Contra los chantajistas y en defensa del periodismo

Por Balbueno Medina miércoles 22 de marzo, 2017

Lamentablemente el ejercicio periodístico dominicano está viviendo una de sus etapas más críticas, debido a los antivalores que han copado los diferentes medios de comunicación, alentados por sectores que han decidido anteponer sus intereses al bien colectivo.

Contrario a la mística y a los principios que enarbolaron los periodistas de las generaciones del 70, los 80 y unos pocos de los 90, donde el ejercicio del periodismo era visto como un sacerdocio apegado a los más elementales cánones éticos, humanos y morales, hoy día vemos acciones en los medios de comunicación que lucen ser vergüenza y una afrenta para todos los que hemos sido formados en el área.

Todas las leyes y principios que fundamentan el ejercicio periodístico en la Republica Dominicana, han sido violados flagrantemente por los llamados comunicadores, que no son comunicadores nada, sino desinformadores al servicio de los intereses que les pagan para que les mantengan sus nombres vivos en los medios de comunicación, en perjuicio de la gran población que vive confundida por los antivalores que se proyectan en la radio, la televisión y en los medios impresos y digitales.

Y como si eso fuera poco, lo más lamentable es que a esos llamados comunicadores, se les facilitan los espacios de televisión, de radio y de algunos periódicos impresos y digitales, porque quienes los promueven son funcionarios y dirigentes políticos que les gestionan esas participaciones para que les defienda sus intereses particulares.

A través de esas, también denominadas bocinas, los sectores interesados acostumbran a chantajear a sus competidores políticos o empresariales y por esa razón es que en los últimos años hemos visto que cómo han llovido los sometimientos de muchos de estos a los tribunales por difamación e injuria, debido a que no tienen ningún miramiento a la hora de defender los intereses de quienes les pagan para dañar las honras de otras personas.

Lo más preocupante es que en esa maraña han caído algunos periodistas que han recibido formación académica en nuestras universidades nacionales, arrastrados por la ambición al dinero y las oportunidades que los comunicadores por paga e improvisados les han quitado en el mercado de trabajo.

Lo cierto es que no vemos, por el momento la posibilidad de que esa situación se corrija, y muy por el contrario hemos observado que cada día son más los periodistas formados ética y académicamente hablando, los que son desplazados por las bocinas que con frecuencia nos desinforman.

Es evidente que el compromiso social que existía en el periodista de vocación y formado en nuestras Escuelas de Comunicación Social con la sociedad dominicana ha desaparecido considerablemente, pero todavía estamos a tiempo de rescatar algo de lo perdido si juntos el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y los dueños de medios de comunicación lograran impulsar el Código de la Comunicación que establezca una mejor regulación de los medios en nuestro país.

No podemos dejar que la comunicación nacional termine por ser contaminada por los intereses de sectores empresariales y políticos que lo único que persiguen es su beneficio particular, sin tomar en cuenta el rumbo que lleva la sociedad dominicana, que por el alto nivel de confusión creado por los desinformadores ha perdido su norte de cara al futuro.

Esa situación que ha desacreditado el ejercicio del periodismo dominicano y de la cual nos sentimos altamente preocupados, porque nadie ha dado notaciones de querer enfrentar, no debe seguir y si el CDP no asume la bandera de defensa por rescatar lo que en una época nos hizo fuertes ante la sociedad dominicana, nosotros aprovecharemos estos canales para seguir demandando que cese esa práctica que acabara con todos los que hemos abrazado esta profesión, por vocación, servicio y transparencia.

Ojala que los funcionarios del gobierno, empresarios y dirigentes políticos, en vez de estar patrocinando y promoviendo las lacras que han copado nuestros medios de comunicación y que amenazan con hacer desaparecer definitivamente la clase auténticamente periodística del país, reflexionen y vean hacia el futuro el caos que sería la Republica Dominicana sin la presencia de una prensa creíble y desvestida de los intereses particulares de quienes han decidido anteponer sus beneficios al fin colectivo.

Si queremos una sociedad justa y una prensa al servicio de todos, debemos promover el periodismo responsable, ético y especializado para que todos nos sintamos seguros de que lo que se informa a través de los medios de comunicación es lo real y eso solamente es posible apoyando el talento genuino del periodista que por su trayectoria ha demostrado apego a la ética y a la moral, sin doblegarse a los intereses espurios.

 

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