Cambios electorales

Por Manuel Hernández Villeta

La ley y los reglamentos electorales deben ser modificados a la carrera. De esa forma estarán en vigencia para la celebración de las venideras elecciones. No se olvide lo traumático que fueron los pasados comicios, con acusaciones  diversas que nunca fueron convenientemente investigadas.

Sin una adecuación a este tiempo y a la realidad dominicana, los próximos procesos electorales sufrirán de las mismas fallas, y no le ofrecerán la suficiente credibilidad a los electores. En todo proceso electoral es  necesario rescatar el principio de limpieza, pulcritud y respeto.

Muchos prestantes han pasado como jueces de  la Junta Central Electoral, nadie pone en dudas su honorabilidad, pero es difícil trabajar cuando hay ambivalencia en los reglamentos. Sin la claridad suficiente, cada paso que se da mueve a suspicacias y genera encendidos debates.

Siempre fue así, la diferencia es que  en épocas idas en el final de cada proceso electoral comenzaba a trabajar el mediador y la comisión de notables, que se encargaban de tapar los entuertos y de buscar soluciones acomodaticias.

Con el surgimiento de las altas cortes que tienen que ver con el derecho electoral, se jubiló a los mediadores, y ahora todo debe ir a los tribunales correspondientes. Hoy no caben los notables, sino que se tiene que actuar de acuerdo con la ley, respetando la voluntad popular.

El primer y necesario cambio tiene que ser  en los votos que se necesitan para ganar unas elecciones. Hay que abolir el cincuenta más un voto y dos rondas electorales, y disponer que se gane por simple mayoría en una sola votación. La mitad más uno fue producto de una coyuntura donde se quiso y se logró impedir la llegada al poder del doctor José Francisco Peña Gómez.

La segunda ronda electoral da pie a la venta de votos y conciencias, y donde puede decidir el torneo un partido que fue derrotado en la primera vuelta. Las dos rondas, no es un experimento democrático, porque inclinan la balanza, las conveniencias económicas, los acuerdos de cuotas de poder  y la promesa de  cargos.

La voluntad popular externada en las urnas no puede estar zarandeada por los mercaderes de la democracia, que solo les importan sus beneficios, sin tomar en cuenta que el voto popular, legítimamente expresado sin cortapisas de ningún tipo, es la máxima representación de la democracia.

Hay que hacer todas los cambios que sean necesarios, eso sí, sin que a nadie se le ocurra tratar de meter de contrabando que para ello hay que modificar la Constitución. Es posible modernizar los reglamentos electorales, lo único que se necesita es buena voluntad y firmeza de decisión. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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