Condenamos a Ramfis solo por ser nieto de Trujillo

Por Daniel García Santana

Al nieto de Trujillo, Luis José Ramfis Domínguez Trujillo, mejor conocido como Ramfis Domínguez Trujillo, no se le debe juzgar por ser descendiente de Rafael Leónidas Trujillo Molina, quien encarnó la más graves dictadura que recoge la historia de República Dominicana, sino por sus acciones personales. No tengo ninguna afinidad con Ramfis Trujillo, porque, entre otras razones, no ha planteado propuestas de política pública que merezcan mi atención.

Nadie puede estar marcado por los hechos cometidos por sus parientes, por más horrendos que fueran, ni tampoco debemos limitar las libertades ciudadanas, como hizo el abuelo de Ramfis.

Se ha caído en el juego de Domínguez Trujillo para conseguir seguidores a sus intenciones de ser Presidente de la República. Sus acciones de asistir a una misa en una iglesia de la provincia Hermanas Mirabal, hogar de las heroínas que fueron asesinadas por orden de su abuelo, y abrir un local político en esa demarcación, más que una provocación, forman parte de su estratégica política, la cual resultó más fructífera para sus aspiraciones cuando Bautista Rojas Gómez y la alcaldesa de Salcedo, María Mercedes Ortiz Diloné, pintaron con grafitis ese local.

A raíz de ese hecho, Domínguez Trujillo, a través de sus abogados, interpuso una querella en contra de los supuestos responsables de ese hecho, con lo cual ha ganado más espacios en los medios de comunicación.

Desde que asistió a dicha misa, las personas que calificaron ese hecho como un agravio a la memoria de las hermanas Mirabal debieron actuar de forma más táctica, y solo haber lamentado que, por ejemplo, en esa celebración eucarística Ramfis Domínguez Trujillo no orara por la memoria de las hermanas Mirabal y lamentara su asesinato, o simplemente minimizar el hecho.

Con esa posición, podía haberse caído la segunda acción de la estratégica del Nieto de Trujillo, como era abrir un local político en la cuna natal de Las Mariposas, quienes fueron asesinadas por luchar a favor de las libertades públicas.

Debemos repensar el afán de impedirle su participación en la política del país por simplemente ser descendiente del dictador Rafael Leónidas Trujillo, porque con eso lo estamos victimizando e importantizando.  Enfoquémonos en analizar su persona y acciones, sin importar de quien tenga genes.

Por Daniel García Santana

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