Corrupción, delito, crimen y penalización

Por Francisco Rafael Guzmán lunes 30 de noviembre, 2020

Algunos pensadores o científicos sociales contemporáneos han hablado sobre la penalización de crimen y el delito, algunos de ellos rechazando la Pena de Muerte como procedimiento penal, porque entienden que no previene la comisión del crimen en el futuro. Entonces, lo mismo podría pensarse que la ley debe aplicarse con justicia, en el caso de la comisión de delitos como violar las normas del tránsito, con una pena de pagar una multa para que el conductor no siga manejando mal y pueda provocar accidentes lamentables, pero nada de pensar en recaudaciones por multas en el tránsito.

Durante la pasada gestión del expresidente Danilo Medina, a mí y a muchos dominicanos, nos tocó pagar multas a Amet o a la Digesett de supuestas infracciones a ley 241 o la nueva ley de tránsito que no habíamos cometido. En mi caso y supongo que el de muchos otros preferimos pagarla para no ir a un tribunal de tránsito a gastar tiempo y pasar un muy mal rato, lo que se hace tedioso.

Creemos en una justicia si el aparato judicial actúa con transparencia, si hay sanciones eficaces para prevenir la comisión del crimen por otros criminales, que no son los que se están juzgando. Creemos en una reforma del código penal y el código de procedimiento criminal, para que exista la cadena perpetua como pena máxima, no la pena de muerte, porque esta no hace escarmentar a los criminales y además humilla a los familiares que muchas veces no son responsables.

Creemos que los narcotraficantes deben ser juzgados como criminales, al igual que son criminales quienes cometen grandes desfalcos al Estados, pero al igual que lo son los grandes empresarios evasores de impuestos al Estado. Ahora bien, no comete un crimen quien roba una pierna de salami para alimentarse, porque tenía hambre y no tenía dinero para comprarla por estar sin trabajo involuntariamente, comete un delito y no debe juzgársele como un criminal, y más bien debe ser absuelto en vez de penalizársele. Es tiempo ya de se establezca una diferencia entre lo que es justo y lo que es legal, porque no todo el que comete un delito es un criminal y no todo delito merece una pena de prisión.

Si queremos justicia hay que hacer recortes a las ganancias de los grandes ricos, acabar con la hegemonía del capital financiero y de paso confiscar las ganancias de los seguros médicos privados o por lo menos acabar con las AFP y las ARS de una vez y por todas y no hablar más de alianzas público-privadas que solo sirven para engullirse el capital privado las grandes riquezas. Además, a lo anterior hay que agregar los controles en los precios de los productos en el mercado local, someter a la justicia a los comerciantes, al igual que a los grandes importadores y comerciantes evasores de impuestos; confiscar los depósitos en los paraísos fiscales.

Mucha gente habla de sancionar la corrupción, pero lo hacen pensando que corrupción es sinónimo de peculado en la administración pública o quizás la sinecura de que se beneficia alguien allegado al partido de gobierno, pero no se piensa en la corrupción de la empresa privada que evade impuestos al Estado o lo que hacen los comerciantes especulando con los precios, sometiendo al hambre a la población. Sin embargo, todo esto último es corrupción, porque implica una descomposición o malestar social, la palabra corrupción tuvo su origen en la ciencia biológica y significaba descomposición.

La lucha contra la corrupción debe ser tanto en la administración pública como  en la empresa privada y debe conllevar un castigo severo, una pena inexorable, pero no necesariamente la sevicia, para el que comete el crimen o el magno delito, para que sirva de escarmiento a los potenciales criminales. No debe tratarse de un espectáculo, más bien debe haber sanción para facilitar, junto con medidas de un  cambio sistémico que termine con el neoliberalismo, una redistribución del ingreso.

Necesitamos una sociedad justa no una sociedad del espectáculo para vivir aparentemente satisfecho con el morbo, a esto último es a lo que quiere conducirnos el capitalismo para seguir reproduciéndose.

Por Francisco Rafael Guzman F.

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