Bonanza de los tiempos

Por Victor Elias Aquino lunes 23 de enero, 2017

Cada momento de la historia tiene sus propios riesgos, desafíos y oportunidades en el devenir de la rueca de la vida, y no parece una posición que agrada y hace sonreír a Dios ni a los sabios, expresar que los tiempos pasados fueron ciertamente mejores.

“Nunca digas: ¿Qué es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que éstos? Porque nunca esto preguntaras con sabiduría”, así reza el Eclesiastés, libro de sabiduría.

En el ocaso de la vida, se camina lento, cuando decaen las fuerzas, menguan o se apagan completamente las tiendas y el mercado de los deseos de la vista y de la carne, se surcan caminos y avenidas en el rostro, se estrechan y marchitan la piel y las oportunidades, los hilos de plata aparecen en la cabeza.

Pero es como el principio, el comienzo de los dolores, aunque los signos obvios de una realidad: el envejecimiento; que con la edad los folículos de los seres humanos producen menos melanina y eso provoca las canas. Unos peinan canas, otros las tintan.

Mueren los padres, mueren los hermanos, quedan pocos amigos y puede llegar el día en que te encuentres sólo, triste y terriblemente solito.

Pero todavía hay más, quedan sin efecto los seguros de salud, el dinero no rinde, el nido está vacío, y a veces las personas sólo quieren tener un espacio para los últimos días o un lugar para morir. Es el tiempo de poner en práctica todo lo aprendido en el curso de los vericuetos, caminos y portales que han ofrecido el paso de los tiempos.

Los ancianos no se tratan con dureza, si es preciso aconsejarlos o decirles algo, hay que tratarlos como a padres, y a las ancianas como a madres, como a tías verdaderas

Las antiguas sociedades valoraban y tenían en alta estima a los ancianos ;a los cuales cuidaban y veneraban, sabiendo que eran como bibliotecas ambulantes, y hacían lo posible por preservarlas.

Es como si el tiempo convirtiera en jueces a los ancianos, y se podría decir que salvando las distancias hablan como emitiendo dictados, saboreando cada una de las palabras que pronuncian, son educadores y profesores que rebasan el tiempo y las aulas de clases.

Las antiguas culturas y sociedades modernas avanzadas han reconocido la importancia de los adultos mayores, otorgándoles beneficios especiales en términos de salud, pasatiempos, alimentación y cuidado.

Es triste, pero una nación, un pueblo que no cuida adecuadamente a sus abuelos, que no los respeta en su elevada dignidad, no tiene futuro, y se ha quedado sin el sello indeleble de la memoria.

 

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