Complots y conspiraciones no puede ser el mecanismo político para el relevo en el PRD 

Por Fernando Peña martes 4 de mayo, 2021

El PRD es lo que más se parece a la sociedad dominicana, es una genuina representación popular, hermandad, solidaridad, chisme, intrigas, complot, mal querencia permanente…

A pesar de todo lo que dicen, eso es lo que lo hace permanecer en cada familia y corazón dominicano.

Pero, todo tiene un límite, un stop, todo cuerpo necesita cambiar, adaptarse a los nuevos tiempos, o perecer…

El PRD de hoy, bajo la dirección de Miguel Vargas tiene la obligación de transitar el camino del cambio, de la diferenciación, de la era digital, de la globalización, el teteo, es el único camino posible para el partido blanco.

Los mecanismos políticos para resolver las disputas en torno al reemplazo de dirigentes no puede ser complots ni las conspiraciones, es el mecanismo participativo, democrático, sujeto a las normas y reglas partidaria, donde canalicen las pulsiones internas. 

Los espacios para el pensamiento crítico, el disenso, el libre flujo de información y la discusión abierta deben impulsarse y promoverse. 

Ese nuevo PRD moderno, actualizado tiene que saber que los cargos de máxima autoridad no podrán estar concebido ad eternum e inmune a la crítica.

La vida partidaria interna no puede ser gris, estrictamente jerarquizada y con fuerte vigilancia.

El PRD no puede seguir el camino de que cada relevo este precedido de conspiraciones y deslealtades.

Tiene que dejar atrás esa “lucha constante”, deben anularse los “micro-poderes societales” que crean dirigentes alrededor del líder, del presidente partidario, que en definitiva son nido de apetencias y conspiraciones.

El PRD no puede ser un coto cerrado, como si fuese un régimen de “dictadura del proletariado”, monolíticos, herméticos, no puede seguir se configurando complejos cuadros de ruptura de lealtades, traiciones, contubernios y conspiraciones a la hora de definirse los relevos.

Eso es hacer política desde las tinieblas.

Los que hoy piden la cabeza de Miguel Vargas en el PRD deben asumir una practica de decencia y lealtad partidaria, confrontarlo en la discusión franca de las ideas, de su práctica política partidaria y publica, no por complots, y poniendo en riesgo la institucionalidad y credibilidad de la organización. 

Hay que ser diferente, hay que construir el PRD nuevo, de cuadros políticos, donde la fuente última de la moral perredeista esté dada por la fidelidad, la disciplina del partido, con una estructura organizada y consciente.

La sucesión debe darse apegada a las normas y estatutos partidarios, no al capricho y deseo de un dirigente, sin crear suspicacia, intrigas y complot.

Si no guardan las formas, si aplican las mismas prácticas de antaño, entonces ellos, los que piden cambio de dirección partidaria se convierten en representante del ciclo viejo, arcaico y del agotamiento. 

Los espacios se ganan con el trabajo y con el apoyo de la mayoría, el control partidario en manos de Miguel Vargas debe ser enfrentado en esa mayoría, en el tiempo y espacio que manda las normas y reglas. 

No hay espacio en este momento para crear una crisis sucesorar en el PRD. 

Lo que de ninguna manera puede interpretarse de que no haya disidencia para expresar la voluntad contestataria. 

Ahora, en este tiempo deben evitar las luchas fratricidas que han provocado la disminución numérica del PRD.

 Los sobrevivientes de la vieja guardia perredeista, que aún quedan en la organización, deben ser referente de unidad, armonía y relevo organizado.

Tiene que apegarse y promover la institucionalización porque así adquiere valor y estabilidad el PRD, a sabiendas que el nivel de institucionalización está dado por: Adaptabilidad, Rigidez, Complejidad, Simplicidad, Autonomía, Subordinación y Coherencia.

Los que aspiran a dirigir el PRD, ser líderes y candidatos deben salir hacer figuras de cambio partidario generacional, no esperar conspiración para asaltar, fájense, anden el país, dirijan, propongan, identifíquense con las bases, y el pueblo, construyan influencia y liderazgo, entonces confronten internamente, ganen por su dominio y apoyo, no por trapisonda, mentiras y complot. 

Por Fernando Peña  

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