Cápsulas para sobrevivir en cuarentena: El arca de la memoria

Por Martha Rivera-Garrido viernes 27 de marzo, 2020

Estos primeros meses del año 2020 serán recordados como aquellos en los que iniciamos, desde una exposición  sin precedentes de nuestras vidas en años recientes, hacia afuera (redes sociales, selfies, posts, fotos, historias documentadas del día a día de líderes, estrellas del entretenimiento, pensadores, artistas, etc., así como de la gente común ) un retorno. Un viaje hacia adentro.

No hemos dejado de estar expuestos y sin embargo, paradójicamente, esa exposición misma se ha transformado, sin darnos cuenta, no solamente en un descubrimiento de muchas certezas con las que hemos convivido siempre y que hemos dado por sentadas , sino en la documentación trascendente de un momento histórico portentoso y transformador, una coyuntura extraordinaria en la que somos testigos y protagonistas de cómo el mundo está dejando de ser el que conocíamos.

Este será el primer hito histórico de la humanidad constantemente documentado en tiempo real, constituyéndose cada uno de los testimonios que lo desbordan en un arca de la memoria humana también sin precedentes. A principios de semana, como en un momento de iluminación, mi hijo menor me dijo: “Mamá, no botes los periódicos impresos, vamos a guardarlos en la biblioteca, para quienes no vivieron estos momentos”.

Muchas serán las generaciones por venir que leerán en los textos escolares, en los libros de literatura , en los ensayos científicos, narraciones y descubrimientos sobre esta pandemia que tiene en jaque a un planeta entero; contemplarán obras de arte, escucharán piezas musicales y verán películas referidas a ella, de la misma manera en que las últimas generaciones posteriores a la 2da. Guerra Mundial, al holocausto judío, la Guerra Fría, las grandes depresiones, etc., hemos venido haciéndolo sobre las crisis transformadoras que nos precedieron.

Pero a pesar del volumen vertiginoso de información que recibimos segundo a segundo, a pesar del pánico de muchos y muchas, de la incertidumbre, de la pregunta constante de “qué pasará después” , de los pronósticos sombríos para las grandes y pequeñas economías del planeta, a pesar de la tristeza con que recibimos las noticias de fallecidos cercanos o lejanos y vemos el caos que están enfrentando  los países donde colapsan los sistemas de salud uno tras otro, a pesar de todo eso, es necesario que reflexionemos y atesoremos en esa arca de la memoria, desde la que nuevas culturas serán fundadas, el aprendizaje poderoso de la belleza que subyace en la sobrevivencia. En cada sobreviviente.

De modo que en estas cápsulas enumeraré ciertas cosas que estamos aprendiendo o desaprendiendo, simultáneamente, no solo con la intención de que queden documentadas, sino de que las pensemos. Algunas siempre estuvieron ahí, siempre fueron así, pero no nos dábamos cuenta.

1) Hemos aprendido, en todas las clases sociales, desde ilustrados hasta analfabetos,  a lavarnos las manos correctamente y con frecuencia. Esta siempre ha sido unarma poderosa para garantizar nuestra salud, que depende en un gran porcentaje de nuestra higiene personal. Siempre ha sido así; simplemente ahora, hacerlo es un asunto de vida o muerte.

2) Estamos aprendiendo a no desperdiciar (no nos había servido de nada leer sobre las plagas bíblicas de Egipto). Ponderamos la mejor manera de administrar nuestro abastecimiento de alimentos y artículos de primera necesidad, en desmedro de todo lo que hemos venido derrochando en un mundo de amplias desigualdades. “Guardar pan para mayo y harina para abril…”.

3) Por primera vez tenemos la descarnada evidencia de que TODOS SOMOS IGUALES, y de que hay cosas que el dinero y el poder no pueden comprar ni resolver;  y no hablo solamente de la salud o de la lotería macabra que juega el virus, sino de nuestro acceso a medicamentos, tecnología médica, clínicas, hospitales, atención de primera.  Tener o no la garantía de la vida en estos momentos, es una angustia y una interrogante que compartimos igualitariamente.

