¡Ayer una cosa, hoy otra! ¿Cómo creer?

Por Rolando Fernández martes 23 de abril, 2019

Qué lindo hablan los tecnócratas de la llamada ciencia de los promedios, los gráficos, como de los pronósticos aéreos, cuando están “comiendo con grasa”, como dice el pueblo, y disfrutando de las mieles del poder estatal instaurado. ¡Todo siempre anda de maravilla, cuando eso ocurre!

Muy distintos, claro, se reportan sus pareceres en los tiempos en que se les tiene olvidados; o, que forman parte de alguna de esas organizaciones ciudadanas, aparentemente populares; que se les considera como “amarillas”; y que, como es lógico suponer, sus puertas siempre están abiertas para los concursos sugerentes de rigor en favor de las clase más necesitadas, solo hasta que los poderes regentes procuran cerrarlas, con jugosas ofertas monetarias, o de mando gobernante reciprocatorio, a muchos de sus miembros.

Aunque el flamante ministro actual de Economía, Planificación y Desarrollo, señor Isidoro Santana, alega que, “Baja carga tributaria limita acción del Gobierno”, pinta un panorama económico bastante halagador en el país, soportado en una proyección de crecimiento económico equivalente a un 5.5% del PIB para el presente año que discurre; y que, con relación a igual período anterior, el mismo terminó con un 7%, en ese mismo orden. ¿Era tan él optimista, anteriormente, sería la pregunta obvia? (Periódico “HOY”, del 18-4-19, página1D).

Claro, según su opinión actual, desde la “suculenta” posición que ese señor hoy ostenta, todo debe girar en torno al contexto de lo impositivo; que el burro de carga – el pueblo indefenso -, siga soportando sobre lomo mayores gravámenes tributarios, en pos de los “molongos” requeridos para las inversiones de infraestructura; las dilapidaciones de estilo, que nunca faltan, y demás costos necesarios.

Evidentemente, ya no se puede estar haciendo referencia a una más equitativa reorientación del gasto público; al diseño de un pertinente programa de austeridad estatal; al recorte de las erogaciones destinadas a la política – se está no un año pre-electoral -; y, muchos menos, al combate frontal a la corrupción innegable que se verifica; ni, al “botellerío” en la nómina gubernamental

Como aval complementario a sus aseveraciones públicas, “muy hermosas”, por cierto, respecto de la economía a nivel nacional, también destacó el señalado funcionario, la tendencia de un crecimiento económico sostenido en la nación, como una de las excepciones en América Latina, lo cual denota que todo se está haciendo muy bien aquí en tal sentido. ¡Eso es algo que, de seguro, ni él mismo lo cree! Pero, el cargo obliga.

Argumentó, además; baja inflación, y estabilidad cambiaria, como del sistema financiero. ¿Dónde estará pasando realmente eso, no será en Dominicana?  En adición, un crecimiento económico, qué solo es observable a nivel de los poderosos, como de los políticos que está “subidos en el palo” localmente; que en ningún momento trasciende hacia la sociedad en general.

Tal ocurrencia, debido a que, o los parámetros que se utilizan para tal fin muy poco en verdad aportan en ese orden; o, todo constituye un “elefante blanco” para embaucar a la población; mantenerla roncando, sin que se percate de su triste realidad, en términos de las precariedades y carencias más que notorias, como del endeudamiento externo asfixiante que pende sobre la cabeza de todos los dominicanos, sin facilidades futuras de pago que se adviertan.

La verdad es que, ante los señalamientos de ese “magnate”, bien asalariado, todo luce indicar que él debe considerarse pertenecer al selecto grupo de hombres que solo ellos “conceptualizan” en el país; que nadie más está en capacidad de hacerlo; como,  tampoco de reparar, y evaluar, con relación a las evidencias persuasivas, tan a la vista que se tienen, y que ponen muy en tela juicio sus pronunciamientos, hoy parcializados, no cabe duda, desde el ámbito oficial, claro está.

Además, que la posición presente del economista de que se trata, podría asociarse con el contenido del refrán aquel que reza: “Una cosa es con guitarra, y otra con violín”. ¡Qué bien!

 

Autor: Rolando Fernández

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