Conozca las características de las personas que viven llenas o vacías del amor de Dios

Por Enrique Aquino Acosta martes 17 de septiembre, 2019

A veces oímos hablar o conocemos personas que viven llenas del amor de Dios o están vacías de él. Ambas condiciones espirituales podemos  observarlas en miembros de nuestra familia, amigos, hermanos de la iglesia, compañeros de trabajo o en miembros  de la comunidad.

Sin embargo, ni usted ni yo podemos establecer esas diferencias, si no conocemos  las características del amor de Dios. 1ra. Carta a los  Corintios, capítulo 13, versículos del 1 al 13, señala las características de una persona llena del amor de Dios.

La persona llena del amor de Dios es benigna, o sea, apacible, sumisa, dócil, mansa, humilde,  disciplinada, obediente y debe tener capacidad espiritual para  sufrir  y soportar todo tipo de problema, tormento, situación, presión,  ataque,  oposición,  menosprecio  y  rechazo.

Tampoco es envidiosa ni jactanciosa. No se envanece con el triunfo, el poder, el dinero, la fama, la popularidad ni la gloria. No hace nada indebido, pues, no  ambiciona  lo ajeno ni asume actitudes egoístas (v.4-5)

Por otra parte, la persona llena del amor de Dios, no  se irrita, no guarda rencor ni se goza de la injusticia, sino, de la verdad. Incluso, está capacitada para sufrir, creer, esperar  y soportar todo (1 Co. 13: 5-7)  La  Biblia señala, además, tres dones que son eternos: el amor, la  fe y  la esperanza, pero de los tres, el  amor  es  el mayor ( v. 8 y 13)

Además de las características que debe tener una persona llena del amor de Dios, debemos conocer los requisitos que Dios establece para llenar de su eterno amor el corazón  de una persona.

Si bien es cierto que Dios quiere salvar el alma de todas las  personas, no es menos cierto, que las llama a arrepentirse de sus pecados (Marcos3:17)

Cada persona debe cumplir ese pre requisito. Si usted, por ejemplo, decide arrepentirse, debe humillar, contristar y afligir su corazón. Debe orar, ayunar, llorar, reconocer  y confesar sus pecados ante Jesucristo, sin ocultar nada. Si hace eso, Dios perdona sus pecados, le adopta como hijo(a), derrama su Santo Espíritu en su  corazón  y  le llena de su eterno amor.

De ahí en adelante, Dios responderá  sus oraciones, le infundirá  ánimo y alegría, saciará  sus necesidades espirituales y materiales, restituirá los daños que Satanás le haya hecho y lo hará a huir de su vida (Joel 2:18-29)

Es necesario señalar, que muchas personas no están llenas del amor de Dios, porque  no se han  arrepentido de sus pecados. Si lo hacen, su condición espiritual cambiará, pues, Dios derramará  su Santo Espíritu en su corazón y lo llenará de su eterno amor y de otros frutos espirituales: paz, gozo, paciencia, dominio propio,  mansedumbre, entre otros. La Biblia relata, también, algunos tipos y prácticas de amor. Veamos algunos.

Amor paternal: Y amó Issac a Esaú, porque comía de su caza; más Rebeca amaba a Jacob (Gen 25:28)

Amor sexual: Y el Señor me dijo: Ve otra vez, ama a una mujer amada por otro y adúltera, así como el Señor ama a los hijos de Israel, a pesar de que ellos se vuelven a otros dioses y se deleitan con tortas de pasas. (Os.3:1)

Amor de amistad: Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él y él le amó mucho y le hizo su paje de armas. (1 S 16:21)

Amor perdonador: No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios (Ex 23:2) Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber (Pr 25:21)

Amor al prójimo: No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová (Lv 19:18) Esta expresión de amor incluía  al compatriota y al extranjero.

Amor salvador: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16)

Como habrá apreciado, solo Jesús poseyó  y exhibió las verdaderas características  del amor de Dios. El fue benigno, apacible, sumiso,  dócil, manso, humilde,  disciplinado y obediente. Mostró poder y autoridad espiritual para  sufrir  y soportar todo tipo de problemas: oposición, rechazo, persecución, cárcel, menosprecio, dolor, martirio,  angustia, muerte en la cruz y resucitar de entre los muertos. ¡Gloria a su Nombre!

Otras muestras de las características del amor de Dios en Jesús fueron, no ser envidioso  ni jactancioso. Tampoco fue irritable ni rencoroso. Jesús nunca se gozó  de una injusticia, sino, de la verdad. Sus victorias y triunfos espirituales no lo envanecieron nunca. Tampoco su  fama,  popularidad ni su gloria. La Biblia no registra que Jesús  hiciera algo indebido. Por eso, no anheló lo que no era  suyo ni asumió   actitudes egoístas.

Y, algo aún más importante: Jesús mostró  capacidad y poder para  sufrir,  creer, esperar  y soportar  todo, por el bienestar espiritual de las personas  que  fuimos redimidas del pecado y  creemos  y obedecemos  su Santa Palabra.  ¡Claro está! Dios nos ama  a todos, pero no ama nuestros pecados. Los aborrece. Es bueno  saber eso.

Por tanto, necesitamos reconocer  y  confesar nuestros pecados  a Jesucristo para que los perdone y nos limpie de ellos. De lo contrario, no serviremos para nada espiritualmente y viviremos como personas indolentes, malas, adúlteras, fornicarias, envidiosas,  jactanciosas, envanecidas y pretenciosas. También viviremos como personas mentirosas, codiciosas, avaras, ladronas, injustas, irritables, rebeldes, rencorosas, homicidas, insoportables, incrédulas y sin esperanza.

Entienda, que esas características conductuales, las poseen precisamente, las personas  que cometen los sucesos horrorosos que nos muestran los medios de comunicación diariamente. Son personas que están muertas e insensibles espiritualmente y necesitan buscar de Dios para que las resucite y  les restaure su vida.

Cada una de  ellas puede recibir el amor de Dios en su corazón, mediante el arrepentimiento de sus pecados. Si lo hacen, el Espíritu Santo se derramará  en su corazón y las ayudará a  establecer y  mantener buenas  relaciones con Dios, la sociedad y particularmente, dentro del hogar, el trabajo, la escuela,  la  iglesia y  la comunidad.

Como ya se dijo, arrepiéntase de sus pecados, reconózcalos, confiéselos  a Jesucristo, reciba su perdón, sea adoptado (a)  como hijo (a) Dios, viva feliz y conviértase en una persona diferente a las que no hagan como usted.

Jesucristo le ama. ¡Anímese a dar el paso más importante de su vida!

Por: Enrique Aquino Acosta

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