Brindemos a la JCE

Por Francisco S. Cruz lunes 28 de octubre, 2019

Como nuestra clase política –históricamente- no ha tenido la voluntad institucional-cultural de hacer consciencia sobre la necesidad de establecer un código del perdedor -quizás, un único referente sería el que propició el candidato Danilo Medina (año 2000)  que, dicho sea de paso, evitó una segunda vuelta electoral- y viendo como la región se eclipsa -de crisis política-, no estaría demás ir desactivando la eclosión de una crisis post-electoral nacional dada la complejidad de los procesos electorales –municipal y congresual-presidencial- que tendremos el próximo año -2020-; pero, más que nada, porque lo que se está configurando es, como he sostenido, un cierre histórico-político-generacional de liderazgos de larga gravitación para darle paso a otro relevo político ya no basado en la oratoria, los partidos (como ejes centrales), ni mucho menos la idolatría a un líder insustituible –que “…no concibe vivir sin ser candidato o presidente de la República”-, sino en el liderazgo efectivo y receptivo.

¿Pero cómo podemos brindar a la JCE? Sencillo. Solo basta que los partidos, sobre todo el PLD, hagan propuestas entre ellos para consensuar un pliego de observaciones en materia de gestión electoral, tecnología, observación electoral nacional e internacional y la exigencia de un fiscal electoral, independiente –ojalá, Dr. Ramón Antonio (Negro) Veras-; mientras, por su lado, la JCE solicita a las academias, sociedad civil y organismos internacionales -especializados en observación electoral (OEA, entre otros)-, el acompañamiento técnico-presencial a todo lo largo, antes y después, del proceso para garantizar que se cumplan todos los estándares o normas habidas y por haber que supla el código del perdedor que no tenemos, el termómetro para cabezas termocéfalas y nos evite caer en una crisis política post-elecciones mayo-20.

Todo ello, porque, desde ya, es evidente que el síndrome del “arrebato político” y el ánimo, manifiesto, de armar un lio se ha aposentado en una franja del liderazgo tradicional bajo la orientación de la ultraderecha –con recursos y agendas- y la toma de un líder –otrora ecuánime y sensato- que hoy se resiste al relevo de liderazgos y luce empecinado en volver al poder por cualquier vía -incluso habló hasta de “revolución”, y ahora obvia, adrede, su reciente prédica de respeto a la leyes y la Constitución-. Amen, de que se ha tomado a pecho el desalojar, del poder, al partido que, curiosamente, fue artífice y plataforma política-electoral de las tres veces que fue Presidente.

Esa bomba de tiempo -con ingredientes de caos, odio y resentimiento-, está ahí y no podemos obviarla o hacer como el avestruz, pues, segurísimo, si no tomamos las debidas prevenciones –técnica y de credibilidad pública nacional e internacional-, fomentarán, ¡ya derrotados!, un zafarrancho mayúsculo. ¡Evitémoslo!

 

Por Francisco S. Cruz

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