Cornelia Margarita Torres

Por Ramón Saba

Nació el 28 de enero de 1950 en Santiago de los Caballeros. Su apellido materno es Palma.

Narradora, esencialmente novelista, cuentista, escritora de literatura juvenil y periodista. Es licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Ha sido editora de sociales y columnista diaria en los periódicos El Sol y El Nacional;  directora de la revista Eva, Vicecónsul en Houston, Texas, Estados Unidos de América; Fundadora del departamento de Difusión del Consejo Nacional de la Niñez (CONANI); directora de Relaciones Públicas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (Recinto Santo Tomás de Aquino); productora de televisión de la cápsulas culturales “Nosotros” y del programa “Somos así y así somos”; gerente de comunicaciones del Instituto Dominicano de Recursos Hidráulicos (INDRHI) y encargada de Información sobre Comercio Exterior del Ministerio de Industria y Comercio.

 

Cornelia Margarita Torres formó parte durante dos años en un taller literario online en el cual compartió con escritores de países hispanoamericanos y España; es miembro del Club de Lectura del sector de Isabel Villas y lidera un club de lectura que lleva su propio nombre. Ha compartido con estudiantes de colegios donde ha sido invitada a leerles sus cuentos juveniles.

 

En su haber bibliográfico se descubren los títulos El Niño que no tuvo un tambor (novela basada en la biografía y trayectoria del doctor Joaquín Balaguer, escritor y expresidente de la República Dominicana), El rastro de tu aroma (también novela compuesta por personajes de diferentes estratos sociales que relatan con sus propias voces el discurrir de sus vidas durante la Era de Trujillo, desde los años 40 hasta la embestida del Ciclón David, en 1979) y Sopa de murciélago y arriba el telón (compilación de cinco cuentos alegóricos a la pandemia que ha azotado a la humanidad desde el año 2020).

 

Cornelia Margarita Torres ha sido merecedora de incontables reconocimientos por los muchos méritos acumulados en el transcurrir de su vida como profesional de las comunicaciones, entre los que podemos señalar los cuatro premios Casandra que le fueron otorgados por su trabajo como investigadora y por su programa de difusión semanal, además de dos micrófonos de oro y muchísimos más que como periodista le fueron entregados. Hasta el momento no acumula preseas en el área literaria, pero conociendo su bagaje, tesón y dedicación a este oficio que tanto le apasiona, es seguro que pronto han de llegar.

 

Amigos lectores que conocen parte de la obra de Cornelia Margarita Torres, destacan lo límpida que es su redacción, además de elegante y la originalidad con que desarrolla sus tramas.

 

Ella misma afirma que: “la vida me ha dado un cambio increíble. Cuando las mujeres me ven patinando dicen que sí se puede y me hacen sentir la mujer maravilla. Así también me hacía sentir mi esposo, cuando él me veía llegar me llenaba de elogios. Ahora, tengo días que son más tristes que otros y cuando estoy así, de inmediato me pongo a coser o hacer algo, menos escribir porque no puedo hacerlo deprimida. Ser escritor requiere una fuerza de voluntad e inspiración.”

 

La primera novela de Cornelia Margarita Torres (El Niño que no tuvo un tambor), fue presentada públicamente por el desaparecido periodista Miguel Adriano Tejeda, quien para entonces era el director del periódico Diario libre, quien no alcanzó a entregarle el texto que redactó para la ocasión, el cual fue catalogado de maravilloso, tanto por los presentes en el acto de puesta en circulación como por su autora.

 

La colombiana Paola León Sanz, versada en literatura, considera que El rastro de tu aroma de Cornelia Margarita Torres, es una novela con múltiples narradores que se pasan la batuta en esta melodía a la cultura dominicana de los años del Trujillismo y los cambios que generó la diáspora de exiliados políticos en la subsecuente decadencia en el desarrollo sociocultural quisqueyano.  Es un libro que sorprende por los giros inesperados en la trama que mantienen al lector en vilo hasta el final., por lo que la recomienda para los nacionales que añoran los recuerdos de la época, los jóvenes que quieren conocer el origen del ahora y los extranjeros que desean entender el porqué de una idiosincrasia tan peculiar como la de la República Dominicana.

 

La articulista Ivelisse Villegas estima que la travesía literaria de Cornelia Margarita Torres hace una parada con sus nuevos títulos, que dejan ver entre líneas el ímpetu de una mujer que se enfrenta a las adversidades con su vocación a cuestas. Ella es la única cronista social de Santiago que en su época dejó su vida provinciana y sus pinceladas en el periódico La Información para emprender el vuelo hacia la Capital. Su primera parada laboral fue en el matutino El Sol; luego en El Nacional, donde además editaba la revista Eva; posteriormente condujo el programa “Somos así y así somos”, por unos 15 años.

 

Finalmente, el escritor y director general de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, Rafael Peralta Romero, afirma que Cornelia Margarita Torres ha mostrado en su carrera de escritora un crecimiento gradual, ese que ocurre sin saltos estrepitosos y sin retraso alguno. Su acción en esta área comienza con estudios superiores de filosofía y la incursión en el diarismo, una carrera por la que han pasado grandes escritores universales y locales. Al alcanzar, por vía de la constancia en el oficio, la categoría de novelista, ella se coloca en un sitial que sólo conquistan verdaderos profesionales de la escritura.

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de uno de los cuentos pandémicos de Cornelia Margarita Torres:

 

Barbie no era su nombre. Fue una invención suya, cuando se propuso asumir el papel que mejor le venía a la tragicomedia de su existencia.

 

Nació en el campo, en uno que no tenía nombre, pero su ironía filosa -y a veces morriñosas -, lo empezó a llamar El chiquero de mamá, una designación despectiva que los moradores del lugar adoptaron sin reparo, porque al fin y al cabo le otorgaba nombre a su paraje polvoriento, con no más de diez bohíos, desperdigados entre malezas y conucos de subsistencia.

 

Por Ramón Saba

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