Café de “calidad” para combatir el cultivo de opio

Por sábado 4 de abril, 2015
Persio Maldonado
Director El Nuevo Diario
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Bangkok, 4 abr (EFE).- Café de “calidad” para sustituir las extensas plantaciones de opio en el este de Birmania (Myanmar) es el propósito de un proyecto de la ONU que comparte características con otro probado con “éxito” en las regiones cocaleras de Perú.

“Nuestro objetivo es implantar un programa sostenible y económicamente competitivo frente a los ingresos por cultivo de opio”, indica a Efe Jochen Wiese, director en Birmania de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, del inglés), quien trabajó casi tres décadas en el país suramericano.

Desde el año pasado, el equipo liderado por Wiese trabaja con unas 900 familias de los municipios Hopong, Loilen y Pinlon, situados en el sur del estado Shan, fuente del 90 por ciento del opio que produce Birmania, con la promesa de “honrar el compromiso” durante los próximos 10 años hasta ayudar a la gente a llegar al mercado con los nuevos cultivos.

“Los proyectos anteriores fracasaron porque se pensó en pequeño. El opio está situado en el mercado mundial y para contrarrestar su valor hay que utilizar productos alternativos que deben también llegar al mercado mundial. Además de poseer una preparación y tecnología adecuada a la situación de los campesinos”, remarca Wiese.

Según el experto, quien admite que están desbordados por la respuesta positiva de las comunidades locales, generar la cadena productiva hasta el mercado “es el reto más grande”.

Debido a la situación geográfica de la zona, entre los 1.000 y los 1.800 metros de altitud, se ha optado por sistemas de cultivo agroforestales permanentes, como distintas variedades de café, aguacate o té de calidad, entre otros, y un plan de reforestación.

“Obviamente, la gente es consciente de que esta actividad (el cultivo de opio) es ilegal, de los riesgos que conlleva -erradicaciones, lluvias que malogran la cosecha o destrucción del suelo- y la alta inversión, sobre todo en mano de obra, que hay que repetir cada año”, apunta.

Birmania es en la actualidad el segundo exportador mundial de opio, tras Afganistán, según los datos de UNODC, con 57.600 hectáreas plantadas con adormideras en 2014, y una capacidad de producción cercana a las 700 toneladas.

En los próximos meses, el proyecto para sustituir la producción amapolera establecerá la primera cooperativa de agricultores locales para que en dos o tres años se exporte el primer cargamento de “café de calidad a los mercados más exigentes”.

“El café es un cultivo sostenible y que requiere una inversión mayor solo el primer año en mano de obra”, explica vía correo electrónico el técnico de Naciones Unidas.

Wiese establece similitudes entre el país asiático y el andino, donde durante los 28 años que trabajo allí estableció cooperativas campesinas que han logrado sacar beneficios con productos alternativos y erradicar la producción de coca en varias zonas y las bandas delictivas ligadas a esta actividad.

“Los enfoques son similares porque los problemas son similares. Se tiene que encontrar productos competitivos en las áreas de producción ilegal. Lo que difieren son esas áreas, la coca se da en partes más bajas y es sustituida por cacao o palma, mientras el opio es de altura y lo cambiamos por café”, indica.

A principios de marzo se produjeron nuevos enfrentamientos armados entre el Ejército de Birmania y las guerrillas del estado Shan-Sur, a pesar del compromiso de alto el fuego que sellaron a finales de 2011.

“Tenemos apoyo total del Gobierno (…) y compromisos con los grupos armados para que nos permitan acceso a las zonas”, comenta el técnico, al señalar que el mayor problema que afrontan son los “largos veranos sin lluvia”.

Desde que en 2011 la última junta militar birmana cediera el poder a un Gobierno civil afín y se disolviera, se han realizado numerosos avances para democratizar y reformar un país que vivió prácticamente aislado del mundo durante los 49 años que gobernaron los generales.

El Ejecutivo birmano, liderado por el presidente Thein Sein, defiende ante los organismos internacionales su propósito de terminar con las plantaciones de droga para el 2019. EFE

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