Cápsulas para Sobrevivir en Cuarentena: ¿Y tu desescalada, cómo va? (Parte 1 de 2)

Por Martha Rivera-Garrido lunes 25 de mayo, 2020

Se repite como un mantra aprendido, que el mundo no será el mismo después de esta pandemia. Se dice hasta el cansancio de la manera más light, llegando a convertirse esta afirmación en una frase manida. Pero casi a la mitad de un año vivido global y simultáneamente en confinamiento, hay mucha gente que se pregunta qué significará exactamente eso en lo adelante. ¿Se transformarán las prioridades de quienes gobiernan el mundo? ¿Priorizaremos nuestros sistemas de salud y sanitarios? ¿Estaremos preparados si vuelve a ocurrir? ¿Habremos aprendido algo durante las cuarentenas? La importancia del amor y del abrazo, quizá? ¿Valoraremos más a quienes se juegan la vida siempre en situaciones catastróficas? ¿Seremos mejores seres humanos?
Casi todos los países están entrando en una etapa de la pandemia que se llama desescalada.

Se abren los espacios urbanos y las fronteras, se permite a la gente asistir al trabajo y se acaban los estados de emergencia, todo procesual, paulatinamente. No hay todavía vacunas contra el coronavirus que nos ha puesto en estado de sitio, pero por una necesidad impostergable, debemos entrar en la posible etapa del contagio de manada, asumir el riesgo que siempre ha sido vivir, e intentar producir una manera de vivir aunque estemos amenazados.
Más allá de todas las teorías conspirativas que desbordan nuestros adminículos electrónicos y de las cifras que se actualizan en tiempo real constantemente, hasta el momento en que escribo estas notas lo oficial es que cerca de 5.41 millones de personas se han contagiado de COVID-19 en el mundo y 345 mil han sido pronunciadas muertas por la enfermedad.

Pero hay cifras más espeluznantes y sombrías todavía, tras las cuales quizás subyace algo de eso que la gente repite constantemente sembrándose en los imaginarios: El mundo es otro, ha cambiado. A lo que casi nunca se añade otra importante coletilla: tenía, tiene, tendrá que cambiar.

Antes de que terminen las desescaladas, se conozca mejor el virus que ha ocasionado todo esto, vengan segundas y terceras olas de brotes, y empiece la gente a tomar confianza y abrazarse de nuevo, sería bueno pensar un poquito más profundamente en lo que viene a ser “the new normal”, como dicen los influencers en las redes sociales, con una espantosa superficialidad.
Al interno del mercado laboral considerado a tiempo completo, de acuerdo a las proyecciones de la OIT, “en el segundo trimestre (2020) el número de horas de trabajo en el mundo debería ser del 10,5 por ciento inferior al último trimestre anterior a la crisis. Ello equivale a 305 millones de empleos a tiempo completo (afectados), lo cual representa un deterioro significativo en relación a las anteriores previsiones”. En numeritos simples, cerca de 200 millones de personas están en riesgo de convertirse en desempleadas. En el caso de los trabajadores informales, se calcula que 1.6 BILLONES están siendo impactados dramáticamente por las medidas de confinamiento.

Pero la cifra más espantosa es la del hambre, y no es nueva. Hasta finales del pasado año 2019, 135 millones de personas sufrían hambre extrema en nuestro planeta. Ahora la ONU advierte de que el mundo está a punto de enfrentarse a una hambruna de “proporciones bíblicas”, con 265 MILLONES de personas padeciendo de inanición. Lo cierto es que para esa pandemia llamada hambre en el mundo, que duplicará sus cifras de muertes en el año del coronavirus, no se ha unificado nunca un criterio, no se ha pedido que se aplane la curva… jamás.

Todo lo anterior se traduce en que quienes se encuentran sobreviviendo precariamente, caerán; y esa caída ha de verse en cuanto se levanten los estados de emergencia en la sobrevivencia misma, con la imposibilidad de asumir las obligaciones de pago de servicios, que han sido “perdonadas” durante la emergencia, ahora acumuladas. Habrá que pagar, y no todo el mundo podrá hacerlo. Parece que solamente un 20% de la humanidad logrará pasar a la siguiente fases sin deudas y sin desasosiego. El resto tendrá que sufrir, de una u otra forma, el impacto de una recesión económica que ya se siente en casi todos los países del planeta.

La traducción en numeritos no es solamente la que siempre se ha manifestado en la pobreza extrema; además del hambre vendrá más muerte por enfermedad, hacinamiento, depresión, inanición, incapacidad. En resumidas cuentas, más allá de lo fáctico, del hecho de que la mayoría de los liderazgos se han puesto en cuestionamiento en lo que va del 2020, el panorama es insoslayablemente tétrico. Sí… el mundo será distinto, y lo más impostergable a pesar de la insistencia en un retorno a la llamada “normalidad”, es que TENDRÁ que cambiar, a causa, no directamente de la pandemia, sino de la perturbadora, criminal evidencia ya insoslayable de un concepto llamado DESIGUALDAD. Más evidente que nunca, más asesina que nunca, más insufrible que siempre. El mundo tendrá que cambiar… pero ¿lo hará?

En tanto llegamos a la mitad del 2020, redes sociales y medios de comunicación se encargan de informar todo lo desinformados que realmente estamos; lo poco o mucho que sabemos del virus que nos ha puesto en jaque, y el debate de si era o no necesario el confinamiento. Pero lo cierto es que, con razones o sin ellas, la pandemia puso en pausa a una humanidad deshumanizada, es decir, en negación completa de su propia esencialidad.

Se recuperó un poco la capa de ozono, respiraron otras especies, se reencontraron valores condicionados por lo que hemos llamado amor, se ha padecido con muchísimas razones la conmiseración, se ha descorrido el tupido velo de nuestras soledades, mientras cientos lloran los muertos por la pandemia. El asunto es que ahora nos toca llorar, más que la muerte, a la vida misma, cuando consciente o inconscientemente se rescata en los imaginarios el valor de lo poco o lo mucho que se tiene, frente al concepto que nos plantea ese absoluto que es la NADA.
El neoliberalismo, los viejos liderazgos, las prioridades de los gobiernos, la obsoleta preeminencia del mercado y la mercadología, el concepto de “normalidad”, todo se coloca en el borde del tablero cuando van cambiando indefectiblemente las reglas del juego.

Entonces, no solamente los países, sino cada uno de los seres humanos del planeta Tierra están conminados a alguna manera de desescalada. ¿Cuál es la tuya? ¿Has pensado en ella? ¿Cómo será el cambio de tu mundo personal?

Esta es la primera parte de dos artículos finales para esta columna que improvisé durante la cuarentena. En la próxima hablaremos de la necesidad de transformar radical y urgentemente nuestros estilos de vida, de una vez por todas, para ser consecuentes con lo que viene, con lo que está llegando… con lo que para muchos ya llegó. Hablaremos de como necesitamos exigir y resistir, y de lo que modestamente, cada uno de los seres humanos conscientes y pensantes y sufrientes estamos en la obligación de hacer.
Por ahora intenta reflexionar sobre lo que realmente contiene esa frase de que “el mundo no será el mismo”. Porque no es solamente tu país, ni todos lo demás, que están en desescalada. Hace rato que tú deberías estarlo también.

Por Martha Rivera-Garrido

Sobre la autora: Es dominicana, poeta, narradora, ensayista y articulista de opinión. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y es reconocida internacionalmente, en numerosos idiomas, tanto por sus libros como por su presencia constante en el internet y en sus redes sociales. riveragarridomartha@gmail.com

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