¡Cómo disfrutaría su burla al Consejo Nacional de la Magistratura!

Por Gregory Castellanos Ruano

El Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) es un órgano de poder del Estado de los más encumbrados por dos razones: primero, porque está compuesto por representantes de los tres Poderes del Estado; y segundo, porque tiene por misión nombrar a quienes van a ser jueces del Tribunal Constitucional (TC), de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) y del Tribunal Superior Electoral (TSE).

En efecto, allí concurren: el Presidente de la República como representante del Poder Ejecutivo; el Presidente del Senado y un Senador de la oposición; el Presidente de la Cámara de Diputados y un diputado de la oposición; el Presidente de la Suprema Corte de Justicia y otro juez de la misma, el cual otro juez hace el papel de Secretario del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM); y quien detente la titularidad de la Procuraduría General de la República (PGR).

Dadas las altas investiduras ostensiblemente en juego o, lo que es lo mismo, inter accionando en la conformación de esa estructura de poder se supone que a la misma se le debe de tener mucho respeto por parte de aquéllos que concurren a hacer acto de presencia en el escenario de ella presentándose como aspirantes a ser seleccionados para esos altos escaños jurisdiccionales. Al menos creo que así debe de pensar una persona que se precie de seria, de decente y de respetuosa hacia el Consejo Nacional de la Magistratura. Pero creo que no le tiene respeto al Consejo Nacional de la Magistratura una persona que haya violado flagrantemente una prohibición de tanta importancia como lo es la establecida por el Artículo 5 de la Ley 821 de 1927 sobre Organización Judicial, que busca evitar la prevaricación, y la cual textualmente dispone así:

“Art. 5.- (Mod. por la Ley núm.481 de 1941 G.O. 5606) No pueden ser jueces, en un mismo tribunal, los parientes y afines en línea directa y, en línea colateral, los parientes hasta el cuarto grado inclusive y los afines en el segundo.

Párrafo: (Mod. por la Ley 49 de 1970, G.O. 9205). Esta incompatibilidad, alcanzará en su relación con los jueces a los funcionarios del Ministerio Público, a los jueces de instrucción, a los secretarios, a los jueces de paz y sus suplentes del mismo distrito judicial, y a los alguaciles.“

Y no sólo no le tiene respeto a ese órgano y a cada uno de sus integrantes una persona que haya violado flagrantemente dicho Artículo 5, sino que también trasluce una falta de seriedad y de decencia tener la cachaza de apersonarse a aspirar ante dicho Consejo Nacional de la Magistratura teniendo ese conflicto legal sellado en su prontuario.

Es decir, una persona que habiendo sido, por ejemplo, juez de una Sala de la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, al mismo tiempo que su esposa se desempeñaba como Abogado Ayudante o Adjunta de la Procuraduría Fiscal del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional encargada del Departamento de Fuerza Pública es una persona que está líada con ese Artículo 5 de la Ley 821 de 1927 sobre Organización Judicial.

Y si los integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura no estaban al tanto de semejante situación indecorosa y, por lo tanto, nombraron a una persona proscrita por esa disposición legal, es claro que quien logró que lo nombraran, por desconocerse esa violación flagrante a dicho Artículo 5 de la Ley 821 cometida por él, se burló de dicho Consejo Nacional de la Magistratura en su conjunto y de cada uno de sus miembros individualmente considerados, y esa burla él tiene que haberla disfrutado mucho. …Por cierto: al hacer esa burla también se burló de toda la sociedad dominicana.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

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