Creación de empleos masivos

Por Manuel Berges Hijo viernes 3 de febrero, 2017

El problema del desempleo es a nuestro juicio el mayor del país, y es lógicamente el más costoso de solucionar, pero con soluciones firmes y sin pausas se puede reducir a niveles aceptables en plazos breves.

Para la propuesta que mencionaremos debemos concluir que en estos momentos poseemos las empresas y los empresarios que manejan las mismas, un público consumidor nacional y extranjero, productos y servicios aceptados normalmente y con calidad, el deseo de progresar, energía eléctrica, tenemos la mano de obra, incluso entrenada; solo faltan: recursos económicos, los cuales existen pero no están disponibles a precios adecuados.

La propuesta consiste en que se podrían conceder esos fondos a plazos relativamente largos y con intereses blandos, hasta con ese moderno recurso del financiamiento no reembolsable, a aquellas empresas pequeñas medianas y grandes, que han probado en los últimos diez años, ser eficientes en su gestión, en la calidad de sus productos y sus niveles de ventas, pero que tienen ánimos de crecer y con voluntad creadora para diversificarse no han podido lograr sus metas por falta de fondos; esta propuesta requiere que ninguna de estas empresas forme parte de oligopolios o de monopolios y si lo son, que demuestren su firmeza en renunciar a tales malas prácticas.

Estas empresas, se comprometerían a su vez a emplear más personas para crecer y producir más, para crear compañías subsidiarias y diversificarse.

De esta manera, el éxito que hoy les acompaña será multiplicado en el futuro por su sobrada experiencia y destacadas dotes gerenciales.

Un programa de esta naturaleza sería además muy bien visto y apreciado por la clase trabajadora que anhela empleos para subsistir.

Esa clase trabajadora, que es mayoría sin empleos y que no disfruta como la minoría empleada, de la protección del Código de Trabajo y de la Seguridad Social, que en los tiempos actuales muestra preocupación y comparte con los empresarios los criterios positivos de que las empresas ya no son monstruos que hay que acabar, sino centros de producción que hay que proteger.

Trabajadores que ya entienden que sus superiores o gerentes deben ser hábiles y tienen que estar preparados y capacitados, para que la empresa no fracase en el ámbito competitivo y ellos conserven sus empleos y no los pierdan por una gestión errada, falta de planificación, precios fuera de mercado o gastos excesivos.

El público consumidor vería por igual el programa con aceptación total, pues la producción y los servicios se incrementarían y la competencia generada con esta dinamización de la economía, mejoraría las condiciones de vida.

El Estado, por supuesto vería reducida la presión por empleos y hasta remitiría a los peticionarios de los mismos al sector privado y tendría sus manos libres para hacer sus inversiones sociales en otros segmentos de la población que tanto necesitan como lo son la salud y la educación.

El Estado verá incrementar sus impuestos aduanales, de la renta y hasta reduciendo el porcentaje del ITEBIS por las importaciones, por el aumento de la producción y las ganancias de capital.

El Estado tiene que patrocinar las inversiones apropiadas y estimularlas, para que aquellos excelentes empresarios que han probado que pueden administrar con éxito, aumenten su producción, a condición de que generen más y mejores empleos.

El país necesita esta novedosa y practica manera de reducir el desempleo.

 

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