumplía su soberano papel conforme a la Constitución.

En aquellas condiciones el pueblo de Crimea, ante el golpe de estado y los hechos de violencia desatada en Ucrania, decidió hacer efectivo su derecho a la autodeterminación mediante un referéndum, es decir, a través de la forma más democrática que existe para expresar la voluntad popular.

A lo largo de más de 20 años de su permanencia en Ucrania, el pueblo de Crimea no pudo implementar su derecho a la autodeterminación como parte del Estado ucraniano debido a la obstrucción de las autoridades centrales.

El 17 de marzo de 2014, Rusia reconoció la independencia de la República de Crimea y firmó al día siguiente con las autoridades legítimas de este nuevo país el Acuerdo sobre la Adhesión de la República de Crimea a la Federación de Rusia. Todas estas decisiones fueron tomadas por el Gobierno de Rusia con suma prudencia, basada en la voluntad expresa del pueblo de Crimea.

Rusia asumió la responsabilidad de mejorar el nivel de vida de los residentes de Crimea, equilibrándolo con los estándares de la Federación de Rusia.

Lamentablemente, durante muchos años el Gobierno de Ucrania prestaba poca atención a las necesidades sociales de Crimea y no incentivaba su desarrollo económico.

El financiamiento destinado a modernizar la vialidad, el transporte, el abastecimiento de agua potable, energía eléctrica, sector industrial, agrícola y comunicacional era precario.

Además, los organismos internacionales de derechos humanos (tales como el Consejo de Derechos Humanos, OSCE, Consejo de Europa, etc.) en numerosas ocasiones denunciaron flagrantes violaciones de derechos de los grupos étnicos menores, en particular, los tártaros de Crimea. Los principales indicadores del desarrollo socio-económico de Crimea, para el momento de su incorporación a la Federación de Rusia, estaban muy por debajo de los de Rusia.

Para superar esta situación el Gobierno de Rusia puso en práctica el Programa Federal de desarrollo de Crimea 2020, que prevé un gasto de 14,2 mil millones de dólares con el fin de construir y renovar objetos de infraestructura de transporte y logística, edificar nuevas viviendas, escuelas y jardines infantiles, redes de gas y agua dulce, sistemas de riego, instalaciones energéticas.

En mayo pasado fue inaugurada una importantísima obra – puente que conecta Crimea con el territorio continental del país. Las autoridades rusas atendieron inmediatamente las demandas de las minorías étnicas. El ejemplo más notorio es el hecho de que el idioma tártaro de Crimea fue elevado al rango estatal, al igual que el ruso y el ucraniano.

Al mismo tiempo, se pone de manifiesto la inconsecuente y ambigua actitud de los países occidentales guiados por EEUU, así como su notorio “doble rasero” en cuanto a la situación en Crimea. Por ejemplo, Gran Bretaña y Francia desde hace tiempo están disputando territorios con otros países y ambas naciones esgrimen la tesis de que la Asamblea General de la ONU no tiene mandato para resolver su pleito. Sin embrago, en el caso de Crimea no solo apoyan sino que promueven activamente la muy politizada resolución de la Asamblea General de la ONU “Sobre la integridad territorial de Ucrania”, que se destaca por sus acusaciones infundadas contra Rusia que presuntamente viola la soberanía ucraniana.

A la par con ello, no titubean en promover medidas punitivas unilaterales, sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, contra Crimea y sus residentes como “castigo” por su anhelo legítimo y justo de la independencia, apoyado en el plebiscito de 2014.

Los que tanto hablan sobre la necesidad de defender los derechos humanos en Crimea, como lo hacen EEUU y sus aliados, en cuyo territorio se encuentran las sedes de varios organismos de la ONU, rechazan visados a representantes de Crimea y sus ONGs que buscan colaborar con la ONU en la esfera social y de derechos humanos. Con tales medidas pretenden impedir que los mismos acudan a diferentes eventos de la ONU y expresen su visión de la situación real en esta península rusa.

Por VLADIMIR ZAEMSKY

*El autor es embajador de Rusia en Venezuela e itinerante en RD y Haití.

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