Candidata a la presidencia rusa Ksenia Sobchak con mucha fama y pocos votos

Por EFE miércoles 14 de marzo, 2018

EL NUEVO DIARIO, MOSCÚ.- La candidata a la presidencia rusa Ksenia Sobchak, la única mujer que aspira a la jefatura del Kremlin, cuenta en su país con una fama ansiada por muchas celebridades, pero esa popularidad no le dará ventaja en las elecciones del 18 de marzo, tal como auguran las encuestas sobre la intención de voto.

“Tengo una popularidad del 95 %. Sé que esto no es muy modesto, pero con ese nivel de popularidad hay solo dos personas, Putin y yo”, dijo Sobchak poco después de anunciar su candidatura a la presidencia.

Sin embargo, en los sondeos sobre la intención de voto de los rusos, la periodista televisiva ocupa el cuarto lugar con entre el 1 y el 1,6% de los apoyos, detrás del líder indiscutible de la carrera, el presidente Vladímir Putin (casi 70%).

“Para ganarse la popularidad, hay que primero superar la mala popularidad. Vamos a hacer que lo malo se convierta en algo bueno”, dijeron a Efe en el cuartel electoral de la candidata.

Sobchak, hija del que fuera alcalde de San Petersburgo y mentor de Putin, Anatoli Sobchak, fue a principios del milenio una de las representantes más conocidas de la “juventud de oro” de Rusia, como se conoce en el país a los vástagos de las familias acomodadas.

La joven, que ahora tiene 36 años, saltó a la fama como presentadora de un popular programa de telerrealidad y como invitada habitual a fiestas para estrellas del mundo del espectáculo.

Aparte de eso, publicó varios libros de consejos con titulares tan llamativos como “Casarse con un millonario” o “Matrimonio de alta calidad”.

Sin embargo, la que se ganara a pulso el nombre de la “Paris Hilton rusa” y acaparara la atención de la prensa del corazón, decidió hace seis años sentar la cabeza y dedicarse al periodismo político y social.

Fue entonces cuando la “niña mimada” del poder comenzó a colaborar con medios de comunicación de tinte opositor y en un giro inesperado fichó por el canal de televisión independiente “Dozhd”, donde trabajó hasta octubre del año pasado, cuando anunció su candidatura al Kremlin.

En 2011 y 2012 Sobchak sorprendió también al encabezar, junto con varios líderes de la oposición extraparlamentaria rusa, las masivas protestas contra las irregularidades electorales en los comicios parlamentarios y presidenciales.

La participación en las manifestaciones por toda Rusia jugó también un papel clave en la vida personal de la flamante opositora.

En uno de estos viajes Sobchak, a la que se vinculó sentimentalmente con empresarios y políticos rusos, conoció al actor Maxim Vitorgan, que muy pronto se convertiría en su marido.

“Nos conocimos en el avión, los dos íbamos a un mitin en Astracán”, recordaba la política en una reciente entrevista.

En 2016, la periodista dio a luz a su primogénito, pero lejos de aparcar su carrera profesional continuó con su agenda como presentadora y activista opositora.

Sobchak es consciente de seguir arrastrando la fama de la Paris Hilton rusa y de hija intocable del mentor político de Putin pese a sus esfuerzos por emanciparse.

En un intento de desmarcarse del pasado, la joven política, licenciada en Relaciones Internacionales, ha negado repetidas veces ser un “proyecto del Kremlin” y no ha escatimado críticas contra el sistema creado en Rusia durante el gobierno de Putin.

Y mientras el líder opositor ruso, Alexéi Navalni, el gran ausente de la carrera por el Kremlin tras su inhabilitación por la Comisión Electoral Central rusa, denuncia que Sobchak utiliza las elecciones para promocionarse, la propia periodista asegura que ha llegado a la política para quedarse.

“El apoyo que reciba (el 18 de marzo) me permitirá proseguir con mis actividades, formar un partido, seguir en política y en estos seis años pergeñar una formación seria con la que acudir a las próximas elecciones presidenciales”, ha dijo Sobchak.

La candidata destacó que permanecer en la política rusa después de los comicios es su “sueño” y que hará todo lo que pueda para conseguir ese objetivo.

Todo indica que la otrora “party girl”, acostumbrada al éxito y a conseguir lo que se propone, todavía dará que hablar en el firmamento previsible pero sediento de cambios de la política rusa.

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