Brasil cuenta con algunos cuerpos esculturales y 30 millones de obesos

Por EFE viernes 30 de marzo, 2018

EL NUEVO DIARIO, RÍO DE JANEIRO.- Brasil y sus infinitas playas invitan a pensar en cuerpos apolíneos bronceándose al sol, ya que la escultural anatomía de la brasileña forma parte de la postal del país, pero un cambio en los patrones alimenticios, que sitúa la tasa de sobrepeso en el 56,9 % de la población, amenaza esta imagen.

Los índices de obesidad y de sobrepeso en Brasil están creciendo de manera alarmante en los últimos años, con el sobrepeso alcanzando en la actualidad a más de la mitad de la población y la obesidad al 20,5 %, es decir a 30 millones de personas, en el país famoso como cuna de futbolistas y supermodelos.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud de 2013, en 40 años la prevalencia de la obesidad en Brasil se multiplicó por seis entre los hombres y se triplicó entre las mujeres, llegando al 16,9 % y el 24,1 %, respectivamente.

La situación es especialmente delicada entre los niños, ya que el sobrepeso afecta a más de un tercio (33,4 %) de los pequeños de entre 5 y 9 años, y a un 20 % de los adolescentes de entre 10 a 19 años, según datos de la Asociación Brasileña para el Estudio de la Obesidad y del Síndrome Metabólico (Abeso).

La presidenta de Abeso, María Edna de Melo, explicó a Efe que el sobrepeso y obesidad en estos grupos de edad es particularmente problemático porque se produce “una anticipación de las enfermedades crónicas y una reducción temprana de la expectativa de vida”.

En los últimos años la alimentación tradicional brasileña ha sido sustituida por un mayor consumo de alimentos industrializados ricos en grasa, sal y azúcar, lo que supone una de las principales causas del aumento de peso en el país, según De Melo.

Si bien esta situación es preocupante en el gigante suramericano, no parece ser el único país que la está sufriendo. Una mayoría de los países en desarrollo lidera las listas de incrementos porcentuales de sobrepeso en las últimas décadas.

De Melo indicó que este fenómeno se debe a una “transición nutricional” en estos territorios, donde la población sale de una escasez alimentaria para acceder a una disponibilidad creciente de alimentos industrializados, agradables al paladar, de fácil preparación, ricos en grasa, azúcar y sal.

Carolina Chagas, directora de la Asociación Brasileña de Nutrición (Asbran), apuntó también en la dirección de una transición nutricional como causa del aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles, que suponen un gran problema para estos países.

Solo uno de cada tres adultos en Brasil consume frutas y verduras regularmente y el 14 % sustituye la comida o cena por aperitivos entre horas hasta siete veces a la semana.

Estos son algunos de los indicadores que Chagas subrayó como representativos de la disminución de la calidad de la alimentación.

Elementos como la globalización, la urbanización, la escasez de tiempo para preparación y consumo de alimentos, el aumento de cadenas de comida rápida o la publicidad de alimentos poco saludables en los medios están conformando un ambiente social con tendencia a la obesidad, explicó Chagas.

Lejos de ser una cuestión estética que empañe la imagen de los míticos cuerpos brasileños es un tema crucial para la salud de una sociedad que pierde esperanza de vida a medida que aumenta su peso, ya que, según el Instituto Nacional del Cáncer, el sobrepeso está asociado el desarrollo de enfermedades como diabetes tipo II, una de las grandes dolencias de Brasil.

El exceso de grasa corporal también está estrechamente vinculada con enfermedades coronarias o con la formación de 13 tipo de cánceres, como el de esófago, estómago o intestino, explicó Chagas.

Facilitar la identificación de productos con exceso de azúcar, grasa y sal a través del etiquetado de advertencia o prohibir la publicidad de este tipo alimentos hacia el público infantil son algunas de las medidas más reclamadas para combatir al sobrepeso en Brasil, según los especialistas.

También lo es fomentar la educación alimentaria y nutricional de la población. “No basta con restringir los productos industrializados, pues la gente necesita comer mejor y aumentar su acceso a alimentos naturales”, manifestó de Melo, para quien es fundamental enseñarle a las personas cómo alimentarse bien.

Otra cuestión relevante, a la par que polémica, es la implementación de medidas fiscales que graven la adquisición de productos ultra procesados y que incentiven la compra de productos naturales, propuesta que se enfrenta a las presiones de las poderosas productoras de alimentos del país.

La falta de voluntad política para ejecutar este tipo de políticas y la escasa presión que ejerce la sociedad civil, poco concienciada aún, agravan la compleja situación e impiden revertir el problema “gordo” que tiene Brasil, según los especialistas.

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