Balaguer: silencio y soledad

Por Manuel Hernández Villeta viernes 18 de agosto, 2017
 Se debate de nuevo el  drama de la reelección presidencial. Un tema de muchas aristas, donde se mueven grandes pasiones. La reelección no se puede establecer por decreto, por declaraciones de funcionarios o por un acápite constitucional. Es la decisión de un hombre, y la carencia de fuerzas de una oposición para impedirlo
Una postulación continuista depende de la coyuntura socio-económica en que se encuentre el país para el año 2020. Ni siquiera un año antes de esa fecha se puede decir si el hombre va o no va. Como la república  se encuentre  en el final del 2019 decidirá el tema reelección.
El maestro del continuismo fue el doctor Joaquín Balaguer. Le tocó gobernar por 22 años. Las enfermedades y la edad lo doblegaron. Aunque tenía el deseo de seguir en el Palacio Nacional, ya no le respondían las fuerzas físicas. El pueblo quería un cambio. Para el poder hegemónico de los Estados Unidos era un riesgo que un hombre ciego y próximo a vivir un siglo, estuviera dirigiendo un país.
Las reelecciones del doctor Balaguer respondían a  hechos de fuerza. La voluntad popular era una letra muerta para él. La Constitución la veía como un pedazo de papel. El continuismo depende de la fuerza, el poder y el deseo del gobernante de seguir sentado en la silla. El pueblo siempre es el que tiene la última palabra y puede rechazar ese intento.
Balaguer sembró en el corazón de los políticos dominicanos la idea del continuismo. La herencia del doctor Balaguer fue su escuela política. Todos los que hoy están en los estamentos partidistas  nacionales  hacen fila en torno a los métodos balagueristas. El clientelismo, la demagogia, el dar migajas a los pobres, sustentar el liderazgo en un  anillo particular y en el respaldo de las masas silentes.
Grandes opositores de Balaguer  en el ayer, hoy son sus fieles continuadores y copian totalmente sus métodos. Dan resultados, si tomamos en cuenta que levantando esas ideas, los dos principales partidos que le adversaron llegaron al poder.
Balaguer fue un maestro de su silencio y su soledad. Me tocó cubrir (buscar el hecho noticioso) por años sus caminatas en el Parque Mirador. Lo vi solitario, solo  con sus guardaespaldas, sin seguidores, sin aduladores, para unos sin perspectivas políticas, pero a paso lento se levantó de sus cenizas.
Cubrí el Palacio Nacional  un 30 de diciembre a la una y media  de la madrugada, cuando emitió un decreto dos minutos antes de terminar su jornada de trabajo. Un hombre que su único compañero era el poder. Balaguer imponía sus reelecciones con la compra de opositores, con la demagogia, con el dar funditas a los pobres y golpeando cuando no había otro recurso.
Pero el poder se evapora como termina la vida. El general Douglas Maccartur decía que los grandes generales no mueren, sino que se esfuman. La reelección es el primer capítulo de la escuela política que dejó abierta el doctor Balaguer. Lo único que permite una reelección es tener una coyuntura, unas circunstancias, que sean favorables, y su principal escollo es la fuerza que pueda tener  la oposición. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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