Caonabo y Puerto de Plata

Por Gregory Castellanos Ruano

“Sindara sintió un dolor más agudo al ver a través de la llanura la belleza de esta tierra sobre la que había gobernado. Pensó que nunca había visto algo tan hermoso como esta tierra verde y alegre, y un dolor en su corazón, una sensación de pérdida y un vacío doloroso que nunca podría ser llenado.“

“Tenía lágrimas en los ojos y un dolor punzante en el corazón“ … “porque nunca volvería a ver ese lugar.“

“Volvió la cabeza de nuevo y, por última vez, quedó cegado por las lágrimas y con su pesado destino a cuestas.“

(Kunnet, Henry: El Devorador de Almas)

Muy probablemente el título les resultará a algunos algo extraño y se preguntarán: ¿Qué tiene que ver Caonabo con Puerto de Plata?

Por lo general cuando se tiende a asociar el nombre de Puerto Plata con visitantes distinguidos que la misma ha tenido casi siempre salen a relucir personalidades del siglo XIX y  del siglo XX (así, entre otros, se suele mencionar a Antonio López de Santa Anna, Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, Antonio Maceo, Ramón Matías Mella, Ildefonso Mella Brea, Ulises Francisco Espaillat, Ignacio María González, Manuel Rodríguez Objío, Federico García Godoy, Fernando Arturo de Meriño, Lic. Américo Lugo, Máximo Gómez, Eugenio Dechamps, Salome Ureña de Henríquez, Mister Read, José Eugenio Kunhardt, el Padre Basden, etcétera), pero lo cierto es que también en la época colonial Puerto de Plata tuvo la visita de algunos visitantes distinguidos.

Entre ésos de la época colonial está el bravo guerrero con ascendencia de sangre Caribe vengador de los agravios de los españoles que se quedaron en el Fuerte de La Navidad, el temible guerrero que se convirtió en azote y preocupación de los conquistadores y colonizadores españoles debido a que ponía en ascuas dicho proyecto de conquista y colonización; dicho guerrero efectivamente estuvo de visita en Puerto de Plata: entró a la Bahía de Puerto de Plata y es muy, pero muy posible que sus ojos contemplaran los puntos distintivos de Puerto de Plata: dicha bahía y el Monte de Plata.

El ingrediente especulativo es porque dicha visita de Caonabo a la Bahía de Puerto de Plata no se correspondía con una visita que él hiciera voluntariamente a pie ni tampoco con una visita a bordo de una canoa a Puerto de Plata en algún tiempo previo a la llegada de los españoles.

La fuerza, los acontecimientos, la fuerza de los acontecimientos lo llevaron a sentir los vaivenes de flotar sobre las aguas de la Bahía de Puerto de Plata.

Primero estuvo preso en La Isabela, situada en territorio de lo que hoy es la Provincia de Puerto Plata.

Ello ocurrió después de los españoles chocar con los indígenas en la llanura de La Vega, específicamente en el Santo Cerro, donde, según los hispanos, tuvo lugar la aparición de la Virgen de Las Mercedes, la cual, de acuerdo a dicha narrativa, les infundió ánimos para poder derrotar a los aborígenes, cuyos espíritus esa aparición conturbó y asustó, permitiendo que la balanza se inclinara en favor de los españoles (siempre según los hispanos).

De conformidad con dicho relato, obviamente manipulado o quizás los españoles estuvieron tan asustados que creyeron que los que sobrevivieron a la batalla sobrevivieron gracias a su adoración a la virgen, los indígenas supuestamente quedaron aterrorizados, entre ellos Caonabo, de tal suerte que mandó a sus gobernados a retornar a sus bohíos y a dejar de agredir a los españoles en todos los lugares donde habían estado asediándolos. No obstante el aparente apaciguamiento, quizás una treta en curso de Caonabo, Colón estaba sumamente resentido con el cacique indígena por los diferentes “malos ratos“ que les había hecho pasar a los ocupantes y, por ello, tras su retorno a La Isabela, le imparte la orden a su “perro de presa“ Alonso de Ojeda capturar al cacique. Para ello idearon el famoso engaño que intentaron materializar y, efectivamente, materializaron debido al desconocimiento en sentido general de los indígenas de las utilerías de los extraños que estaban hollando sus territorios: Ojeda salió con la encomienda de ir a persuadir al jefe guerrero indígena de que el jefe o cabeza de los hispanos le cursaba a través de él una invitación amistosa a visitarle en La Isabela y que como muestra de buena voluntad Colón le enviaba un obsequio que acostumbraban usar como joya los Reyes que patrocinaban a Colón, algo que era de gran estima y valor ya que su uso supuestamente era una práctica propia de dichos Reyes.

