Candelero en el FC Barcelona

Por Johnny Nieto jueves 2 de julio, 2020

Son tiempos difíciles los que por estos días, quizás semanas y hasta meses se viven en el entorno del FC Barcelona. Tan inciertos que pareciera que hay que remontarse hasta antes de la era de Frank Rijkaard. Sí, de aquel lejano 2003 hacia atrás para recordar una
desorientación similar.

Hace 17 años que el holandés arribó al club culé y desde entonces comenzó lo que han sido casi dos décadas exitosas y de engrandecimiento para el eterno rival del Real Madrid en el fútbol español.

El primer año tuvo un inicio complicado, y cómo no serlo, si apenas arrancaba la reconstrucción. No obstante, fue competitivo y aunque no ganó nada, lo devolvió a la palestra y resultó subcampeón. A partir del 2004 el cuadro catalán comenzó a ganar títulos todos los años, escribiendo la historia que ya conocemos.

El prestigio y el legado del Barcelona es tan grande, que en ocasiones durante los últimos años le bastó para ganar. Se fortaleció como institución como nadie, a partir de sus jugadores, quienes también crecieron como figuras estratosféricas, cual estrellas de niveles insospechados.

Muchas cumplieron su ciclo de manera natural, le dieron todo al club y se marcharon, otras se formaron y aún continúan allí, mientras que otro grupo se fue uniendo con el pasar de los mercados.

Hoy da la sensación que el ego de la plantilla está alterado y que todo lo que origina el problema del equipo que cuenta con el llamado mejor jugador del mundo, es un acto de rebeldía. Situación común en grupos de personas que conviven durante mucho tiempo compitiendo, el problema se complica cuando el grupo de rebeldes tiene un estatus social, económico y laboral que supera a su propio ego.

Quique Setién fue contratado hace unos meses para sustituir a Ernesto Valverde, quien no le consiguió solución al problema, aunque los mantuvo compitiendo a pesar de no gustar sus formas. Al actual DT también se le desordenó el rebaño, y el desastre parece ser tan grave puertas adentro, que hay situaciones en cancha que han permitido imaginar la ruptura del grupo.

Ante la situación y en procura de salvar lo único que por ahora parece alcanzable para el Barca, la Champions League -perdió la punta de LaLiga con el Real Madrid y cada vez se aleja más, y además quedó fuera de contienda en Copa del Rey-, pareciera que la solución es salir del actual director técnico para dar un golpe anímico, un cambio de aire y
bajar la tensión existente.

Pero de cara al futuro que es lo más preocupante, la única mano más fuerte y con mayor autoridad moral para poner orden en ese vestuario, parece ser la de Josep Guardiola. No parece haber en la órbita culé una espalda que pueda cargar con tanto peso. Amanecerá y veremos.

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar