Cápsulas para Sobrevivir en Cuarentena: La casa

Por Martha Rivera-Garrido lunes 23 de marzo, 2020

Llevo doce días y doce horas en cuarentena. Por ser asmática la inicié aun antes de que se convirtiera en mandatoria. Durante ese tiempo, le he dado un millón de veces la vuelta al pensamiento tratando de  encontrar una manera de ayudar desde mi encierro. En principio me dediqué a informarme a través de todas las fuentes consideradas confiables, y empecé a ve al mundo transformarse en otro mundo, intentando ser racional para llevar a mis lectores y lectoras algún resumen útil de lo que iba comprendiendo, a través de mis redes sociales. Después llegó el momento en que el volumen de información a través de estas era imposible de digerir sin algún vértigo. Pero, como todos, me entretuve mirando a las celebridades mundiales compartir su cuarentena por Instagram, me reí con la gente que quiere hacernos reír un poco en estos días, hablé por teléfono con personas mías a veces olvidadas y siempre entrañables, a las que hacía tiempo no contactaba, y lloré un montón cuando me di cuenta de que nada ya sería igual para nadie en ese después que tememos.

Pero también entendí que todo lo que es grande se vuelve un poco más chiquito cuando lo compartimos, y que el aprendizaje cotidiano de este vivir en confinamiento terminará de alguna manera fundando nuevas culturas humanas, en las que la sobrevivencia  estará determinando cómo asumimos cada día nuestros proyectos y expectativas. Supe que dentro de todo esto subyace la perspectiva esperanzadora de que retomaremos nuestras vidas en lo adelante con mucho más cuidado de lo que lo hemos venido haciéndolo, con respecto a nuestros otros y al planeta. Hemos dado muchas cosas por sentadas que de repente no están ahí y no estarán en lo adelante, de la misma manera en que estuvieron.

Entonces, hay un aprendizaje también racional que compartir, y me pongo inmediatamente en modo de hacerlo escribiendo. Sobre todo para las mujeres, que somos las grandes armadoras, las grandes administradoras, las grandes organizadoras del planeta. Y anoté en mi pequeño diario cada día un par de cosas, que desde hoy he decidido compartir con ustedes.

La casa, la cocina, el abastecimiento, los niños, los hijos y los nietos, el ocio improvisado de quienes han vivido sometidos a rutinas y horarios muchas veces esclavizantes, las relaciones interpersonales en tiempo de distanciamiento social necesario, bueno… todo eso.

Hoy comienzo con la casa, que para algunas y algunos se ha convertido en un verdadero reto, dado que en nuestro país todavía el servicio doméstico es una gran ventaja para un enorme porcentaje que disfruta de éste. Esas “muchachas del servicio”, que cocinan, limpian, cuidan los niños y son hasta enfermeras de los más viejos, vienen manejando nuestros hogares desde que tenemos memoria, pero en esta coyuntura sin precedentes también esa fuerza nodal laboral está acuartelada en sus propios hogares, con suerte. Las que trabajan por horario y no “con dormida”, y que constituyen la gran mayoría en estos momentos de la clase media, o han sido instruidas para quedarse durante la cuarentena en sus casas, por el peligro que implica su constante movilidad, o han decidido por sí mismas hacerlo.

Día a día, he aprendido que no podemos, no podremos sustituirlas sin un enorme agobio por parte nuestra.  Estamos demasiado acostumbrados a que nuestras casas sean limpiadas diariamente (cosa que implica un irracional consumo de agua en medio de la crisis medioambiental de nuestro planeta), a que alguien cambie las sábanas los viernes, limpie los cristales los lunes y los abanicos los martes, etc.

¿Saben qué? No hay necesidad de angustiarnos, cuando la angustia de un mundo incierto como el que vivimos en estos momentos es omnipresente. La normalidad no existe como la conocíamos, y nuevas rutinas deberán dar paso a otras maneras de vivir nuestras cotidianidades. Estamos en búsqueda de una nueva normalidad.

Algunas cositas que pueden ayudarnos con la casa, las resumo de inmediato, y de eso se trata esto.

1. No tienes que limpiar todos los días, de hecho esto de “un día a la vez”, con la casa es con lo primero que tenemos que asumirlo.

2. Involucra a toda tu familia, poca o mucha, en las labores domésticas. Asigna cosas como fregar, sacar la basura, etc., a diferentes miembros.

3. La semana tiene siete días, proponte que alguna habitación o área de la casa, puede ser limpiada cada día, olvidando las demás. Por ejemplo: hoy barrí y trapeé la sala, mañana toca al estudio, pasado  la habitación de fulano o fulana, etc.

4. El aseo de los baños es importante, pero tampoco debe convertirse en un trauma. Pon en cada baño una escobilla para el inodoro y diariamente limpia solamente el interior de éstos con algún detergente para esos fines. Ten una esponja en alguna esquinita de tu bañera y cuando te bañes, pásala por la superficie de ésta.  Con otra esponjita puedes limpiar los lavamanos; te tomará menos de dos minutos hacerlo.

5.  Si tienes lavadora, que es junto a la estufa el electrodoméstico  priorizado por gran parte de la población, no laves todos los días. La gente no está asistiendo a los trabajos, no hay uniformes escolares pendientes. Lava una o dos veces por semana, discriminando entre ropa oscura y clara. Si tenías un canasto para la ropa sucia, prepárate a verlo super lleno sin inmutarte.  No es una prioridad en estos momentos.

6.  Concientiza a tu familia en el uso de prendas de vestir que no necesiten planchado. Algunas de las que lo “necesitan”,  puedes usarlas sin hacerlo. Verás cómo después de quince minutos de tener una ropa un poco arrugada puesta, esta se estira con la tibieza de tu cuerpo. El planeta, la libertad y tu salud mental, van a agradecerlo.

7. La “ropa fina”, ponla un tiempecito en agua con detergente. Enjuágala y cuélgala en una percha al aire. Será suficiente.

8. Hazte un poco de la vista gorda con los regueros. Estamos en cuarentena y la gente anda  medio aburrida y reguereteando por la casa; date ese pequeño sosiego.

9. Cada persona debe hacer su cama y recoger su habitación, y si no, sencillamente cierra esa puerta y olvídate de que existe . Te lo mereces.

La próxima vez les hablará sobre la cocina, y será un gran placer hacerlo.

10. Después de la pandemia, se calcula que un enorme porcentaje de la población humana sufrirá el síndrome de stress post traumático. No te permitas que tu casa, sea una razón para que tú seas parte de ella.

Que todo esto nos sirva para la pandemia o sin ella. Con menos emisiones de gas, gasto de agua, consumo eléctrico, seguiremos después ayudando al planeta.

Por: Martha Rivera-Garrido

Sobre la autora:

 Nació en Santo Domingo,  República Dominicana, el 19 de enero del 1960 y es biznieta del gran poeta dominicano Gastón Fernando Deligne.

Es poeta, narradora, ensayista, investigadora y articulista de opinión, destacada en la promoción literaria denominada “Generación de los 80s”.

 

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