Cayo Claudio Espinal

Por Ramón Saba jueves 22 de agosto, 2019

Nació el 8 de enero de 1955 en la ciudad de San Francisco de Macorís, provincia Duarte.

Poeta, ensayista y abogado. Completó una licenciatura en Derecho en la Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y posee una maestría en Educación Superior de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Fue presidente del Consejo Presidencial de Cultura en el período 1999-2000. Es Director General de la Anticentral Contextualista, escuela de formación integral, y de la Editora Contextualista. Su poesía ha sido muy bien recibida y comentada por los periódicos culturales y suplementos literarios del país. Fue Subsecretario de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología para San Francisco de Macorís. Es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, ocupando el sillón LL, que dejara vacante el poeta y académico Lupo Hernández Rueda tras su muerte. Actualmente es viceministro de Cultura para la Creatividad y la Participación Popular.

Conocí a Cayo Claudio Espinal en su pueblo natal cuando éramos un par de mozalbetes amantes de la poesía; por aquellos días de la Guerra de Abril, 1965, época en que todos lo llamábamos cariñosamente Cayito. Formé un grupo literario al que bauticé con el nombre de “Calógenes” (Nacimiento de la belleza) y él fue uno de los primeros contactos que hice para ese círculo de jóvenes escritores. Siempre recordaré el título significativo y alegórico conque bautizó a uno de los poemas que me mostró: “Hoy no quiero hablar de fusiles”. Hoy día está considerado como una de las voces más profundas, originales y renovadoras de la poesía antillana contemporánea, expresión que escuché de labios del notable escritor dominicano Marcio Veloz Maggiolo.

 

Cayo Claudio Espinal es fundador del Movimiento Contextualista, que plantea la búsqueda de una estética de la ciencia y del contexto, la creación de una cuarta dimensión por medio de la mezcla de culturas, y la asunción de un nuevo humanismo; aunque a criterio del notable crítico de arte y literatura Diógenes Céspedes, lo importante del movimiento contextualista es que sus poetas llevan al extremo de la subjetividad, la lucha en contra de las ideologías que nuestra sociedad, y las sociedades occidentales en particular, consideran vitales para la existencia de lo serio. En primer lugar, el concepto político mayor del Movimiento Contextualista es el de país de lo nulo, metáfora que funciona semánticamente en contra de la historia dominicana tal como ha sido contada por los historiadores.

 

En el haber bibliográfico de Cayo Claudio Espinal se encuentran los siguientes poemarios: Banquetes de aflicción, Utopía de los vínculos, Comedio, La mampara (en el país de lo nulo), Clave de estambre y la antología Ápices cortados. En el género ensayo se encuentra Las políticas culturales en la República Dominicana. Su obra aparece múltiples antologías de respetable credibilidad y son muchos los escritores que le han dedicado textos y menciones de gran importancia, como Andrés L. Mateo, Miguel D. Mena, Franklin Gutiérrez, Rafael Molina Morillo, Frank Moya Pons, Cándido Gerón y Miguel Collado, entre muchísimos más.

 

Cayo Claudio Espinal ha sido merecedor de muchos reconocimientos y premios en el país, y cabe destacar entre estos haber obtenido el Premio Siboney de Poesía en el año 1979 por su obra Banquetes de aflicción.

 

El ensayista e historiador Franklin Gutiérrez considera que Cayo Claudio Espinal siguió los postulados del Pluralismo, movimiento poético dirigido por el escritor Manuel Rueda, alentado por su espíritu renovador; pero posteriormente creó el Contextualismo, una propuesta literaria vanguardista que aboga por una expresión artística en la que confluyan diferentes recursos lingüísticos, técnicos y científicos, orientados a transformar los esquemas literarios tradicionales.

 

El poeta y bibliógrafo Miguel Collado nos informa que en su libro En torno a la literatura dominicana (2013) hay una bibliografía, clasificada por género literario, titulada «272 obras recomendables de la literatura dominicana», en la cual 73 corresponden al género poético: Banquetes de aflicción (1979), de Cayo Claudio Espinal, es una de ellas. Ese texto —innovador, explorador y experimental— es un clásico de las letras dominicanas.

 

El escritor y ensayista J. R. Fernández de Cano estima que, en el momento de la aparición de La mampara, Cayo Claudio Espinal ya se había apartado intencionadamente de la estela pluralista para abanderar -ahora, como fundador y máximo representante- una nueva corriente en las Letras dominicanas. Se trata del Contextualismo, “cuyo eje creativo central -según el propio autor- se mueve a través de géneros, artes y textualidades diversas“. Fruto de la reflexión sobre el arte y la pasión sobre el mismo, el Contextualismo -creado por Espinal en 1989- postula algunos valores de corte vanguardista, como la búsqueda constante de la novedad por medio del lenguaje; y añade otros rasgos bien representativos de la mentalidad post-moderna propia de la época en la que surgió, como el eclecticismo de ciencias, materias y disciplinas del saber (con especial atención a la preponderancia participativa de las ciencias), la simbiosis y el mestizaje de culturas (con predominio de la judía, la japonesa y la africana), y la combinación de vanguardia y tradición (bien patente, por ejemplo, en la recuperación de viejos géneros al lado de la invención de otros).

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de un poema de Cayo Claudio Espinal:

 

Acontecen neblinas (I)

 

En la tierra, en la tierra

donde caen los árboles de nadie

(de nadie caen los árboles dónde?)

en la nada (allí se crea lo perecedero).

Allí, oh, es el tránsito, el origen, la muerte,

Por los siglos de los siglos, aquí.

Aquí el hervor de lágrimas dirías,

Dirías, oh, eje, oh, eh, ay.

¡Oh ángeles! Dirías, yo soy el acto

Y todo pasado el tiempo al que te abandonas

con una girante flor llena de aspas.

Desoye la edad, te dirías

como desoye su edad la luz y el espacio,

pues, como podrías tocar

ni siquiera la sensación de la gota, (su frío)

si no eres el hombre que se presiente

y comienza a palpar la eternidad

en la tierra, en la tierra.

 

Por Ramón Saba

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