Belarminio Ramírez: Ley debe servir para que la sociedad recupere a los partidos

Por El Nuevo Diario Martes 18 de Abril, 2017

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. El politólogo y abogado, Belarminio Ramírez, puntualizó que la Ley de Partidos debe servir para que la sociedad recupere a esas organizaciones, ya que en los hechos, las mismas están siendo manejadas por burócratas y grupos de intereses en ignorancia de los valores y principios elementales de la democracia.

Subrayó que en las estructuras de dirección partidaria, a todos los niveles, hay dirigentes que en vez de atraer a las gentes para que se integren a las organizaciones, lo que hacen fruto de su mala imagen, es alejarlas. Esa es una realidad latente que hace que personas con mentalidad sana y prestigio social, no quieran incorporarse a los partidos políticos, y les teman a estas organizaciones como “el diablo a la cruz”, reflexionó el especialista en marketing político y derecho electoral.

Ramírez plantea que la inamovilidad de los dirigentes que ocupan los puestos de dirección partidaria, es uno de los factores que estimula al desinterés de los ciudadanos en hacer carreras políticas.

El politólogo reflexiona que la imagen de los partidos está tan deteriorada, que a los dirigentes que en el futuro tienen el propósito de convertirse en liderazgos nacionales, no les conviene asumir puestos de dirección partidaria.

Ramírez razonó que el futuro se torna fértil para liderazgos que se construyan sus carreras entremezclados con la sociedad, exhibiendo lo menos posible la etiqueta partidaria, y árido para los dirigentes que dedican su vida y sus energías a la agenda interna de los partidos.

El académico ponderó que ante el temor de quemarse y afectar sus proyectos presidenciales, es que los Presidentes y Secretarios Generales de los partidos han optado por el confort, mientras mantienen inamovibles e inoperantes a las estructuras partidarias, conducta que ha desvirtuado a los partidos, ya que estas entidades nacen para ser permanentes motores de cambios políticos, económicos y socioculturales, no para ser entelequias dormidas e indiferentes ante los sueños, esperanzas y expectativas de la población.