Cambios y fogón caliente

Por Manuel Hernández Villeta lunes 19 de junio, 2017
 Es necesario un relanzamiento del gobierno central. Hay caras que deben ser sacadas de los primeros focos. Hay líneas políticas y económicas que tienen que ser cambiadas. Hay una percepción popular que se debe atraer.
Los márgenes de popularidad de un gobierno no son estáticos. Cada día pueden subir o pueden bajar. Depende de las acciones que se lleven a cabo y de los correctivos que necesariamente se tengan que aplicar.
Una maquinaria puede estar aceitada y en pleno trabajo, pero es vital ver la percepción del pueblo; si se resquebraja un área de apoyo general, hay que hacer revisiones y taponar los huecos.
Pero cualquier cambio gubernamental debe esperar al 16 de agosto. Hacerlo en medio de la vorágine actual sería echar combustible a la tea de los disconformes. Los cambios, el relanzamiento es vital y necesario, pero puede esperar su momento.
El éxito de una acción como esta que tiene que ser tomada en el instante que la coyuntura lo permita. Las circunstancias en lo individual y lo colectivo lo es todo. Actuar fuera del momento  puede llevar al fracaso.
En el ínterin hay espacio de alrededor de mes y medio para  planificar cambios y relanzamientos.
Si la macroeconomía responde, hay que comprender que el cheleo de subsistencia está mal. Hay que dorar la política del colmado. Los chiriperos, los de salario mínimo, los desarrapados de la fortuna, encuentran que los recursos no les dan para adquirir su comida diaria, pagar gastos escolares, comprar medicinas y hasta para cubrir el transporte en guaguas públicas.
Hay que darle una cara más humana al desarrollo económico. Bien en los mega-comercios y el turismo, pero mal en el kiosko. Hay que fortalecer la línea de que se está dando la mano al hambreado, que constituye la mayoría de la población.
Hay que iniciar una política económica que vaya dirigida a que el arroz, las habichuelas, el aceite, el plátano y el pollo lleguen a la mesa que carece de adornos y donde los cubiertos son de plástico no desechable. Esa es la equidad social, sin ella la paz corre peligro y las marcas de popularidad se pueden resquebrajar.
Si es prudente esperar hasta agosto, ese 16 de fecha Patria, para hacer cambios en la administración, sería contraproducente dar largas a    acercar  el fogón caliente a la mesa de los que ganan salario mínimo. Ayer y hoy, el primer impulso de la paz y la tranquilidad, es la barriga llena y contenta. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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