Candidato títere

Por Jesús M. Guerrero miércoles 25 de septiembre, 2019

“La política es asistida por la imagen. El político se conforma solamente con una buena imagen, ese será el mayor logro que obtendrá.” Herbert Marshall Mcluhan

¿Cuál posibilidad tiene un aspirante presidencial que no forja su propia identidad, su discurso y no comprende la importancia de posicionar su nombre, tal cual una marca comercial?

La importancia de posicionar su nombre para los candidatos presidenciales es que son productos que son consumidos o rechazados por el electorado. En la actual carrera por las candidaturas para asumir la jefatura de gobierno, la imagen de un expresidente y la del saliente han polarizando el escenario electoral, son bastantes conocidos por los votantes. Pero, quien a la sazón ha sido señalado por el mandatario de turno como su candidato, no ha entendido esto y ha hecho una combinación con su nombre y apellido del Presidente, sin entender que aspira ser quien sustituya al actual Jefe de Estado.

El ciudadano no vota por quien no conoce y tampoco por aquel que no exhibe una imagen propia ni sincera de sí mismo. La imagen de un candidato es su principal carta de presentación, es su pase de entrada para acceder a las simpatías electorales. Aunque esto, no significa que los aspirantes presidenciales no deban someterse a procesos de renovación de imagen de cuando en vez; ningún dirigente político con pretensiones de ocupar un cargo de elección popular puede darse el lujo, de someterse al escrutinio ciudadano sin autoanalizar sus fortalezas y debilidades que podrían dar o costarle el triunfo en los comicios.

Un precandidato en la carrera por la candidatura presidencial del partido oficialista, se ufana de que él y el mandatario actual son la misma persona conlleva la carencia de identidad propia y sobre todo que la misma ventaja que trata utilizar es al mismo tiempo su peor desventaja porque arrastra toda o gran parte de la tasa de rechazo que genera cualquier gestión de gobierno que se desgasta con el tiempo en el ejercicio del poder. La penosa estrategia tiene un símil con la del tristemente célebre Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro que al morir Chávez, en sus actividades subía a la tarima un imitador del fallecido Presidente.

El candidato que no logre introducir su imagen ni se distinga por la habilidad de construir un discurso que despierte pasiones, se dirige al fracaso. Un equipo de comunicación que no logre posicionar al aspirante que promueven en los principales medios y de hacerlo, sus intervenciones no inciten exaltación ni siquiera sean rebatidas por los adversarios; probablemente el candidato tiene debilidades como carencia de carisma y peor cuando es incapaz de construir un argumento coherente y sea producto de burlas, tal cual explicó, Jorge Imhof en el Congreso Internacional de Comunicación Política y Campañas Legislativas, cito: “Los consultores no provocan emoción en el otro, sino que la detectan y conectan con ella.” Si el candidato no genera pasión ni conecta con la gente su equipo no tiene nada que hacer.

El delfín que ya no asfalta, no cumple con ninguno de los requisitos expuestos por la consultora política Claudia Borrel, cito: “Cada código de comunicación es importante, pues ya no es suficiente que el aspirante político tenga determinado número de años de militancia en un partido o experiencia en alguna función pública, es necesario también tener una imagen que proyecte ciertos atributos como seguridad, confianza, cercanía, inteligencia y honestidad, así como tener la capacidad para gobernar un país y ganar votos. Esta imagen deberá ir acorde a lo que se espera de un líder político.”

Este es el principal talón de Aquiles que arrastra el proyecto del candidato títere que ya nadie sabe si el Presidente lo respalda o si con su silencio guarda distancia de la inevitable derrota el próximo seis de octubre. El ensayo del Centro Político: La importancia de la imagen personal del candidato, ¿Qué quiere ver la gente?, establece lo siguiente: “Es importante recalcar que no hay una buena imagen como tal, al hacer uso de dicho término nos referimos que la idoneidad de ésta depende del tipo de candidato que esté en la mente del elector en el momento de la elección.

