¿Corrupción o una sociedad tristemente corrompida?

Por Daniel E. Guillén Gómez miércoles 22 de marzo, 2017

Desde hace algunos días el tema en la palestra pública ha sido la corrupción encabezado por el caso ODEBRECHT y siguiendo con los TUCANOS, así como otros casos que han sobresalido. Al igual que en nuestro país, otros países de Latino América también se estremecen por el caso ODEBRECHT y las dimensiones que este ha tomado.

Fruto de estos acontecimientos hemos presenciado la conformación de un movimiento, que llama a la no impunidad y a que los corruptos sean debidamente juzgados. Ha sido tan trascendente el caso que todos los sectores de la sociedad se han visto en la obligación de pronunciarse al respecto, desde los políticos hasta los ciudadanos de a pie.

La corrupción data desde la antigüedad y la misma ha sabido evolucionar para hoy poder seguir existiendo. Ciertamente es un mal que debemos combatir hasta lograr erradicar por completo, pues hace de la justicia una injusticia. Pero también, hay que tener cuidado en la forma que luchamos contra esta, pues pareciera que esta lucha desenfrenada por parar la corrupción y porque se castiguen los corruptos, persigue algo más que no es justamente el castigo y la erradicación de la misma.

Nuestra lucha en contra de la corrupción debe iniciar desde nosotros mismo como ciudadanos. En nuestro subconsciente aun figura que “las relaciones lo son todo en nuestro país”; y hasta donde yo tengo entendido eso es corrupción. Entonces hemos levantado una lucha a media, una lucha hipócrita que no llegará a ningún lugar pues como dijeran en el campo, “la fiebre no está en la sabana”.

Nuestro problema no es de un gobierno, un partido, un presidente, un grupo de personas nuestro problema es sistemático. Es ese sistema disfuncional y obsoleto que hemos venido reproduciendo década tras década y que hoy, en tiempos donde el mundo se renueva constantemente, nos resistimos a cambiar para lograr una verdadera democracia de calidad, en momentos donde también se debate la calidad de las democracias por lo mismo que analizamos.

Mientras se sigan tomando iniciativas fruto de un caso particular y dándole la espalda o olvidando la raíz del problema, seguiremos navegando en las mismas aguas. Pues todos firmamos el famoso libro, pero a la vuelta de la esquina si somos detenidos, automáticamente realizamos o pensamos en la forma más rápida de resolver, entonces ¿no es eso corrupción? Para combatir la corrupción nuestra mentalidad debe cambiar, nuestro compromiso debe ser real y a partir de ese momento nuestra sociedad será más fuerte y capaz de regenerar nuestro país para alcanzar un Estado más justo y equitativo.

 

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