Ojeda le dijo al Cacique que no era necesario hacerse acompañar de guardaespaldas porque lo que Colón le trataría era la paz, que no habría ya necesidad de que se produjeran más derramamientos de sangre por lo que Colón le propondría. Caonabo se dejó convencer de no llevar sus escoltas y logrado esto Ojeda le solicitó que le permitiera colocarle el obsequio que le enviaba Colón para que lo luciera: Ojeda le colocó unas esposas que eran relucientes (lo reluciente les llamaba la atención y la admiración a los indígenas y Caonabo no fue la excepción a ello). A poco de andar camino hacia La Isabela, Ojeda ordenó que le amarraran a Caonabo a él (a Ojeda) a sus espaldas viendo Caonabo hacia atrás, así lo hicieron los subordinados de Ojeda y a partir de ahí salieron disparados a todo galope y atravesaron lomas y senderos camino hacia La Isabela sin dormir durante varios días y varias noches para evitar ser capturados por los subordinados de Caonabo. En La Isabela a Caonabo se le juzgó y se le condenó por el asalto y destrucción dirigidos por él al Fuerte de La Navidad, que se había edificado en la parte Oeste de la Isla, y, en general, por la insurrección que él encabezaba contra los españoles. Los españoles habían llevado indígenas prisioneros de la batalla del Santo Cerro a La Isabela, los cuales fueron objeto de ahorcamiento estando Caonabo ya cautivo en dicho lugar. Se le preservó la vida a Caonabo y a otros veintinueve (29) indígenas con el propósito de llevarlos a todos como muestras a España y para que los Reyes Católicos decidiesen respecto de ellos lo que quisiesen decidir.

Lo de las muestras responde a que tal como siempre se ha practicado a lo largo de la Historia de la Humanidad: los vencedores quieren exhibir como trofeos de guerra a sus enemigos vencidos. Los romanos hicieron de ello un espectáculo pomposo poniendo a desfilar a dichos vencidos por las calles de Roma y en los sitios en que celebraban sus victorias.

Así, después de reparada la carabela La Niña y construida la “Santa Cruz“, Colón dispone las medidas necesarias para el gobierno de la colonia durante su ida a y estadía en España.

Esas medidas fueron las de confirmar a su hermano Bartolomé en su título de Adelantado y de nombrar a otro hermano, Diego, su sucesor en caso de que faltara aquél, y elevación de Francisco Roldán del cargo de Alcaide ordinario (alcaide era el encargado de la guardia y defensa de una población) de La Isabela al de Alcaide Mayor de La Española). Llegado el momento de partir, Caonabo fue transportado como prisionero a bordo de una de las dos naves que iban rumbo a España, el diez (10) de Marzo de mil cuatrocientos noventa y seis (1496). Las dos carabelas iban, pues, hacia la Metrópoli, en ellas van Colón, Aguado, Bartolomé, Caonabo y otros veintinueve (29) indígenas y doscientos veinticinco (225) españoles todos los cuales no querían saber de Colón y a los cuales el Almirante consideraba facciosos y se alegraba de que fueran a España para quedarse.

Las dos embarcaciones no partieron de inmediato rumbo a la península ibérica, sino que fueron costeando la Isla hacia el Oriente hasta llegar a la bahía de Puerto de Plata, donde anclaron y el Almirante mandó a desembarcar a su hermano Bartolomé a quien había pedido le acompañase hasta ese lugar para que lo explorase y viese si habían buenas fuentes donde aprovisionarse de agua, pues el Almirante, que en su primer viaje había quedado deslumbrado con las bellezas naturales de Puerto de Plata, tenía la intención de fundar allí una población. El Adelantado bajó en una chalupa con diez hombres y exploraron los alrededores encontrando en ellos dos arroyos con los cuales se podía abastecer una ciudad de agua potable, pero al volver a la nave Bartolomé informó al Almirante que la búsqueda había sido infructuosa. Colón fue víctima del engaño de su propio hermano por dos razones: 1) porque en su primer viaje al visitar al Puerto de Plata Colón no quiso bajar a tierra temiendo que Martín Alonso Pinzón, que había seguido navegando hacia el Este, desertara nuevamente o que realizara otro secuestro de indígenas, como había hecho anteriormente, que pudiera malquitar a éstos contra los españoles, y de que Martín Alonso había hecho subir a la fuerza a su nave a seis (6) indígenas, antes de abandonar el río Chuzón para dirigirse hacia el Oeste en cuyo trayecto se encontró con la carabela La Niña capitaneada por Colón. Y cuando volvieron al citado río y antes de partir, Colón obligó a Pinzón a devolver a los naturales a su aldea; y 2) porque su hermano Bartolomé no deseaba que se impidiese la fundación de una ciudad a orillas del Ozama en el Sur de la Isla donde Miguel Díaz vivió tras su fuga de La Isabela.

No hay datos descriptivos que detallen la reacción de Caonabo sobre el hecho de estar en la Bahía de Puerto de Plata, y de haberlos habido parecería que se perdieron, salvo que acaso aparezca algún antiguo documento desconocido que toque el aspecto, por lo que estamos en un punto en el que si por la especulación nos llevamos tendríamos que determinar si el tipo de naves marítimas usado por los españoles tenía o no pequeños espacios u orificios desde los cuales se pudiese hacer uso de la vista; pero también dicho punto fácilmente podría conducir a que llevado de la imaginación se podría pasar al campo de la ficción.

En tal sentido es posible que allí Caonabo escuchara hablar del Monte de Plata y que quizás hasta lo viera.

De toda manera, lo cierto es que la presencia de Caonabo en la Bahía de Puerto de Plata es un dato cierto, es un dato histórico incontrovertible.

No se tiene noticia de visita alguna de Caonabo al territorio del Cacicazgo de Maguá al cual pertenecía el territorio de la actual Provincia de Puerto Plata, previa a la llevada forzada que le hizo Ojeda a La Isabela.

La nave en la que iba Caonabo naufragó a las alturas del Norte de Puerto Rico debido a un poderoso temporal que confrontó a las dos naves de los hispanos, pereciendo todos los que iban a bordo de aquella.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

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