Asistencia social

Por Manuel Hernández Villeta viernes 26 de marzo, 2021

A Pleno  Sol

En la vida dominicana, los subsidios y la ayuda social ha sido un lastre necesario de la economía pública. No hay forma de abandonar a los más pobres, que pueden comer gracias a la mano oficial.

Pero es una política que tiene que ser revisada de acuerdo con las necesidades nacionales. Esa ayuda muchas veces se desperdicia o no llega a las manos que más las necesitan. En otras ocasiones, el fervor político hace que se favorezca a una familia determinada.

Son lastres que con un poco de buena intención se pueden evitar. Lo trascendental es que la sociedad luce aprisionada por las ayudas y los subsidios, y en medio de la pandemia, hasta niveles inferiores de la llamada clase media tienen que buscar la ayuda.

La asistencia social siempre tiene una gran carga de clientelismo partidario. Mediante la dadiva se buscan adherencias y favores en el litoral del activismo. De ahí que en muchas ocasiones se ha pedido que la muleta social  sea abandonada.

Para ser  realista, es imposible que en la República Dominicana un gobierno pueda abandonar la entrega de comida a los más necesitados, y hasta facilitarles viviendas, para poder desalojarlos de zonas vulnerables. Son las heridas purulentas de un subdesarrollo eterno.

La pobreza no es asunto literal, ni fantasía de la mente de un novelista. Nuestra miseria está ligada a la mala distribución de las riquezas, y que haya una brecha que se ensanche entre ricos y pobres. Se hace imposible, en una tierra sin oportunidades, las posibilidades de conseguir dinero para comer todos los días.

Pero no todo es el pan, también está la salud, la educación y servicios esenciales. La política hospitalaria tiene que ser subvencionada totalmente por el gobierno. Solo contando con los hospitales públicos los más necesitados pueden tener asistencia sanitaria.

De ahí que hay que hacer revisiones constantes de la línea de ir  privatizando a los hospitales públicos con la entrega de seguros contributivos. Siempre la asistencia en esos hospicios debe ser gratis. Con la escuela es lo mismo. La educación básica tiene que ser una responsabilidad del Estado.

Por donde quiera que usted lo busque el Estado en países sub-desarrollados, como la República Dominicana, es el responsable de vigilar por la subsistencia de los que nada tienen. Hay que seguir manteniendo las ayudas sociales, porque es la única forma de poder seguir subsistiendo de los grupos excluidos.

Las explosiones sociales devienen cuando  una mayoría inmersa en la miseria encuentra que todos los caminos están cerrados, de ahí que la asistencia es una forma de quitar fuego a la dinamita. Con una economía postrada y moribunda  vamos a ver hasta donde el gobierno puede seguir auxiliando a los pobres. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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