Así no se puede concienciar a una población para que bien proceda

Por Rolando Fernández viernes 21 de julio, 2017

La Ley General de Electricidad 125-01, solo aplica hacia abajo, al igual que otras normativas legales en Dominicana. Para los dueños del negocio eléctrico nacional, empresarios y políticos no rige la misma. Es un elefante blanco más, para embaucar y no observar. Los pendejos usuarios del obligado servicio, jamás se benefician de las estipulaciones concernientes a ellos que se incluyen en esa.

Los amos del lucrativo comercio solo hablan de “indexar” facturación, supuestas pérdidas operativas, aumentos necesarios en los precios de oferta, que no se quieren; como, de mayores prerrogativas para ellos. Y, todo con el apoyo y beneplácito de la Superintendencia de Electricidad, institución que más parece un organismo adscrito a las famosas distribuidoras, que la entidad de regulación propiamente que debe ser.

En el tenor de lo que se trata, según una información que aparece publicada en una de las páginas interiores del periódico “Listín Diario”, claro, cuando debería ser en primera plana, edición de fecha 18-7-17, suministrada por la Fundación por los Derechos del Consumidor /Fundecom), entidad que en realidad no sabe para qué diablo existe, las “altruistas distribuidoras de electricidad locales (EDES), adeudan a los usuarios del servicio la friolera de RD$164,600 millones, por las horas de apagones que les han dado, desde enero del 2003 al 30 de junio del 2017, a pesar de la compensación que por tal motivo manda la Ley General de Elecricidad125-01.

Sin embargo, sobre tal violación flagrante a la precitada normativa legal vigente, ¡nadie competente dice nada! Sí que se habla del famoso Pacto Eléctrico, que debería llamársele “Parto”, por los propósitos que con el mismo se persiguen, entre ellos, mayores ventajas para los turpenes dueños del servicio, como el aumento obligado según ellos, de la tarifa eléctrica. Se entiende como una acción más para complementar el “robo” de la embaucadora capitalización del servicio eléctrico nacional, puesto otrora en manos del sector privado.

Un dato muy digno de destacar, al que también la referida Fundación hace mención en su denuncia es que, las distribuidoras tampoco tienen ese pasivo inscrito en su contabilidad, y mucho menos aparece publicado en sus estados financieros, ni siquiera como contingente, lo cual hace inferir que no se tiene la intención mínima de honrarlo. ¡Qué es lo que se les va a pagar a esos pendejos!, es lo que dirán.

Claro, esa es una situación que también hace a dichas entidades mejores sujetos de crédito, toda vez que no se verifica posible afectación alguna con respecto a sus activos. Disponen en falso de mayor solvencia económica.

Muy procedente se torna entonces la recomendación de dicha Fundación, en el sentido de que, tanto la Cámara de Cuentas de la República, como la Contraloría General, deben tomar carta en ese asunto para los fines correspondientes.

Igual debe reparar sobre lo denunciado, como también se dice, el Instituto de Contadores del país, cuando sus miembros lleven a efecto labores de auditoria en esas empresas. O, cualquier firma extranjera que se contrate para iguales propósitos.

Solo en este país se pueden ver desenfados, complicidades políticas, y falta de respeto hacia una población, usuaria de un servicio imprescindible, y que se pretende concienciar para que honre de manera oportuna el pago por el mismo.  ¡Qué poco estimulo hay! Cuánto aparecerán los hombres defensores de la gente aquí, que desde hace ya gran tiempo viene requiriendo esta nación.

Preciso es destacar que, actualmente los apagones no dan tregua a la población, con la fuerte ola de calor que azota al país. Sin luz, mayores facturaciones, y nada de compensar por las interrupciones en el servicio. ¡Qué paciencia tiene este pueblo! “Los apagones trastornan la vida en sectores de la capital” (Listín Diario). ¡Gran titular deprimente y vergonzante!

Hasta cuándo aguantará la gente aquí, sin que haya un desbordamiento social agresivo, en contra de los que deben cumplir y no lo hacen. ¡Ojo al Cristo!

 

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