Autoridades  y Gremio Médico Hunden la Salud Pública

Por Francisco Rafael Guzmán miércoles 25 de octubre, 2017

 

Ya en nuestro país, la salud pública como sistema de servicios públicos gratuitos a la población de escasos recursos, es decir como todo ordenado para tal fin, hace tiempo dejó de existir. Digo esto por el hecho de que hoy día se cobran caros la mayoría de los servicios que sirven los hospitales administrados por las autoridades de Salud Pública. En los hospitales donde acuden los pobres son muy escasos los servicios gratuitos que ofrecen, muchas gentes tiene que cubrir gran parte de coste de los servicios, tal vez con la excepción de las parturientas en los hospitales para tal fin y los accidentados cuando sus casos deben ser atendidos como emergencia.

Anteriormente,  cuando cualquier joven o adulto tenía algún problema clínico que necesitara de la intervención de un médico para el diagnóstico y la terapéutica, podía acudir a atenderse a un hospital de salud pública porque podía curarse gratuitamente en un centro de esos sin que perteneciera necesariamente a las familias más pobres. Los hospitales, cuando quien escribe era un niño o un adolescente, tenían suficientes camas para internar a los pacientes si era necesario y estaban avituallados de medicinas, vacunas, anestesias, jeringas, pinzas, gazas, yeso, guantes y mascarillas para los médicos. Eso ya no existe o se da con muy poca frecuencia. Hace poco tiempo escuchaba por Z-101 al Dr. Frank Palacios decir que en los hospitales no había camas para internamientos.

Hace ya muchos años el Hospital Robert y otros hospitales públicos publicaban espacios pagados donde informaban sobre las consultas generales, los servicios especializados que ofrecían y el número de camas que tenían disponible. Hoy no lo hacen porque su servicio de salud pública es tan precario y la falta de insumos es notoria en tales centros. ¿A partir de cuándo se produjo el cambio en los hospitales del Estado dominicano? ¿Cuándo esos centros de salud dejan de ofrecer tan importantes servicios con calidad como la ofrecían en tiempo de la dictadura de Trujillo, en el período de Los Doce Años de Balaguer y de Antonio Guzmán?

Parece ser que el Dr. Salvador Jorge Blanco estaba muy consciente de que el Fondo Monetario Internacional venía con la receta de reducir los gastos públicos en general y en particular el gasto social del gobierno, receta que debía aplicarla -junto a la transferencia del mercado del dólar a un mercado privado creado para tal fin y  la liberalización de los precios- su gobierno  después de negociar la deuda con el FMI y recibir un dinerito de  este, para poder pagarle intereses vencidos a los bancos extranjeros. Es así como el gobierno de Jorge Blanco toma la decisión de intervenir algunos hospitales y centros médicos privados, y uno de ellos los pasa a las Fuerzas Armadas (el Policlínico Naco), otro (el Centro Médico Nacional) pasa una universidad privada (a la UCE), ambos privados pero con problemas de solvencia. Jorge Blanco sabía que a las Fuerzas Armadas tenía que protegerla y el Fondo Monetario Internacional no podía oponerse a un hospital bueno para los militares y una universidad privada administrando hospital asegura que no haya tanto gasto social en la salud pública. El viejo Hospital Marión fue entregado a la UASD, más que nada para aulas y no para que funcione como un hospital público. Todo eso comenzó antes de Jorge Blanco aplicar las medidas acordadas con el Fondo, lo cual se hizo aproximadamente a partir del 23 de abril de 1984 y trajo como consecuencia una poblada en que murieron más de 100 dominicanos que no querían dejarse morir como consecuencia del hambre que trajo la aplicación de  tales medidas.

Pero hay algo más que decir, en cuanto a la salud pública, en la antesala de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Las monjas que durante mucho tiempo sirvieron como trabajadoras sociales o enfermeras en los hospitales públicos, que tan eficientes labores hacían en dichos centros de salud, fueron sacadas de ellos. Esa fue una medida del Dr. Salvador Jorge Blanco, en sus atribuciones de Presidente de la República. Es decir, si hoy estamos huérfanos de un Sistema Nacional de Salud Públicas se lo debemos a la continuidad de ese modelo neoliberal, vigente desde el gobierno del finado presidente perredeista del período 1982-1986. A ese modelo le debemos, hoy coronado además con la diadema de los acuerdos de libre comercio, toda la quiebra del aparato productivo industrial, ya que hoy día los caramelitos (léase mentas) que antes fabricábamos hoy son importados desde Centroamérica.

Pero no sólo el funcionariado del Estado (no merece que se le llame clase política) de todos los gobiernos desde los años 80 para acá es la única responsable de la tendencia caótica de la salud pública, también el Colegio Médico es responsable de esta situación. Aldo Ariel Suero y los demás sindicalistas propiciadores de los paros médicos totales dan pábulo al deterioro de la salud pública.

Aldo Suero ha cultivado un sólido liderazgo en el Colegio Médico Dominicano, anteriormente llamado Asociación Médica Dominicana, lo que le ha permitido una gran capacidad de convocatoria en  los llamados a paros que ha hecho en su rol de presidente de dicho colegio. A algunos médicos que han perdido la vocación de servicio, algunos de los cuales desearían ejercer la medicina privada, impelidos por el maltrato de que les ha dado el Estado dominicano a los galenos. Naturalmente, hay médicos y médicos, todos no son iguales y algunos se resisten a abandonar el juro médico y no dejan que un paciente muera porque no tiene para pagar la consulta y no puede pagar los servicios, ya sea porque va a un médico privado y el seguro no le cubre mucho o no le da ni ninguna cobertura, o bien, hay médicos que quieren evitar paralizar emergencias en momentos de paros. Pero ese tipo de médico no parece ser Aldo Ariel Suero y ni sus acólitos que le siguen y están de acuerdo con los extemporáneos, sordos e infaustos llamados a paros, aunque él y ellos se hayan graduados en la UASD (universidad forjadora de médicos con un vasta conciencia social), porque es tipo de médicos se han dejado arrastrar por la insensibilidad social del Estado dominicano que hasta ahora también se hace sordo al reclamo de los médicos al atender al interés privado  y el afán de lucro de quienes quieren que no haya salud pública sino medicina privada. Ambas partes están estigmatizada por la impronta de la intransigencia.

Los médicos dominicanos deben seguir el ejemplo del Dr. Rafael Cantizano Arias, del Dr. Manuel Antonio Tejada Florentino, del Dr. Bernardo Defilló, del Dr. Angel Concepción Lajara y la Dra. Evangelina Rodríguez (primera mujer médico). No deben sólo pensar en el lucro y la medicina privada.

El Estado dominicano debe dar un mejor trato a los médicos que sirven en los hospitales públicos. Un médico que trabaje seis u ocho horas diarias, todos los días, debe recibir un sueldo superior a los 100,000 peros netos en el mes, de acuerdo a sus necesidades y al proceso inflacionario hoy día. Presidente Medina ponga oído acústico al reclamo de los médicos y no sea inflexible.

 

 

 

 

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