Ciclones desnudan sistema y salen sus lacras

Por Ramón Antonio Veras lunes 3 de octubre, 2022

I.- Ante un ciclón, aquí no importa quién sea el presidente

 

1.- No importa que esté gobernando Joaquín Balaguer, Guzmán Fernández, Jorge Blanco, Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina o Luis Abinader. Da igual que sea uno que otro; el resultado ha sido el mismo.

 

2.- Las veces que en nuestro país hace acto de presencia un huracán, ocurre la misma situación adversa para la mayoría de la población, que son los pobres.

 

3.- No es cuestión de mala suerte, porque no es posible que coincida desdicha para los que son los más, el pueblo, mientras la minoría sea bendecida por la dicha. No es asunto de fortuna o desventura.

 

4.- Nadie puede ser tan estúpido para creer que las vicisitudes de que son víctimas las masas populares, como consecuencia de los ciclones, son por la incapacidad de los gobernantes de turno, en ocasión de los vientos fuertes.

 

5.- Las causas generadoras de las contrariedades que obstaculizan la vida normal de los marginados sociales, luego de un torbellino, hay que buscarlas al margen de quién desempeña la función de presidente de la república.

 

6.- Entonces, al llegar a este punto, aceptando que aumentan sufrimiento y desesperación de quienes viven en estado de pobreza al presentarse un huracán, nada tiene que ver la persona del ejecutivo, su capacidad, ni la buena o mala suerte.

 

7.- Sin el mayor esfuerzo mental es fácil llegar a la conclusión de que el desaliento y la desmoralización que les llega a los que padecen pobreza, después de un ciclón, es de naturaleza sistémica.

 

II.- Con un ciclón, llega el trastorno al país y se ve cómo estamos

 

8.- En la República Dominicana, cada representante del poder ejecutivo, se siente trastornado, una vez toca al territorio nacional un huracán, porque salen a flote todas las lacras del sistema.

 

9.- Esa pobreza extrema que está latente; que persigue la indigencia unida a los depauperados; las necesidades que aterran; las penurias permanentes, en fin, se dejan ver de manera viva los menesterosos que habitan en los barracones.

 

10.- Las tempestades hacen posible que nos demos cuenta de la realidad que vivimos, donde una minoría lo tiene todo, y la gran mayoría nada, y lo escaso que posee el pobre se lo lleva la brisa que trae el vendaval.

 

11.- Tristeza e indignación motiva ver a nuestros connacionales sufriendo, porque se sienten impotentes ante la furia de los vientos que hacen volar el zinc que cubría el techo de su casita.

 

12.- La falta de poder de la anciana que lucha para impedir que las aguas del río desbordado, hagan desaparecer la colchoneta que le servía como cama, y sus mínimos enseres.

 

13.- Esa familia que carece de lo indispensable para el diario vivir, el ciclón recién pasado le hizo la existencia más dramática, por los momentos aciagos que ha sufrido, por el fenómeno natural que la hizo más vulnerable.

 

14.- La desgracia causada por el huracán, ha afectado material, anímica y moralmente a esa gran masa de mujeres y hombres de nuestro pueblo, que siguen siendo los lesionados de siempre, como si fueran los escogidos por la adversidad para hacer el papel de ejemplos de los peores estragos que aquí ocurren.

 

15.- Lo que la realidad ha enseñado a los pobres, es que les quieren hacer permanecer condenados a vivir de pena, muy mal, en estado de fatalidad, mientras una minoría siempre está feliz, muy cómoda y a todo dar.

 

16.- Ningún país está llamado a estar moviéndose entre el fracaso para los que son más, y el éxito para los que son menos. Lo justo es que estemos parejos, semejantes en cuanto a las posibilidades para llevar una existencia digna.

 

III.- Debemos detenernos a pensar

 

17.- El pueblo dominicano debe hacer un alto en su devenir histórico para cambiar y no continuar como hasta ahora, que su alegría depende de que no ocurra un fenómeno de la naturaleza, y si llega a estar menos apenado porque alguien, para aparentar ser bueno de ocasión, le lanza un pedazo de pan o le regala un colchón.

 

18.- Las dominicanas y los dominicanos que tienen dignidad, deben analizar detenidamente y razonar en el sentido de que, por mantener un modelo económico que solo beneficia a una minoría, la gran mayoría de la población no está obligada a permanecer en la pobreza, dependiendo de limosnas.

 

19.- Cada vez que nuestro país es afectado por un ciclón, sale esa masa de connacionales mendigantes, y el gobernante de turno se mueve al galope en procura de calmar a la multitud de pordiosear que ansiosos por un pedazo de pan inclina su cerviz con deprecación.

 

20.- Un orden social infuncional e injusto, lo que crea son personas listas para limosnear; implorar la caridad pública; ir de puerta en puerta suplicando, hincando las rodillas, extendiendo las manos para pedir una moneda o un pedazo de plátano.

 

 

 

 

Ideas finales

 

21.- Nuestro pueblo no debe continuar como hasta ahora, generando pena, motivando compasión, causando piedad, llamando a la condolencia y hecho una cosa que da lástima. Esta situación nos daña como país de honor y dignidad.

 

22.- Estamos viviendo bajo un modelo económico excluyente de felicidad; que es un estorbo para el desarrollo integral; un inconveniente para un porvenir de esperanza; una rémora para la mayoría de nuestro pueblo y una traba para que el país salga adelante como conglomerado humano que aspira a un futuro de plena satisfacción material y espiritual.

 

Por: Ramón Antonio Veras

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