Cambiar el castigo, por recompensas, en el reto de quedarse en casa

Por Dario Nin jueves 23 de abril, 2020

Escuchamos al Ministro de Salud endilgar al Pueblo Dominicano el ser raudo para exigir derechos, pero a la hora de cumplir deberes hacerse los locos.

Eso pudiera ser verdad, pero en la boca de un ministro de primer orden como el de Salud Pública, se oye muy feo y demuestra desesperación e impotencia.

Hay de todo en la viña del Señor, el pato feo, la oveja negra, la vergüenza de la familia o la excepción a la regla.

Si nos preguntamos: ¿Cuántos millones de dominicanos somos, y cuántos violan las reglas de quedase en casa después del toque de queda? La respuesta surge automática frente a la improcedente afirmación.

Aprendamos de la naturaleza. La hoja del caimito tiene un color por fuera, pero otro más acentuado por dentro. La sabiduría popular ha exclamado que el corazón de la ahuyama, solo lo conoce el cuchillo.

La realidad es que muchos de los que violan, lo hacen simplemente por desafiar, por demostrar un coraje improcedente y necio, una impotencia mal canalizada. Otros, por la necesidad de respirar simplemente, respirar un aire menos caliente fuera, no más allá de su callejón común.

Es muy fácil permanecer en cuarentena, cuando la pasamos en una casa con aire acondicionado, energía permanente, patio o terrazas amplias, despensas repletas de alimentos, agua almacenada en grandes cisternas y enormes piscinas. Asi sí…, son mejor que unas vacaciones.

pero estar en una casucha de cinc, cinc en la pared y cinc en el techo, sin aire, sin  un abanico, sin luz y sin agua para bañarse o bajar un baño. Es como una prisión en el infierno. Nooo. Asi no.

¡No es que se hacen los locos, señor Ministro!  es que literalmente se están volviendo locos.

Pero bien…, el mejor día es el de hoy, porque el de ayer ya pasó el mañana es incierto y lo que será sólo depende de si sobrevivimos hoy. Por lo que ya, no hemos de lamentar nada de lo que pudimos haber hecho y no hicimos.

Aquí formulamos una propuesta infalible para lograr que las personas se queden en su casa enfrentando las dificultades como un reto.

Cambiemos el castigo, que tarde o temprano despertará rebelión, por la recompensa.

Echemos manos al condicionamiento operante que hace muchos años demostraron científicos de la conducta como Edward Thorndike y B. F. Skinner.  Recurramos al reforzamiento, en que la conducta es premiada, ya sea con el refuerzo positivo o el negativo.

Mucho antes que ellos, David siendo un simple pastor se motivó a desafiar al gigante Goliat, al que todo un ejército       le temía; porque escuchó decir y le confirmaron, que quien lo venza, el rey Saúl lo colmaría de riquezas y además le daría su hija en matrimonio y su familia quedaría libre de pagar tributos.    Por supuesto, ante que nada, tuvo fe plena que Dios estaría de su parte.

De los miles y miles de millones de pesos que se gastan y gastaran en prevención represiva, para el castigo de quien violen las reglas; dispongan que unos cuantos cientos de esos millones se dediquen a compensar a las familias ejemplares, sobre todo, en los barrios y sectores marginados.   Denle momentos de respiros programados con salidas individuales al frente de la casa u otras recompensas.

Incrementar la presencia de drones o cámaras de vigilancia por calles y con ellos, el anuncio a las familias, de que, aquellas que hayan logrado mantener sus miembros en recogimiento durante la cuarentena, serán compensados con cientos de miles de pesos al final de la misma y se les rifará una partida de X millones de pesos por provincia pequeñas, x millones por provincias medianas y x millones por provincias grandes.

Pueden incrementarse con sorteos de viviendas, vehículos, apartamentos, aumentos de sueldo o gestión de empleos para uno de los miembros de la familia.

Todo esto como compensación al extraordinario esfuerzo realizado, venciendo las vicisitudes y quedándose en casa.

Sería como esos concursos de reto, como la famosa casa de cristal, o el reto de permanecer un tiempo predeterminado en un lugar inhóspito, pero con menos exigencias que esos reality Show, y por necesidades reales.  Hacerle saber que se convertirían en protagonistas reales para una situación real de vida o muerte.

Estas sólo son ideas, pueden sustituirse por mejores o más factibles, no exigimos méritos por la propuesta, ni participación en su organización o desarrollo.

Sugerimos también poner esto en manos de un cuerpo de iglesias o en manos de institución imparcial como el Defensor del Pueblo, para blindarlo con la credibilidad necesaria.

Ejecutar un plan como este, sin dudas tendrá muchos obstáculos, su éxito va a depender del arrojo de los organizadores y del cómo se le haga llegar el mensaje a los sectores y que esto lo crean cierto.

Piensen sólo un poco; y actúen con rapidez antes de que la represión despierte rebelión y se escuche un grito muy popular de antaño como: “¡O aquí jugamos todos o se rompe la baraja!”. En aviso no hay engaño.

Por Darío Nin.

Hasta la próxima

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