Contaminación sónica y audición

Por María Hernández

Aumenta, de forma alarmante e incontrolada, el ruido en la República Dominicana. Las bocinas de distintos tipos de vehículos, sirenas de vehículos oficiales con o sin emergencias,  talleres de mecánica, de ebanistería, música en colmadones y además, han surgido durante la pandemia los famosos teteos que concentran a cientos de ciudadanos en sectores de la capital y de diferentes provincias de nuestro país, sin que las autoridades les hayan podido poner fin.

Hay naciones que ponen tanto cuidado en la salud auditiva de sus ciudadanos que en países como Alemania y Suecia construyen barreras artificiales en las avenidas y carreteras que están muy cerca de conglomerados habitacionales para que no resulten afectados con el ruido que emana de trenes y otros medios de transporte que se desplazan por esas urbes.

Los alemanes odian el ruido y así lo han entendido sus autoridades. Es tanto lo que aborrecen los ruidos los alemanes que incluso han realizado protestas en contra de los mismos. En esa nación se crearon los primeros tapones para ser colocados  en los oídos o audífonos.

Hay datos que son verdaderamente escalofriantes y que indican que la contaminación acústica deriva en efectos perjudiciales no solo para los seres humanos sino para numerosas especies, de manera tal que perturba los ecosistemas en muchas áreas, incluso, protegidas, de acuerdo a estudios de la Universidad del Estado de Colorado, en Estados Unidos. Mientras, la revista Science indica que un 63% de todas las áreas naturales que se encuentran protegidas en ese país ha registrado ruidos de origen humano que duplican los volúmenes de los sonidos que proporciona la naturaleza.

En nuestro país la legislación es rica en cuanto a leyes que regulen y protejan el medio ambiente de excesos de ruidos y la sanción que puede conllevar su violación. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, por ejemplo,  cuenta con el Decreto No. 10-12  que trata sobre la prevención y el  sobre control de todos los ruidos nocivos tanto en  ámbitos colectivos como  familiares así como de los efectos que producen en la República Dominicana.

También está la Ley- No-287-04- sobre prevención, supresión y limitación de ruidos nocivos y molestos que producen contaminación sonora. Vista esa Ley, que quedó modificada junto a  otras, se crea la Ley 63-17 de Tránsito y Transporte Terrestre donde  se destaca, en su artículo 8, lo relativo a  la Sostenibilidad Ambiental de modo que se  contribuya a la reducción de los niveles de contaminación o a su eliminación total y establecen restricciones a los vehículos para que se puedan contrarrestar los efectos de estos al medioambiente por medio del control de las emisiones de dióxido de carbono y por el ruido que genera la sobreoferta de vehículos.

A pesar de todos estos esfuerzos el ruido, en todas sus formas, continúa arropando a los ciudadanos dominicanos en diferentes lugares hacia donde se dirigen. El caso es tan grave que hasta algunos choferes de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA) y de otros autobuses privados, que no deberían llevar radio para evitar distracciones, utilizan  celulares con  música a todo volumen con lo que afectan a los pasajeros. En otras oportunidades son los viajeros los que ponen música a alto volumen y distraen a los conductores. En Estados Unidos se multa y hasta se detiene al usuario que ponga música en los autobuses o cualquier otro medio de transporte masivo.

Los usuarios de todo tipo de dispositivos tecnológicos en los oídos deben saber que los expertos recomiendan que el nivel máximo de exposición al sonido sin que produzca riesgos al ser humano es de  85 decibelios( db) durante un máximo de 8 horas, de acuerdo a un reciente estudio divulgado por BBC Mundo.  Sin embargo, muchos jóvenes pasan el día con un celular encima y en la noche hay que quitárselo para que no se duerman con él.

En nuestro país, dentro de los sectores que producen más ruido están  La Ciénaga, Villas Agrícola

 

Por: María Hernández

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