Caos en el tráfico vehicular dominicano

Por Rolando Fernández martes 17 de septiembre, 2019

La verdad es que, en los países donde nada se ordena, y mucho menos se planifican las cosas en favor de la gente; donde el objetivo estatal prevaleciente es la recaudación fiscal, por sobre todas las cosas, como es lo que ocurre en Dominicana, de ordinario se tienen espectáculos viales tal es el que aquí se verifica, sin importar horas del día; ya no es cuestión de pico, o no, es en cualquier momento.

Por doquiera uno se encuentra con taponamientos de vehículos a granel, impidiendo los desplazamientos requeridos, sin importar las urgencias que se puedan presentar a conductores y pasajeros a bordo de los automóviles en plenas vías de tránsito; como, las serias urgencias de atenciones relativas a la salud propiamente, entre otras circunstancia.

Cuán desesperadas se encuentran las personas en ciertos momentos de esos, en relación con la temática abordada, y sin ninguna autoridad que les socorra de inmediato.

Los taponamientos vehiculares en las calles y avenidas de este país, se han convertido en un fuerte dolor de cabeza para la población, y sin calmantes a la vista. Constituyen en el presente un caos descomunal, y sin medida correctiva estatal alguna que se advierta venir.

Todo lo contrario, el grueso de la población se está inclinando por creer que se promueven desde algunos litorales gubernamentales, a través de sugerir ciertas maniobras de dirección por los agentes de tránsito destacados en las esquinas de mucha afluencia vehicular, en busca de una mayor recaudación de impuestos, por los gravámenes con que se cargan excesivamente los combustibles, y cuyo consumo se dispara con el cúmulo de vehículos allí varados, sin poder avanzar.

Por lo que, se aprecia que determinadas situaciones de esas, en algunos puntos de la ciudad capital, son provocadas adrede, por los mismos agentes de la AMET allí de puesto, dirigiendo el tráfico vehicular, medalaganariamente, de forma muy subjetiva, a pesar de la existencia de semáforos disponibles en las intercepciones; y, se infiere que, obedecen a órdenes superiores dictadas, por las actitudes descabelladas, y recurrentes, con que muchos de esos proceden.

Es obvio que, no se piensa en las circunstancias fortuitas que se puedan presentar en conductores y pasajeros, respecto de la salud misma de esos. ¡Qué se esperen hasta que yo quiera!, se puede leer con facilidad en los rostros de algunos de los miembros apostados en las equinas, para dirigir se supone; no para estar acechando supuestos infractores, y multando gente sin contemplación ninguna.

Causales diversas las hay respecto del desorden vehicular que se registra actualmente en Dominicana, y que exige ya se procure “ponerle el cascabel al gato”, tal se dice, pero en los variados sentidos que se destacan; como, el dejarse de estar “agarrando el rábano por las hojas”, y nada más, a manera de excusas para justificar. Así lo parece cuando solamente se habla, entre otras, de la “cantidad de vehículos obsoletos que ruedan por las vías locales”.

Y, por qué no referirse a controlar la excesiva importación de vehículos, para hacerle así frente a la insuficiencia vial que tiene el país – ¡alta recaudación fiscal, intocable, verdad! -, a nivel de la Dirección General de Aduanas.

Qué no se tengan infractores privilegiados, cuando se violen las reglas, o normas regulatorias dictadas al efecto; la aplicación de un régimen de consecuencia efectivo, en lo concerniente a la Ley General de Tránsito, y las normativas conexas a la misma; como, de eficientizar las funciones de la AMET, en que se incluya una supervisión apta a los agentes colocados en las calles y avenidas de la República.

También se debe ponderar, como complemento, una remuneración justa, y razonable por demás, para esos servidores públicos, a los fines de evitar los eventuales “macuteos” callejeros, como las displicencias con que algunos trabajan.

De todas esas cosas hay que hablar, en sus intervenciones públicas, señora directora del INTRANT, con las recomendaciones debidas; y, no enfocarse con insistencia marcada en la cantidad de vehículos obsoletos que transitan dentro del parque.

Es obvio que, esa situación en parte afecta, no cabe duda, pero lo medular del problema de que se trata, no está solamente ahí; sino que, hay otros ingredientes de mayor importancia que influyen, se podría decir, sin temor a equívoco alguno. ¡Vamos a agarrar el toro por los cuernos!, si en verdad se quiere ayudar a combatir esa terrible problemática.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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