Candidatos a diputados compiten como si fuese una lotería  

Por José Núñez martes 9 de junio, 2020

A propósito de las próximas Elecciones Generales y Extraordinarias, que serán en los niveles presidenciales y congresuales, es decir, de presidentes y vicepresidentes, así como de senadores y diputados, hay aspirantes que entienden que el factor de la dicha, o de tener buena suerte, es lo que va a determinar finalmente su escogencia.

Pasan por alto, que los muy pocos que logren pasar o ganar una curul por ser dichosos, si es que lo logran, siempre caerán en los casos fortuitos por ser excepcionales.

Es que usted observa en las avenidas y en las calles, también en el cristal de la parte trasera de los vehículos, la gran cantidad de propaganda a través de afiches, vallas, volantes, stickers y cualquier otro tipo de promoción, con aspirantes que ellos nunca habían pasado por esos lugares.

Aunque ya los astutos candidatos enviaron sus fotos y, hasta su perfil, donde casi siempre, éste serviría más para buscar un empleo que para ganarse las simpatías de los votantes.

La política como ya han dicho desde la antigüedad hasta hoy en día algunos entendido en la materia, «es ciencia y arte a la vez», o sea, que para cultivarla y cultivarse en ella, además tener éxito o permanecer por un largo plazo en la misma, es una tarea que requiere de mucho tiempo acompañada de un sacrifico personal y familiar.

Incluso, hasta usted haciendo sus labores y gastando recursos financieros en la política, no siempre son las únicas garantías del éxito en tan compleja actividad y rodeada de las vilezas e ingratitudes de los intereses personales internos y externos.

Aunque indefectiblemente, como algo normal, usted ve que en cada proceso electoral ese espectáculo de candidaturas al vapor, sin un trabajo político ni comunitario previo, y casi siempre poseen las características de salir tarde, de acechón, precisamente en el mismo momento que se hacen las inscripciones formales u oficiales de los aspirantes.

Así se comportan, tal cual el que actúa tras bastidores, de ahí que su final no tiende a ser feliz, donde por demás, abundan los partidos pequeños que solo aparecen en tiempo de zafras electorales, donde están respaldados por la ley electoral, pero nunca son legitimados por los votantes; los votos obtenidos en la generalidad de los casos, son insignificantes.

Esas candidaturas sin trabajos políticos ni sociales previos, también de partidos pequeñitos, son misiones suicidas, pero lo bueno del caso es, que estos aspirantes que salen de sopetón, no se lo creen hasta que no reciben la noticia de unos resultados electorales muy pírricos. Los mismos que se merecen porque se los ganaron en igual proporción a las labores realizadas antes de inscribirse como aspirantes oficiales.

Señores, hasta en las organizaciones políticas grandes o de mucha tradición, usted ves que en las alianzas para senadores, llenan las casillas con candidaturas a diputados diferentes,  porque esos acuerdos no incluyen las diputaciones.

Entonces, donde se va aplicar el Sistema D`Hondt exclusivamente con los votos de los diputados por los partidos y sus aliados, donde en el mejor de los casos van a obtener dos curules los partidos ganadores en una demarcación de por ejemplo 4 espacios, llevar 7, 8 y más aspirantes esos partidos que se han aliados, ponen en riesgos una de las dos plazas que se proyectan como seguras.

También caen en la trampa o error los partidos que al junto de sus aliados solo tienen chance para obtener una sola curul y llevan 4 y más opciones, en vez de concentrar todos los esfuerzos en el que entre ellos esté mejor posicionado coyunturalmente, porque en definitiva, si se concentra el trabajo en el más potable, en esos casos, los frutos o los votos son más abundantes por aquello del voto preferencial.

Repito, es que las alianzas políticas entre varios partidos son en el nivel senatorial, no para las diputaciones, por o qué al fragmentar tanto los votos de éstos, los atomizan, por lo tanto, ahí sellan sus derrotas con toda seguridad.

Aunque lo bonito con estos fantasmas o paracaídas «políticos», es que excepcionalmente se puede dar que gane uno de ellos, mientras todos los demás que pierdan, desaparecen más rápido que inmediatamente de los escenarios en los barrios que ayer eran fijos, pero que nunca antes de aspirar literalmente hablando, habían visitado preocupados por los problemas del sector.

Y hasta dizque se incomodan por los pocos apoyos o respaldos recibidos, ya que se quieren equiparar a los que tienen décadas en ese trajinar, que solo lo soportan los militantes que han desarrollado una epidermis o corazas a prueba de fuego.

Son tan osados estos esporádicos candidatos, que hasta dicen, tanto que trabajé y los recursos que gasté, ignorando siempre que los otros han trabajado por años y gastado más a la décima potencia que estos avivatos, siempre y cuando les moneticen sus trabajos y sacrificios políticos de larga data a los militantes.

Lo bonito es que las cúpulas partidarias tienden a apadrinar esta situación, pero cuando hay que organizar el trabajo, la carpintería del día a día y por largos meses y años, nunca aparecen para trabajar estos bendecidos de la política coyuntural, aunque están bien dispuestos y dispuestas a aspirar asumiendo candidaturas para ver que se les pega.

Ahora bien, y qué bueno, como siempre, reciben y van a seguir recibiendo el «ojo por ojo» de su trabajo político comunitario y de militancia, sin pasar por alto la falta de respeto hacia los otros competidores, que hasta les llegan a decir, compañeros, ¿pero compañeros de  qué?

Autor: José Núñez

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