Chivos y sin ley

Por Luis Cordova miércoles 22 de enero, 2020

La referencia caprina está presente en la identidad del pueblo dominicano. Sobrepasa el mote que, aún después de muerto el Jefe, continuaba empleándose en una bruma de sospecha y espanto: el Chivo; llega hasta la reafirmación del ser y estar: no es lo mismo ser un tipo “chivo”, que aquel que vive de manera providencial su realidad pero que ante dificultades “se pone chivo”.

Asistimos a una campaña electoral de nuevo formato: calendarios fatales para plazos administrativos y exigencias sin sanciones aparentes. La “rigurosa” legislación para los partidos, agrupaciones y movimientos, y la misma electoral, han quedado mutiladas en recursos ante las altas cortes. Pasado los procesos tendremos que sentarnos, como país, y evaluar la factibilidad de que nuestro Congreso continúe produciendo “leyes posibles” y no las adecuadas, las necesarias, las urgentes. ¿Hay espacio aún para actuar como “chivos sin ley”?

Un proceso eleccionario fortalece la democracia solo si es administrado bajo el imperio de normas claras, garantizando derechos y viabilizando el acceso a los mecanismos de elección donde los actores tengan la certeza de que sus votos (muchos o pocos) sean contados con rigor (en equidad) y quien acceda al cargo público electivo lo haga sin el trauma de ser cuestionado (en el nivel que sea).

Pero el problema va más allá de normas, disposiciones o proclamas. La administración del proceso debe comprender la cultura electoral del ciudadano al que se le garantiza el derecho dual de elegir y ser elegido.

Nos complicamos y nos la han complicado.  Los plazos del proceso que corre para las municipales de febrero reafirman que tenemos la misma conducta en las cúpulas partidarias. ¿Se otorga prórroga porque es inminente para la participación electoral o porque los partidos tenían la certeza de que continuaría la tradición del “chance” con unos días más de parte de la autoridad?

Los recursos sobre el proceso de primarias, asignación de cuotas y hasta la conformación total de boletas se cuentan por centenares. ¿Pasará lo mismo con los miles de candidatos que competirán el 16 de febrero próximo?

Vemos el calendario y el conteo regresivo se hace imperioso. La impresión es de que hemos ido resolviendo sobre la marcha: desde invalidaciones de candidatos con argumentos constitucionales hasta recursos para reasignación de casillas a partidos políticos, de cualquier lado siempre se tiene un doctrinario justificador al alcance de la mano o del bolsillo, como decía un spot comercial.

El imperio de la ley que demandamos es el mismo al que le tememos. Un estrecho e incómodo escenario en el que los mismos políticos se han metido, muchas veces a gusto.

Quizás el cronograma marche bien, quizás las cosas estén en orden y dispuestas para tener el final feliz que todos anhelamos y merecemos. Quizás nos estén “poniendo chivo” como una estratagema de quienes quieren seguir como “chivos sin ley”, o quizás  sea el reclamo, aún muy tímido, de ciudadanos que se resisten a que el país sucumba a merced del “chivo que más mea”.

Por Luis Córdova

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