Carroñeros de la sociedad dominicana

Por Gerson de la Rosa martes 12 de septiembre, 2017

En la medida que desaparecen los carroñeros de la naturaleza, inversamente ciertos sectores sociales se apropian de la cualidad de vivir de las desgracias humanas y de seres en descomposición. Al contrario de aquellos animales, localizadores de sus fuentes de vida por el hedor, hoy somos testigos y objetos de incitaciones a convertirnos en una masa purulenta.

La explotación, a través de las denuncias sistemáticas, de los males sociales inherentes, sin propuestas de soluciones, es carta de triunfo de los malvados. La conversión del seno familiar en un pandemonium, es su principal estrategia. El enfrentamiento en esta, por unos derechos racionales individuales que siempre existieron, entre el padres, la madre y los hijos, caracteriza la sociedad neoliberal y de las ONG.

La burla con la cual cierta editorialista se mofó del llamado de algunos a rescatar el rol de la familia, debe obligarnos a hacer un alto en el alocado e indiferente estilo de vida del momento. Nos extraña que no haya cuestionado esa debilidad manifiesta en nuestra identidad de aspirar a vernos y actuar como el blanco desalmado, corruptor y matón.

Con la llegada al poder del PLD, entramos en un proceso progresivo de deterioro del Estado dominicano y con él de todas las instituciones que les sirven de base. Con prisa, nos encaminamos a su plena incapacidad de responder a las exigencias educativas, de salud y seguridad. Debilitado este, se abren grandes posibilidades a sus aniquiladores. De forma estratégica van acumulando recursos para, en los momentos indicados, “alzarce con el santo y la limosna”.

Sectores ayer de vanguardia entendieron bien las lecciones de “nuevos paradigmas” y “visión de futuro”. Para ellos, a resultado provechoso adherirse, dejarse llevar, que poner resistencia al curso impuesto por Estados Unidos, la Unión Europea y los Organismos internacionales controlados por ellos. La acriticidad viene impuesta con mandatos subvencionando las ONG, bocinas de las decisiones tomadas en zonas templadas.

Nos han declarado una guerra semántica. Las palabras hoy, por disposición de quién sabe, no significan lo mismo. Con igual significado nos imponen, con un intelectualismo estúpido, otras palabras. Lo peor de todo es la ligareza y elasticidad de la asunción y asimilación en nuestro argot y medio. Uno o dos talleres bastan para su incorporación. El que no lo asume, es un atrazado, desfazado y quedado atrás como la mochila. ¡Qué dictadura…!

Un amasijo de “instituciones sin fines de lucro” se ha adueñado de la palestra. La desaparición de las organizaciones de base llevan a las anteriores a tener asiduos voceros de ONG y presentarlos como transmisores sociales de los pareceres y sentimientos populares. Tales presencia y las obligadas participación en las comisiones que intentan resolver crisis, nos dan sensación de compromiso social. La observción cuidadosa del origen y su agenda; su estilo de vida; la financiación de sus acciones y otros, desdice de los sentimientos que simulan, supuestamente captamos y sus reales objetivos y obras.

Un Estado privatizador, despojado de todos sus compromisos con la población, necesita de una “sociedad civil”, para confundir. Los países y financistas que las sustentan tienen en estas voces firmes aliados para frenar posibles controles a los abusos de sus operaciones malsanas.La defensa de los derechos individuales de las minorías, son encubrimientos intencionales de objetivos económicos claros y definidos.

La “sociedad civil” ahora está abocada a una lucha contra la corrupción. ¿Será su lucha? Los recursos, la vocinglería en su seno, la organización de las acciones, la movilización de los sectores

apoyantes y la reacción de las autoridades ante estas protestas crean suspicacias de los objetivos últimos. Si bien debemos estas de acuerdo con esa lucha, bajo ningun concepto debemos ser títeres de un titiritero del cual desconocemos sus intenciones. Esas manifestaciones deben ser extensivas contra las relaciones perjudiciales para la sociedad entre los sectores público-privado, las manipulaciones de las transnacionales y, por qué no, la eliminación de la posiblidad de financiación de ONG por entes extranjeros.

Desde los organismos internacionales se viven haciendo estudio con el firme propósito de enrrostranos lo mal de nuestra convicencia. ¡Tienen prisa en crear una sociedad a imagen de sus pensamientos! Lo mejor de todo es, el corifeo de los personeros dependientes y la prensa dominicana, convertidos en baules y cajas de resonancias de situaciones seguramente conocidas por ellos pero de poca relevancia hasta ser presentada por una institución supranacional.

La verdad es, entre tantas exigencias por los derechos de las minorías, los de todos se hacen añico. Los más conspicuos defensores deestos son tímidos ante realidades como la de un sistema de salud colapsado y sus subsecuentes consecuencias nefastas. Como este tema no forma parte de su agenda y lo que devengan les alcanza y sobra para sus gastos médicos…el pueblo debe preocuparse de sus problemas. ¡De ahí salen los pricipales llorones cuando todo se complica y se les cierran todas las compuertas de búsqueda!

Somos una sociedad con serios problemas estructurales. El enferntamiento de estos exige de alguien verdaderamente comprometido, dispuesto a enfrentar a todos los grupos saprófitos descomponeros de la dominicanidad. La experiencia en otros lados señala la siempre solidaria amistad de otros sinverguenzas que vendrán, con manipulaciones y tergiversaciones, a tapar y defender las malas acciones de esos dañinos. La solidaridad entre los más sufridos y pobres es más difícil establecerla.

Aunque es positiva la actual lucha, creemos en su extensión a todo el espetro social dominicano. Para esto, sin duda debemos auxiliarnos de los tradicionales valores originarios de lo que persiste en nosotros de identidad. Evitemos manipulaciones y trabajemos en sacudirnos los parásitos que nos carcomen.