4) Estamos valorando hasta nuestras despedidas. Viejos rencores apaciguados, perdones en desbandada, deseos de extender los brazos hacia gente que siempre nos ha querido y estado ahí, pero a la que tal vez no hemos correspondido como se merece. El simple hecho de despedirnos de nuestros muertos es ahora casi imposible, tanto como lo es tomar un avión y llegar en horas a donde se encuentran muchos de quienes amamos.  Lo distópicoque nos parece el pronóstico terrible de vivir en un mundo sin abuelos.

5) Nuestra ceguera hacia tantas cosas que dábamos porsentadas está en remisión.  Lo que estuvo siempre ahí, que en la prisa de cada día dejamos de VER, hoy toma una nueva dimensión. Los afectos, la evidencia de a quiénes realmente importamos y con quiénes de verdad contamos. La seguridad de nuestro entorno nuclear, el refugio que significa tener un techo, un hogar, y en él muchísimas cosas que nos alivian el alma y nos resuelven la vida.

6) Ya para nadie es un secreto el valor del instante. La certeza de que nuestras vidas pueden cambiar en un segundo. De que podemos tenerlo todo y más, o nada, ser plenos o no, en un segundo que es eterno.

7) Conocemos el rostro de muchos héroes y heroínas. Algunos vienen a traernos un delivery del colmado. Otros entregan sus vidas en los hospitales, en sus oficios o en la calle para que millones sobrevivan a estos días inciertos. La solidaridad sin límites de la que somos capaces los seres humanos llega al punto en el que muchos que tienenproyectos personales y podrían usar estas cuarentenas para terminarlos, están más pendientes del proyecto posible de humanidad que seremos, y entregando lo que puedan a éste.

8) Ya empezamos a descubrirles las máscaras a muchísima gente que nos rodea. Los egoístas, los indiferentes, los desentendidos de todo lo que no pase adentro de su círculo o de sus casas. Los esencialmente superficiales. Es en sus prácticas, en sus discursos y en sus cotidianidades, que los estamos conociendo. Muchos con acceso a la tecnología no tienen ni el detalle de acompañar positivamente a nadie en sus propias redes sociales.

 

9) El amor en tiempos del coronavirus se está tornando más productivo, con menos expectativas, demandas y apego. Estamos profundizando nuestros afectos.

10) En lo adelante, sabremos que el tema de la seguridad social y los sistemas de salud pública de cada país, son,junto a la educación, de una prioridad extrema.

11) Vamos viendo quiénes son los verdaderos líderes. Algunos emergerán de nuestras propias comunidades. Y sobre todo, ya conocemos quiénes deben ser nuestroslegítimos influencers: no los fashion bloggers o los obsesivos del trending que se benefician de la explotación del mercado opresor, o nos han banalizado hasta la inconsciencia, sino los que cada día llevan soluciones, aliento, información y preocupación a quienes influencian.

La supremacía de la era del mercado se tambalea. El planeta, en su pausa regeneradora y sanadora, en medio del silencio que abraza las ciudades y las calles del mundo, gira incesante transformando al género humano que lo ha dominado y al mismo tiempo lo ha estado maltratando y destruyendo. Si bien no sabemos mucho de lo que pasará, cuál será el país más poderoso del mundo después de esta crisis sin precedentes  o cómo arrancaremos a vivir una novel manera de ser normales, podemos estar seguros de esto: Hemos vuelto a mirar por las ventanas y a desempolvar los balcones. Hemos retornado a casa.

Por: Martha Rivera-Garrido*

*Sobre la autora: Es dominicana, poeta, narradora, ensayista y articulista de opinión, destacada en la Generación de los 80´s. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y es reconocida internacionalmente, en numerosos idiomas, tanto por sus libros como por su presencia constante en el internet y en sus redes sociales.

 

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