Cambios necesarios

Por Manuel Hernández Villeta viernes 17 de marzo, 2017

Estamos comenzando la historia. La tejemos ahora mismo, en este instante. La crisis generacional nos envuelve y nos tira contra la pared. Sólo el raciocinio y la entereza mantendrán de pie al país ante su crisis interna.

Estamos en el movimiento terrenal de males ancestrales, que tienen que encontrar soluciones. Difícil, pero mientras no se den cambios en toda la estructura de la sociedad dominicana, seguiremos sufriendo los sinsabores de una existencia desgraciada.

Y a pesar de todo tenemos un país batallador, que se enfrenta a la sinrazón, al hambre, a la miseria, a las dictaduras, pero no puede vencer a la estela negra de la opresión. Retorna abril como una fecha en el calendario, como una motivación que dio pie a la acción por cambios sociales, para quedar desgarrada en la lucha fratricida.

Los cambios sociales pueden ser las esperanzas de los poetas y los filósofos, pero necesitan las manos ejecutoras que los lleven a cabo, sin conciencia en las masas, es imposible que se puedan revertir las injusticias de la mala distribución de las riquezas, y el pleno disfrute de la libertad personal y colectiva.

No se es libre si hay la atadura del hambre. El hombre se pone los grilletes cuando las necesidades le obnubilan y le hacen doblar las rodillas. Desde ese momento no tiene albedrío y lo que quiere es llenarse las tripas. Tenemos que propiciar un hombre nuevo, de corazón, de mente y de acciones, para ejecutar los cambios que necesita la sociedad.

El país está en el despeñadero. Hay que salvarlo. La crisis social está por encima de partidos que no tienen ideologías y que no se diferencian entre sí. Los partidos no pasan de ser nombres y siglas en el país. Todos tienen el mismo fundamento y es estar cerca del poder.

La lucha social por las reivindicaciones colectivas es letra del pasado. Es parte de hechos que la misma ambición de políticos desaforados echó en el zafacón. Es hora de comenzar a cambiar esos parámetros. Los cambios vendrán, se quiera o no. No hay tiempo fijo. Pero lo único seguro en el mundo es que habrá cambios, aunque generacionalmente usted no se dé cuenta de ellos.

Nuestro cambio es sencillo: comida, trabajo, educación, salud. En nuestra historia republicana siempre se han ofrecido estos servicios y seguridades, pero nunca se ha cumplido. Son los anhelos del pueblo. Por ellos se levantaron las masas irredentas en un abril lejano y distante, y fueron ahogadas en sangre. Que lleguen los cambios por consenso, porque la historia demuestra que cuando se pierde la esperanza, llega el repicar de los tambores. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

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