Conmemoran a un asesino islamista ejecutado en Pakistán hace un año

Por El Nuevo Diario Martes 28 de Febrero, 2017

EL NUEVO DIARIO, PAKISTAN.-Con rezos y cantos, los seguidores de Mumtaz Qadri, el asesino de un político paquistaní que se opuso a la polémica ley antiblasfemia, conmemoraron hoy el primer aniversario de su ejecución en un templo levantado en su honor, entre fuertes medidas policiales.

En el santuario erigido por su familia en Bahara Kahu, a unos 15 kilómetros de Islamabad, unos 200 fieles coreaban a media tarde los mensajes de un mulá que amenazaba a los detractores de la ley de la blasfemia con el mismo destino que sufrió el antiguo gobernador de la provincia del Punyab (este) Salman Tasir.

El político recibió en 2010 un total de 28 disparos de Qadri, que era su guardaespaldas, por pedir cambios en la legislación y defender a la cristiana Asia Bibi, condenada a muerte por insultar al profeta Mahoma y quien espera en prisión la apelación de su caso.

"Qadri hizo lo que el islam establece. Cualquiera que trate de cambiar la ley seguirá el mismo destino que el gobernador", amenazó desde un pequeño estrado el mulá Shahid Ghauri, de la organización islamista radical Pakistan Sunni Tehreek.

Qadri fue ejecutado el 29 de febrero de 2016 para evitar que hubiera fecha de aniversario, pero sus seguidores han decidido conmemorarlo hoy y mañana sin que las autoridades lo hayan impedido.

"Desde esta mañana no ha parado de venir gente. No estoy seguro de cuántas personas pero diría que unas 4.000 o 5.000. Vienen a rendir tributo. No pedimos dinero, pero nos dejan donaciones", dijo a Efe Amir Sajad, hermano de Qadri.

Sajad afirmó que para mañana tienen previsto celebrar un acto de mayor envergadura, con más rezos, cantos y tributos.

Entre los asistentes se encontraba Amir Hazarvi, quien viajó desde la ciudad de Karachi (sur), a 1.500 kilómetros de distancia, para homenajear al asesino.

"He venido especialmente para participar en este aniversario. Es mi primera vez aquí", dijo parcamente a Efe este trabajador de una tienda de textiles que gastó una sexta parte de su sueldo mensual para rendir tributo al "héroe" Qadri.

El obrero Ghulam Rasool, por su parte, no podía contener su emoción.

"No tengo palabras para alabarlo. Mató a un infiel y lo mandó al infierno. Será recompensado por dios", afirmó Rasool.

También estaban presentes padres con niños pequeños, mientras que las mujeres se encontraban en una estancia cercana, tras unas telas.

El recinto se hallaba rodeado por cinco cordones policiales donde realizaban minuciosos cacheos, había agentes en los edificios de los alrededores y en las colinas cercanas grupos de hombres también vigilaban.

"Estamos aquí para prevenir un atentado, como ha sucedido en otros templos recientemente", dijo a Efe el agente Fazal Ali.

El policía se refería al atentado suicida que a mediados de mes dejó 88 muertos en un templo sufí, minoría espiritual objetivo habitual de los radicales, en el sur del país.

La dura ley antiblasfemia vigente en Pakistán fue establecida en la época colonial británica para evitar choques religiosos, pero en la década de 1980 varias reformas auspiciadas por el dictador Zia-ul-Haq favorecieron el abuso de esta norma.

Desde 1986 se han producido al menos 1.470 casos, la mitad de ellos contra miembros de las minorías religiosas, que representan un 4 % de la población del país, según la Comisión Nacional para la Justicia y la Paz, grupo de derechos humanos de la Conferencia de Arzobispos Católicos de Pakistán.

Además, al menos 53 personas relacionadas con casos de blasfemia, entre ellas acusados liberados por tribunales, abogados defensores o familiares de los supuestos blasfemos, han sido asesinados por turbas.