” Este razonamiento explica que el candidato potable es aquel que es fiel a su personalidad y coherente con sus posturas, es de necios creer que el electorado es tonto, cuando ellos legitiman con sus votos a quien ocupará la presidencia del país.

En Paraguay en las elecciones del 2018 donde resultó electo Mario Abdo Benítez al vencer a Efraín Alegre del PLRA, pero a lo interno de su partido, primero tuvo que derrotar al candidato del Presidente de turno Horacio Cartes, que fue su Ministro de Hacienda, Santiago Peña quien se inscribió en el partido colorado el 29 de octubre de 2016 y antes militaba en el PLRA para ingresar a la administración de Cartes, al resultar imposible para Cartes modificar la Carta Magna y habilitar la repostulación presidencial, Santiago Peña que no tenía vida política en el Partido Colorado fue apoyado por el gobierno para enfrentar en la convención del partido colorado de Paraguay a Mario Abdo Benítez y la militancia colorada castigo a Horacio Cartes votando contra su candidato títere. Cualquier parecido con la situación política de nuestra media isla, es pura coincidencia.

En nuestro país solo se ha registrado en los anaqueles de nuestra historia un Presidente que utilizó títeres, Rafael Leónidas Trujillo Molina durante sus 31 años de dictadura designó tres mandatarios de turno mientras él controlo todo desde las sombras, primero Jacinto Bienvenido Peynado Peynado desde el 16 de agosto de 1938 hasta su deceso el 7 de marzo de 1940 y fue sustituido por su Vicepresidente Manuel de Jesús María Ulpiano ‘Pipí’ Troncoso de la Concha del 1940 hasta el año 1942 para luego entregar nuevamente a Trujillo hasta el 1952 y este entregó la presidencia a su títere por excelencia su hermano Héctor “Negro” Trujillo quien renunciaría al cargo producto de las presiones que desencadenó el fallido atentado contra Rómulo Betancourt y así obtuvo la presidencia por primera vez Balaguer. También Lilis tuvo dos presidentes títeres o así creyó al entregar el poder a Francisco Gregorio Billini quien dimitió al cargo por negarse a anular la libertad de imprenta y fue sustituido por uno de los más cercanos colaboradores de Lilis, Alejandro Woss y Gil quien luego de dos años entregó el gobierno nuevamente a Lilis. En nuestra historia patria solamente en dictaduras han tenido vigencia los mandatarios títeres.

Enviar a un desconocido para enfrentar un político veterano que tiene la capacidad de hacer empatía con los votantes de todos los extractos sociales, es una loca aventura y por demás necedad. Como describiese Imhof, el experimentado político tiene la capacidad de dominar el “insight”, el cual define de la siguiente manera: “Es algo que sabemos del otro que el otro no sabía que sabía, pero sabía.”, por eso vemos como las consignas desde no hay marcha atrás hasta tan cogió de Leonel Fernández se quedan como frases del argot popular, eso es conectar con la ciudadanía.

Partiendo de esta premisa, Imhof explica lo siguiente: “Si nosotros podemos encontrar un insight, si podemos detectar un sentimiento o emoción que está en el otro y logramos representarla delante de él, estamos conectando de forma emocional.” A la hora de ejercer el voto, los ciudadanos deciden basados en la emoción, por eso es vital que todo candidato provoque entusiasmo y eso se logra con imagen propia, de no hacerlo simplemente lo espera la derrota.

Las pretensiones presidenciales de alguien que no tiene identidad propia y no es capaz de construir una imagen de líder ante la nación; peor aún, sin capacidad para construir un discurso ni medios para comunicar ideas precisas respecto al país y sus problemas, simplemente será derrotado sin penas ni glorias.

Concluyo con la frase de Santiago Bernés, cito: “La imagen política puede gobernar a las personas y administrar las cosas.”

Por; Jesús M. Guerrero

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