“Celular Minutos Chateo”. ¡Cuántos se llaman así entre nosotros!

Por Rolando Fernández Miércoles 5 de Abril, 2017

Ese el nombre completo de los descerebrados dominicanos, adolescentes, jóvenes, y adultos, con “muchas cucharas atrasadas”, esos últimos, que pierden su precioso tiempo hablando sandeces por un teléfono móvil, recibiendo y digitando mensajes.

Muy penosa realidad en tal sentido, es la que vive la mayor parte de la presente masa social así compuesta, que se ha dejado conquistar completamente por el mercadeo manipulador; que ha permitido se le lave el cerebro fácilmente, y que ahora se le observa integrada por zombis, en disposición de atender, nada más que no sea, la pantalla y el teclado de un bendito celular, portado siempre como arito imprescindible.

¡Si así no se procede, no se está en la moda! Muchos entienden que no se es gente. Sin importar el lugar en que se encuentren, ya sea en sus espacios de trabajo, aulas universitarias, iglesias, reuniones con familiares, o amigos, la atención siempre se divide entre los interlocutores participantes y los aparatos en cuestión, con inclinación predominante hacía esos últimos. Pero además, los “parlanchines”, también se convierten en “carritos chocones”, cuando tienen que transitar entre grupos de personas, por estar atentos a los aparatos.

No sería osado sostener que, la tecnología mal asimilada embrutece, obnubila, disminuye el raciocinio de las personas. Porque, ¿cómo es posible un proceder de esa índole en individuos que se supone pueden discriminar en el marco de sus actuaciones?

Cómo no dar importancia a las personas que están a su alrededor; desatender a un docente cuando imparte en el aula; a las obligaciones laborales asignadas; a prever riesgos probables en una escalera, al subir o bajar; a transitar por las aceras, con áreas muy deterioradas que pueden provocar accidentes, entre otras cosas.

Y siempre, por estar hablando basuras a través de un teléfono móvil, chateando. No creemos que nada en realidad de importancia se pueda conversar de esa manera, salvo casos muy excepcionales, que obviamente estarían justificados, amén de los efectos nocivos para la salud que el uso recurrente de esas unidades representa, como ya lo ha hecho público, con bastante precisión, la ciencia médica.

Esa imprescindibilidad telefónica que se entiende, deja entrever claramente, que a muchos les han quemado el cerebro; que la inteligencia generacional actual está de capa caída, que no hay capacidad pensante.

Ahora, eso puede comenzar a corregirse entre nosotros. Todo el que utilice parte de su tiempo laboral para estar “chateando”, un término inventado, se le cancela de inmediato. Claro, con advertencia previa de que así se hará, de tal situación ocurrir. ¡Se le paga a usted para rendir una labor!

Y, en lo concerniente a los irrespetos en las aulas de clases, ¡queda usted suspendido de asistir por una semana! De hacerse reincidente en la práctica, la sanción le será aplicada por la totalidad del semestre.

Cuando el desplante se produzca al estar presente en alguna reunión de familia, o grupo de amistades, dejar a esos mal educados hablando por el celular, y alejarse, como lección severa, para inducirles a observar la regla de cortesía que procede.

A lo mejor de esa forma, los comportamientos irracionales que se verifican, en el tenor de lo que se trata, van cambiando, por parte de los llamados: “Celular Minutos Chateo”. ¡Qué clase de gente tan impensante, mamacita!