Aunque no nos escuche, estamos trabajando con usted

Por Kimberly Taveras

Hola de nuevo, he estado un poco ausente estos días. Mi cuerpo ha sufrido algunas modificaciones, fruto de interacciones químicas y físicas con mi esposo. En otras palabras, estoy embarazada, pero ya les hablaré sobre eso en otra oportunidad. Hoy permítanme que les hable de las razones por la que quise estudiar química, uno de mis grandes amores y logros.

Primero, siempre me ha llamado la atención el descubrir qué hay detrás de las cosas que parecen simples. Pensemos en estas dos palabras juntas: «ingeniería» y «química», me parecían el vuelo directo hacia el entendimiento de cómo funcionaban las cosas en el mundo. La química me parecía tan maravillosamente extraña, o sea, todos advertimos lo sorprendente que resulta para el ojo humano ver actuar la magia de la química en todo su esplendor, por ejemplo, al utilizar un detergente y ver como los gérmenes y el sucio «desaparecen».

Pero otras de las maravillas de la química, y que no se ven a simple vista, son las miles de reacciones que tienen lugar en el organismo y que en su conjunto reciben en nombre de «metabolismo», basado en la transformación de la energía potencial a energíaa cinética. Mientras que la energía química es la que existe en las reacciones que se dan entre los diferentes elementos que componen la tabla periódica. En nuestro cuerpo existen principalmente 4: oxígeno, 65 %; hidrogeno, nitrógeno y carbono. Por ejemplo, cuando ingerimos azúcar o glucosa, rápidamente se convierten en importantes fuentes de energía, debido a la gran cantidad de energía que se libera en el proceso, para ser usadas en otras reacciones que no liberan energía.

Pero la cosa no queda ahí: en el organismo existen glándulas que segregan y liberan sustancias de vital importancia porque sirven al funcionamiento de los diferentes sistemas que intervienen en la vida humana. Las glándulas se subdividen en dos grupos principales: exocrinas y endocrinas. Las primeras vierten su propia secreción, por medio de un conducto, al exterior del cuerpo o en una cavidad del mismo que comunica con el exterior.

Las llamadas endocrinas vierten su secreción directamente en la sangre, para su recorrido por todo el cuerpo humano. Entre las glándulas exocrinas se destacan el hígado, que segrega la bilis; el páncreas, que segrega varios jugos digestivos; las glándulas de las paredes del estómago; y las glándulas salivales, sudoríparas, lagrimales y sebáceas.

Por ejemplo, cuando estamos realizando algún deporte o reaccionamos a una pelea, las glándulas suprarrenales bombean la hormona adrenalina (epinefrina), para acelerar nuestra reacción. Cuando llega la hora de descansar en las noches, el cerebro ordena a la glándula pineal producir la hormona melatonina para provocar el sueño.

Si sentimos libido, sed o hambre, es debido al hipotálamo, el cual, incluso, regula el aumento de la temperatura corporal, provocando, si nos enfrentamos a temperaturas altas, que las glándulas sudoríparas produzcan el sudor sobre la piel. Todo esto, con el objetivo de disminuir la temperatura del cuerpo y, de paso, en el proceso también se liberan sales importantes del cuerpo. También tenemos las glándulas lagrimales, que mantiene húmedo el ojo y, además, que nos permiten expresar sentimientos diversos al verter lágrimas.

En cuanto a las famosas hormonas, son moléculas mensajeras químicas que viajan por el torrente sanguíneo, cuyo objetivo es llegar a los órganos o músculos. Las hormonas reaccionan a lo que pasa a nuestro alrededor e interior de acuerdo a las órdenes del cerebro, que es el que emisor del mensaje. Cada hormona de las aproximadamente 65 que producimos desarrollan diferentes tareas, por ejemplo, al comer, el páncreas produce la hormona insulina para ayudar a regular el azúcar en la sangre.

Quién no ha escuchado alguna vez en su vida, la frase: «esos dos “tienen química”, el amor reina entre ellos». Pues les cuento que es falso. Sin ganas de apagarle las luces, definitivamente, las emociones y reacciones humanas, lejos de tener origen en el corazón, como poéticamente nos han dicho, se originan en el cerebro, primordialmente un juego en equipo entre el sistema límbico, el hipotálamo y el hipocampo. Veamos a continuación:

El sistema linfático interacciona tanto con el sistema endocrino como con el sistema nervioso periférico, que al contrario del sistema servicio central, carece de protección ósea. La función del sistema límbico en esta cadena es comunicar el sistema nervioso central con los órganos y extremidades, usando para esto a los nervios y ganglios nerviosos. Esto nos permite abrazar, acariciar y otras tantas cosas.

El sistema límbico también está relacionado con la memoria y el aprendizaje, justo de esa forma podemos dar a nuestro s recuerdos una memoria emocional que nos permite reaccionar mejor a los peligros y tomar una conducta sobre situaciones del pasado. Es decir, nos permite extrañar, recordar con cariño una situación o persona.

Por encima del sistema límbico está el neocortez, que es justo lo que nos diferencia de los demás animales, pues nos permite entender el lenguaje, símbolos, cultura y, sobre todo tener sentimientos, y con ello viene lo más importante: darle sentido a nuestra vida.

Respuesta emocional vía tálamo-neocortex: el cerebro recibe información en el tálamo, que la envía al neocortex, y este analiza la información para producir una respuesta adecuada y luego envía el mensaje al sistema límbico, que a su vez activa el sistema hormonal a través del hipotálamo-hipofisaria.

Respuesta emocional vía tálamo-amígdala: el cerebro recibe la información en el tálamo, que la envía al sistema hormonal directamente, lo que significa una respuesta más rápida, pero también mas impulsiva.

¿Pueden ver la belleza de la química? Saber de todo eso me inspiró a estudiarla, pero descubrirlo me enamoró de ella. Era como descubrir que la famosa frase utilizada por el sistema de servicio al cliente también se daba al interior de nuestro cuerpo: «Aunque no nos escuche, estamos trabajando con usted.

Por Kimberly Taveras

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