Conociendo el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) IV final

Por CARLOS PÉREZ DÍAZ lunes 11 de febrero, 2019

En nuestra última entrega prometimos abordar a más profundidad el tema del DAS1 así como algunos abordajes terapéuticos que ayudan en el TDAH.

Habiendo explicado que en el TDAH el problema general es la atención, un elemento fundamental es ¿Cómo hacer para motivar a un alumno o a un hijo TDAH? Y en esto el neurocircuito de la motivación, el control de la inhibición y una adecuada integración sensorial juegan un papel importante.

Pasaremos a explicar en primer lugar el control inhibitorio. Con la inhibición podemos regular nuestras emociones, siendo la inhibición una de las funciones ejecutivas más importantes.

¿Qué pasa cuando no podemos inhibirnos? En el caso de nuestros pequeños vamos a observar esa impulsividad típica en sus conductas, precipitaciones al contestar una pregunta, así como, esa variedad de inadaptaciones o dificultades sociales como lo son el no esperar turnos, o el ser inoportunos, o no medir las consecuencias de sus actos. ¿Qué puede hacer un maestro en clases? Una vez comprendido la problemática (ya descrita en los artículos anteriores), y tomando en cuenta lo central del problema (Atención, impulsividad e hiperactividad), se deben adaptar las pautas en el aula que describimos también en artículos anteriores con nuestra estrategia de trabajo. Por tanto, en primer término el educador debe ser “breve y directo” al dirigirse a este tipo de niños, además debe procurar “mirarles a la cara y que ellos le miren” cuando le dan instrucciones, esto para centrar su atención, no hay necesidad de expresar enfado o disgusto cuando se centra la atención del alumno, recordemos que los TDAH tiene dificultas en regular sus emociones. Por lo que si interpretan nuestra comunicación como agresión, pasaran a la defensiva, volviéndolos oposicionistas o desafiantes. Así que, se debe entender que la comunicación debe ser firme y breve tanto en las instrucciones como en los pedimentos, más no agresivos.

El otro problema que dan los niños en el aula (o en casa) por la falta de inhibición es la impulsividad. Para manejar este inconveniente es necesario usar tres herramientas adoptadas del mundo de la psicología como lo son: La extinción, los gestos y la delimitación o establecimiento de límites.2

La extinción: Requiere que el educador o los padres ignoren las conductas que no revisten gravedad, con la repetición del ignorar las conductas, dichas conductas irán progresivamente desapareciendo.

La expresión gestual (los gestos): En neuropedagogía es un tema bastante extendido que las emociones se transmiten y se contagian fácilmente de persona a persona. Sin embargo, en el caso del TDAH la identificación del mensaje emocional es dificultosa, por tanto, el maestro y los padres deben concertar con el niño gestos que le ayuden a identificar que es el momento adecuado para parar o continuar la conducta que está realizando. Por ejemplo, cuando pongamos las manos en la cintura significa que el niño deberá parar de hablar.

Limites (Normas): Cuando existen conductas disruptivas se deben establecer límites. Por ejemplo, si el niño está gritando en clases le diremos que, si tras dos avisos sigue gritando en el aula, deberá levantarse de su sitio y sentarse un rato a nuestro lado o en otro pupitre lejos de los demás, cuando cese la conducta volverá a su puesto.

En cuanto a la característica final, la hiperactividad, debemos saber que es un impulso motor, originado por variadas razones. Sin embargo, el educador o el padre puede ayudar a canalizar esa conducta mediante la estrategia de darle espacio y movilidad, así como, el tiempo que requiera para efectuar la actividad motora y poderse regular. Para esto el educador, desviará el impulso motor en actividades que sean útiles para todos y a la vez sean de su agrado (sentirse útil), como lo son, darle la responsabilidad de repartir el material de clase, arreglo del aula, borrar el pizarrón, etc. Siempre que el educador o el padre trabaje de forma correcta la tipología conductual del niño TDAH, logrará mantener el control conductual del niño, pudiendo remitir (reducir) sus conductas, más hay que tener en cuenta que la desaparición de las mismas no cesarán de forma definitiva, ya que son propias de este trastorno.

Cambiando del tema de la regulación conductual o inhibitoria, retomaremos el tema de la motivación. Para motivar al niño con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (y es válido para cualquier persona), es necesario tomar las herramientas que nos dan la neurociencias las cuales describen como es el activar del neurocircuito de la motivación conocido por su acrónimo de DAS. La motivación es una de las funciones cognitivas básicas (atención, percepción, memoria, emoción, etc.). Para activarla debemos primero efectuar la tipología de estimulo que deseamos, por ejemplo estimularemos para recompensar (estimulo de recompensa final). Daré un ejemplo a continuación:

<< Willy te voy premiar con “500 pesos en la cantina escolar” si puedes hacer “fuego” >>. En este ejemplo, estimulamos al alumno con un premio pero en realidad estamos iniciado una actividad haciéndola “interesante” al despertar la curiosidad de que “La actividad se ve bien” o “Esta actividad es retadora” estamos activando el circuito “D” “Dopaminérgico” (La amígdala y el área orbitofrontal medial), en otras palabras con ese estimulo inundamos el cerebro de Dopamina, lo que quiere decir que Despertamos al cerebro (Hacemos que Desee algo) para que esté atento a la acción o a los sucesos que vendrán a continuación (Spitzer, 2005). Una vez que el cerebro tiene la tensión para desear algo, podemos activar el segundo neurocircuito o circuito “A” inducimos al alumno a la Acción << Willy con esta madera y este pedernal debes hacer fuego en 2 minutos… ¡comienzas ya! >> con esto activamos las áreas motoras que liberarán “Adrenalina” y noradrenalina, neurotransmisores que actúan como gasolina para la acción y permiten al cerebro mantener una atención sostenida. Finalmente, una vez obtenida la recompensa (Willy haber logrado encender el fuego y por supuesto el premio de estimulo inicial), que no es otra cosa que haber logrado el objetivo, el cerebro habiendo satisfecho ese deseo inicial provocado por la dopamina y llevado a la acción por la adrenalina, tiene lugar la liberación de otro neurotransmisor llamado “Serotonina”, cuya finalidad es la de producir calma, paciencia, serenidad, control, adaptabilidad y estabilidad, favoreciendo el predominio de la razón sobre la emoción. Resumiendo el DAS es el acrónimo de las acciones y neurotransmisores requeridos para evocar correctamente la motivación: DESESO (DOPAMINA), ACCION (ADRENALINA) y SATISFACCIÓN (SEROTONINA)3, de esta manera, lograremos que el niño TDAH, se enfoque, se autoregule en las actividades y lo mejor “logre las actividades que se le propongan” logrando el aprendizaje en el proceso.

En cuanto a los abordajes terapéuticos actuales, la mayoría versan sobre el control conductual, las aproximaciones más comunes son las cognitivo conductuales, psicológicas, neurodidácticas entre otras. Sin embargo, el tema del neurodesarrollo es uno de las más grandes aproximaciones terapéuticas en el TDAH como es el caso de la integración sensorial (IS), tema que abordaré en la próxima entrega cuando iniciemos las entregas de “Conociendo la Integración Sensorial” (IS) un área directamente relacionada a la Terapia Ocupacional (TO) de donde es originaria, la IS ha permeado y contribuido a las áreas de la neurociencia, a la neuroeducación y por supuesto engrandecido a la TO.

 

 

Por Carlos Pérez Díaz

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