Blanco y negro

Por Carlos Martínez Márquez lunes 5 de agosto, 2019

‘’Quien conserva la facultad de ver la belleza no envejece’’. Franz Kafka

La espumosa tina suele esperarme pacientemente, mientras agoto mi ritual acostumbrado de todas las mañanas, hacerme el café y revisar los pormenores de la actualidad. La resaca tras lo ‘’toxico del día anterior’’ se erosiona en la gélida formula natural que brota del grifo. Una vez [al entrar en contacto con el agua] se esparce en mi cara y de pronto el hechizo se apodera de mi endeble estado circunspecto.

La máquina del tiempo me envuelve en su capsula y me transporta sin bagaje, porque no me sería necesario en lo más mínimo – ‘’todo está en mi propia experiencia de haber vivido de sueños y anhelos escrutados en el sentimiento y el arraigo revolucionario que obra en la razón. Navego en alta mar, en la nave que atracara, en aquella esquina del extremo derecho de la Tomas de la Concha y Benito González, que colindaba con la casa que me vio nacer.

Mi olfato, aun sensible al olor del pegamento, que utilizaba Remigio el zapatero- (remendón) como solíamos llamarle- trabajador a tiempo completo y rindiéndole un servicio a la comunidad, aquel personaje ya un tanto menguado por la inclemencia de los años, desprendido de toda energía como quien deja la piel en el calzado, para ir al rescate por lo que más preciamos en la vida, por más nimio que sea.

Cuando miro hacia la casona frontal de la calle, la mata de mango resaltaba por la enorme sombra que brindaba todos los días del año y que la misma sirvió de reposo a  la infantería de los  Estados Unidos, cuando la insurrección de abril de 1965; la ferretería ‘’El gallo que pica’’ en el  otro extremo de la esquina. ¡Cómo olvidar la bodega de Manuel, el Banilejo! Aún sigue allí- en la calle Enriquillo-[justo delante de la Hernando Gorgón], la que nos aproximaba al mercado Modelo.

La fragancia del agua de florida Murray y Laman y la Old Spice que usaba mi padre, ‘’sabia donde la guardaba’’ (mi vanidad por ser un incipiente lechuguino) viene dada por la curiosidad que despertaba los adultos de mi entorno, por el buen vestir y el placer de estar impecable.

El recorrido parecía inédito…el taller de herrería de Panchin, las chispas de las soldaduras, llamaban mi atención y nunca me explique el por qué lagrimeaban y humedecían mis parpados al mirar fijamente los destellos; se hace imposible sin la máscara, poder malear los metales y unirlos. La pulpa de tamarindo y los heladitos caseros, en frasquitos de compotas, eran una trampa vespertina, por lo tanto que me atraían degustarlos.

La vieja casa de la 104, esperaba  mi retorno. Logre ver por última vez, la silueta que dejo la granada del 65, en la pared de la acera [todavía está ahí] como una macula rustica de alto relieve; de aquel evento de insurrectos, heridas quedaron, que con el tiempo se han redimido del dolor de una herencia meramente existencial.

Franz Kafka, de algún modo me enseña e influye en sus relatos de alguna de sus obras, con su ‘’peculiar’’ estilo literario sobre la filosofía artística del existencialismo, cuya corriente me ha servido mostrar en metáforas el manejo de mi ideología política, del misticismo, lo religioso y pesimismo.

Soy de la corriente ‘’Kafkiana’’ donde el espacio por el surrealismo me lleva a donde quiero. ‘’No desperdicio en mi trance’’, las imágenes que simbolizan la fragilidad de mi ser y la compasión al ostracismo de quienes lo padecen. Soy un prisionero de mis recuerdos y del sentimiento.

Vivo en esa burbuja de lo inexplicable y de lo fantástico. Recreo los mejores momentos de mi infancia, a través de símbolos marcados por el pasado- [para bien o para mal]- recurro a esas imágenes que alimentan mi añoranza de infancia feliz, ‘’rindo’’ tributo a todo aquello que fue posible, a lo que no fue necesario, al respeto común, a la valentía de los jóvenes de entonces, por sus  ideales, (hasta los que brillaron por su ausencia), a la humildad, y al desprendimiento y sensatez, a los de en contra y a favor, a los enemigos insensatos, que nos roban la calma y el sentido de pertenencia de nuestra identidad.

 

Por: Carlos Martínez Márquez

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